Heroínas olímpicas

MARGUERITE BROQUEDIS: LA OLVIDADA PRIMERA CAMPEONA OLÍMPICA FRANCESA

Olvidada por la propia federación de su país pese a haber sido la primera deportista campeona olímpica del mismo (país que es ni más ni menos que una de las potencias mundiales: Francia), hay que hacer justicia a Marguerite Broquedis, tenista doble medallista en los Juegos Olímpicos de Estocolmo desarrollados en 1912.

Nuestra protagonista estaba marcada por el tenis. Su padre era profesor de este deporte, además de fabricante de raquetas. Cuando se mudaron a París los Broquedis adquirieron unas canchas de tenis para que toda la familia pudiera practicar el deporte de la raqueta, no solo Marguerite, sino también sus hermanos Louis y Eugène, que se convirtieron en profesores de este deporte. Por entonces el tenis era una especialidad marcadamente burguesa a la que no accedían fácilmente las mujeres.

Reconocido por su rechazo al deporte practicado por mujeres, el propio Pierre de Coubertin tuvo que cambiar su postura al ver jugar a Marguerite y, de esta manera, apoya la participación de las mujeres en los Juegos Olímpicos, aunque de una forma muy reducida. Tan reducida, que Marguerite fue la única componente femenina de la expedición gala para los Juegos de 1912, la única de entre 110 hombres. Pero fue ella la que brilló especialmente en la delegación gala. Todo ese grupo de hombres, que superaba el centenar, sólo conseguiría diez medallas en total, mientras que ella sola lograría dos: el oro en singles y el bronce en dobles mixtos. Su victoria olímpica pesó para reivindicar la incorporación de la mujer al deporte de alto nivel. Al fin y al cabo ella entrenaba como los hombres.

Su victoria individual en los Juegos de Estocolmo, sin embargo, tiene un pero. Llámenlo astucia, ser más lista o acudir al borde de lo legal. El caso es que ganó el partido de la final -frente a la alemana Dora Köring- tras provocar una pausa para cambiarse los zapatos. A su vuelta su rival perdió completamente el ritmo, lo que la llevó a perder el partido.

A Broquedis la llamaban “la Invencible” y, más comúnmente, “la Diosa”. En parte por la imagen que presentaba que resultó otro avance para las mujeres. Nos explicamos: para jugar con mayor comodidad Broquedis no dudó en adoptar los siguientes (radicales por entonces) cambios: despojarse del corsé; usar falda-pantalón y cortarse el pelo. Toda una “rebelde” para su época.

Sus triunfos no se limitaron a los cosechados en la edición olímpica de Estocolmo, sino que brilló y triunfó en los campeonatos nacionales de Francia (muy concurridos por aquel entonces y con fuerte competencia), en pruebas de Grand Slam y por tener el honor de haber sido la primera persona que derrotó a la leyenda del tenis Suzanne Lenglen. Cierto, es verdad que Lenglen contaba entonces tan solo quince años, pero ya despuntaba. En su carrera sólo tuvo otra derrota más, años más tarde, y fue porque se tuvo que retirar de un partido por enfermedad.

Broquedis volvió a ser olímpica en la edición de 1924, pero no ganaría ninguna medalla en aquella ocasión. Marguerite dejó de ser lo que era debido a lo acontecido en la Primera Guerra Mundial, ya que en ella fallecieron uno de sus hermanos y dos primos hermanos, además de resultar gravemente herido su otro hermano. Pese a que pudo ganar algunos títulos más, ya con el nombre de casada de Marguerite Billout y de su segundo marido Marguerite Bordes (se había quedado viuda del primero), ese periodo coincidió con el de mayor esplendor de Suzanne Lenglen.

Marguerite Broquedis, primera campeona olímpica francesa, murió nonagenaria olvidada por todos.

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