Los otros olímpicos

ALICE MILLIAT: LA GRAN IMPULSORA DE LA PARTICIPACIÓN DE LA MUJER EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS

Nunca lo sabremos a ciencia cierta, pero es muy posible que grandes campeonas olímpicas como Fanny Blankers-Koen, Babe Didrickson, Gertrude Ederle o Sonja Henie le deban sus éxitos (más que sus éxitos, sus participaciones) olímpicos a una francesa nacida en 1884 que respondía al nombre de Alice Milliat. Ella fue no solo la gran defensora del deporte femenino, sino la causante de la introducción de la mujer en los Juegos Olímpicos…muy a pesar del propio Pierre de Coubertin, contrario a ello. Para el creador de los Juegos les bastaba a las mujeres con practicar deporte pero, eso sí, nunca a la vista de los hombres. Alice Milliat se empeñó -y logró- en hacerle cambiar de opinión. O, si no la cambió, sí lo hizo de actitud.

A Milliat siempre le gustó practicar deportes: natación, hockey, gimnasia, ciclismo, automovilismo, tenis, fútbol y, sobre todo, remo, donde destacó especialmente. Acompañaba en este deporte a su esposo, que participaba en competiciones de remo. Viajó por distintos países, lo que le proporcionó conocimientos de distintos idiomas, hasta el punto de convertirse en traductora. Dichos conocimientos le servirían posteriormente para moverse por todo el mundo creando competiciones internacionales, así como para crearse una serie de contactos por diversos países. Era, en definitiva, una apasionada del deporte que no se quedó en mera espectadora o practicante, sino que proactivamente luchó por la integración de la mujer en ese mundo que tanto amaba.

Hacía pocos años que se habían creado los Juegos Olímpicos, pero en los primeros se prohibió la participación de la mujer. En la siguiente edición, la de 1900 en París, las mujeres sólo podían tomar parte en dos deportes: el tenis y el golf. El atletismo, una de las mayores pasiones de Milliat, quedaba al margen. Ahí es cuando entra en acción esta francesa nacida en Nantes. Ya en 1915 funda el Club Fémina Sport en París para promover el deporte entre mujeres, con tanto éxito que causa la creación de otros clubes de esta índole hasta el punto de fundar Milliat en 1917 la Federación Francesa de Clubes femeninos. Tienen que pasar unos años hasta que en 1919 la propia Milliat solicite a la Federación Internacional de Atletismo la inclusión de la mujer en los Juegos que iban a celebrarse en 1924, pero su petición fue rechazada. Dos años más tarde Milliat decide fundar La Federación Internacional de Deporte Femenino y, ni corta ni perezosa, monta unos Juegos Olímpicos Femeninos paralelos que incluirían todos los deportes. La primera edición tuvo lugar ese mismo año, en Montecarlo, en medio de dificultades. Un año más tarde, nueva cita, esta vez en París. Estas competiciones contaron con la nada desdeñable cifra de 20.000 espectadores en las gradas.

Llega el segundo obstáculo: el éxito de las pruebas enfada a Pierre de Coubertin. Quiere acabar con ellas y se escuda en el uso “indebido” del término “olímpico”. Milliat no se achanta y sigue con las competiciones, sustituyendo el término “olímpico” por “mundial”. Los primeros Juegos Mundiales Femeninos, con esta nueva denominación, tendrían lugar en Gotemburgo, Suecia, en 1926. También Coubertin se ve presionado y decide dar en parte su brazo a torcer, añadiendo diez pruebas femeninas al calendario de los Juegos Olímpicos. El empuje de Milliat iba dando sus frutos y las mujeres iban abriéndose paso. Gracias a la presión ejercida por la institución creada por ella por fin el atletismo femenino entró a formar parte de los Juegos -en la edición de 1928- pero únicamente en cinco pruebas, frente a las 22 en las que podían participar los hombres. La lucha debía, pues, continuar. Sin ir más lejos, la selección femenina británica boicoteó esos Juegos.

Los Juegos Mundiales de Mujeres seguían celebrándose, hasta que a mediados de los años 30 Alice Milliat lanzó un ultimátum: o se integraba completamente a la mujer en los Juegos Olímpicos de 1936 o dependería de la federación constituida por ella todo el deporte femenino. Los hombres cedieron. Desde entonces se fue cerrando una brecha que aún sigue algo abierta, ya que la participación femenina no llega al 100% de igualdad respecto a la femenina, aunque los avances recientes -sobre todo a raíz de la aplicación de la Agenda 2020, deudora de la lucha de Alice Milliat- han casi cerrado esa brecha.

Se considera que el activismo de esta aguerrida luchadora de la participación femenina fue responsable directo del desarrollo en su país, Francia, de deportes como el baloncesto, atletismo y fútbol femeninos. Un periódico parisino llegó a comparar su labor a la del mismísimo creador de los Juegos Olímpicos, Pierre de Coubertin. Alice Milliat creía que el deporte desarrollaba la personalidad y daba confianza a las jóvenes. Impetuosa, valiente, visionaria, decidida, con pasta de líder, con gran personalidad, sólo un carácter como el suyo pudo conseguir los avances para la mujer en el deporte y en los Juegos Olímpicos en particular, hasta conformar la realidad quasi igualitaria -al menos en participación- de la que disfrutamos ahora.

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