Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 107: LA FINAL MÁS ÉPICA DEL SIGLO XXI DEL WATERPOLO EN ATENAS 2004

De la final olímpica masculina de waterpolo correspondiente a los Juegos de Atenas 2004 se dice que quizás fue la más épica de la historia, aunque nos tememos que ese título corresponde a la de Barcelona 92. Es posible que lo sea de las jugadas en el siglo XXI, eso sí. En cualquier caso, es digna de ser recordada, pues además de enfrentar a las dos potencias más en forma de ese momento -Hungría y Serbia&Montenegro- fue emocionante hasta el último segundo.

Hungría llegaba a la capital helena con la vitola de ser campeona del mundo, además de vigente campeona olímpica. Serbia y Montenegro, actualmente dos potentes selecciones, por entonces aún competían unidas. Llegaban como campeones de Europa, detalle no baladí. Por citar algunos de los nombres que iban a participar en esa gran final diremos los de Tamas Varga, Tibor Benedek y Gergely Kiss por los magiares y Dejan Savić, Vladimir Gojković y Vladimir Vujasinović por los balcánicos.

Lo curioso es que ambas selecciones se enfrentaron en su mismo grupo en la fase de grupos y en el partido que jugaron casi que se produjo el mismo recorrido que días más tarde ocurriría en la final: empieza marcando Serbia y Montenegro, son superados por los húngaros, nivelan los exyugoslavos, se adelantan pero son superados finalmente por Hungría.

Sin entrar en los pormenores de todos sus partidos olímpicos decir que a los balcánicos les tocó silenciar a los espectadores locales en las semifinales que les enfrentaron a Grecia con un claro 7-3, mientras los húngaros batían a los rusos con un marcador más estrecho de 7-5.

Entremos en la final, ante 11.000 espectadores del Centro Acuático Olímpico de la capital griega. Ante la cercanía de sus países, a ambas selecciones les apoyaba un buen número de seguidores de sus respectivas naciones llegados a Atenas. Serbia y Montenegro tuvieron un comienzo fulgurante con tres goles seguidos, pero a breves segundos del final del primer cuarto Hungría se acerca peligrosamente, primero marcando Gergely Kiss un gol y luego transformando un penalti pitado cuando faltaba apenas un segundo para el final de ese cuarto. Lo peor que le pudo ocurrir al combinado de Serbia y Montenegro fue que en el segundo cuarto los primeros en marcar fueran los húngaros, igualando de esta manera el marcado. Todo ese cuarto fue un toma y daca donde tan pronto marcaba un equipo como era respondido por su rival para acabar de la forma más igualada posible (5-5) al llegar a la mitad del encuentro.

Tibor Benedek. Foto de Laszlo Balogh

Tras el descanso más largo Serbia y Montenegro vuelven a las andadas del primer cuarto, consiguiendo dos goles tempraneros de seguido. El resultado parcial marcaba un 7-5 a favor de ellos, pero nadie entonces podía suponer que los balcánicos ya no iban a marcar más. Trece minutos por delante en los que no lograrían traspasar la portería contraria. Aun así, parecía que controlaba el partido, teniendo incluso varias oportunidades para ampliar su ventaja, aunque sin conseguirlo.

Estamos ya en el último cuarto, es más, quedan sólo cinco minutos para el final del encuentro cuando Tamas Kasas acerca a Hungría marcando el sexto gol y es el propio Kasas el que logra el empate tras trasformar un penalti poco después. Quedan dos minutos y medio y Hungría logra una expulsión contraria que acaba con una jugada maestra que finaliza en gol, el que pone a su país en ventaja de uno.

Faltan quince segundos y Serbia y Montenegro tiene un último ataque con un hombre de más. Sapić está en posición perfecta para marcar pero entonces sucede algo extraño: se para justo cuando iba a realizar un lanzamiento porque oye un silbato y se gira hacia uno de los árbitros, que le dice que ninguno de ellos ha silbado. Había sido alguien del público, intentando confundir. En esas, el juego sigue pero ya han pasado más segundos y Sapić se encuentra en una peor posición para lanzar. Queda sólo un segundo. Lanza pero…el portero Zoltan Szecsi para el balón lanzándolo a córner impidiendo, de esta forma, un posible empate.

Años más tarde Gergely Kiss escribió un libro en el que contaba que el seleccionador Denes Kemeny les dijo, con toda tranquilidad, después del tercer cuarto (recordemos que iban por debajo en el marcador) que “tenían tiempo para marcar tres goles”, que simplemente tenían que no dejarse marcar ninguno.

Pese a que posiblemente Serbia y Montenegro contaba con mejores individualidades Hungría demostró ser mejor equipo…o tal vez fue la suerte de ganar cuando sólo se pusieron por primera vez en ventaja faltando apenas 137 segundos para acabar el partido. Final memorable.

Foto de Laszlo Balogh

 

 

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