Entrevistas

YOLANDA SOLER: “EN ATLANTA 96 IBA A POR LA MEDALLA”

Yolanda Soler es una de esas pioneras del deporte femenino español que se colgó al cuello una medalla olímpica cuando éstas escaseaban aún en el palmarés de su país, más aún entre las mujeres. Siguió la estela de la que fue su maestra, Miriam Blasco, a la postre primera medalla de oro femenina en Juegos Olímpicos para España. Compartió tatami olímpico con ella en Barcelona 92, primera experiencia olímpica de una por entonces muy joven Yolanda quien vivió, no obstante LA experiencia de su vida, según contó a Historias de los Juegos: “Siempre digo que, medalla aparte, Barcelona 92 ha sido lo mejor que he vivido en mi carrera deportiva. Me siento realmente afortunada por haber estado allí por cómo fueron los Juegos, porque supusieron de verdad un antes ni un después de los Juegos Olímpicos…Es verdad que yo allí era muy joven, tenía 21 años y en mi deporte con 21 años, siendo española -no de otros países- es un mérito muy grande estar en unos Juegos Olímpicos. Rocé la medalla y me dije “Yo quiero subirme al pódium”. A partir de ahí hice un cambio a mucho más profesional en la forma de entrenar y en Atlanta llegó la medalla. Insisto, para mí fue un verdadero lujo estar en Barcelona. Desde el momento en que nos enteramos que íbamos a esos Juegos hasta el día del desfile, pasando por cómo se volcó España con nosotros. Yo cada vez que lo pienso se me ponen los pelos de punta. Aparte que fue la primera vez que entramos las mujeres judocas en unos Juegos Olímpicos”.

Foto del COE

Tras esa inolvidable experiencia personal y profesional donde, no nos olvidemos, a punto estuvo de hacerse con una medalla olímpica, la de bronce, Yolanda afrontó la continuación de su carrera de una forma más “profesional”, como ella misma lo define, y lo hizo ni más ni menos -como hemos avanzado- teniendo como guía a Miriam Blasco, que la tomó de la mano y la llevó hasta el podio olímpico en los Juegos de Atlanta 96: “Para mí fue una suerte que Miriam Blasco se me cruzara en mi vida. Yo empecé a entrenar con ella justo después de Barcelona. Ella tenía confianza en mí. Para mí fueron de los mejores años de mi vida entrenando con ella. A día de hoy es una de mis grandes amigas”. La medalla de Atlanta fue en gran parte fruto de la convicción de Yolanda en poder hacer algo grande, superando obstáculos tan grandes como una quasi perenne luxación de hombro que durante años le incordió, quitándole el sueño hasta casi las mismas vísperas de la gran cita olímpica: “Llevaba arrastrando desde el 91 una lesión de hombro, tenía continuas subluxaciones. Lo que pasa es que esa lesión me ha acompañado durante toda mi carrera deportiva. Quince días antes de viajar para Atlanta, en una concentración en Madrid, estornudando se me volvió a salir el hombro. Entonces sonaron todas las alarmas. Los médicos me decían que no podría conseguir la recuperación y era yo la que les sonreía y les daba tranquilidad. Me fui a mi casa y justo el día antes de viajar se me volvió a salir. Estuve en el hospital, colocándome el hombro, pero yo sabía que si ese día [el de la competición olímpica] no se me luxaba podía conseguir la medalla. Mi mente nunca pensó en eso, no lo utilicé como una excusa, yo sabía que podía con ello. De hecho muchas veces se dice que perdí la semifinal por el hombro. No: perdí la semifinal porque la coreana del Norte que me ganó fue mejor. Sí que es verdad que yo estaba convencida de que si ese día justo no tenía la mala suerte de que se me saliera, porque entonces te hacen abandonar la competición, podría con la medalla. Yo iba a por medalla”.

Foto del COE

Yolanda Soler, que entró en el judo “porque me apuntó mi padre”, reconoce que de niña era una inquieta practicante de muchos deportes, pero cuando llegó el momento por decantarse por uno, a los 15 años, escogió sin duda el judo: “Lo tuve clarísimo, aunque no sé por qué. Puede porque mi profesor de entonces me hizo enamorarme del judo.” En esa primera escuela, Yolanda era la única niña entre muchos niños. Sin embargo, niega haber padecido ningún obstáculo especial por el hecho de su género: “Siempre me he sentido muy apoyada. Sería injusto por mi parte decir que mi camino ha sido más difícil, porque no lo he vivido así”.

Una vez retirada ejerció de seleccionadora nacional en el periodo que va de 2008 a 2012, viviendo otra nueva edición olímpica -la de Londres 2012- esta vez desde otra perspectiva: “Es casi más fácil ser deportista porque una vez que tú sales, en mi caso al tatami, ya está, pero cuando se trata de transmitir y cuando además ves ese esfuerzo que has vivido en ti mismo en los demás, y hay cosas buenas, cosas malas, frustraciones, derrotas…duele mucho”.

Recuerda como anécdota no haberse enterado para nada de un aviso de bomba en la villa olímpica de Atlanta el día en que ganó su medalla, que estaba celebrando en esos momentos. Al fin y al cabo “la consecución de la medalla olímpica no tiene comparación con nada”, afirma con rotundidad. Y en un día así, en que se ha ganado, parece que el mundo alrededor se para.

Un comentario

  • Virginia

    ¡Qué grande, sin excusas, y la rival fue mejor!, otros hubiesen llorado por la lesión, normalmente son los deportistas minoritarios los grandes héroes pero no salen en los medios., lástima.

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