TIDYE PICKETT: UNA PIONERA EN LOS JUEGOS OLÍMPICOS VÍCTIMA DEL RACISMO
Esta es la historia de la primera mujer negra de Estados Unidos en competir en unos Juegos Olímpicos:Tidye Pickett. Y le tocó ni más ni menos que hacerlo en los de Berlín celebrados en la Alemania nazi de 1936, con tantos prejuicios racistas en el ambiente.
De niña Tidye corría mucho. En la primera carrera en la que venció le dieron como premio únicamente una gorra de béisbol. Siguió ganando y, cuando llevó los premios (entre los que se encontraba una cámara de fotos) a su casa su madre le pidió explicaciones. Pero Tidye tenía un problema mayor al de ser aceptada por su madre como atleta: su pequeño tamaño. Le llegaron a decir que no valía para correr debido a ello. Aun así, Tidye llegó a jugar también al baloncesto. Y, así, llega uno de esos momentos que cambian la vida de las personas. En su caso fue el buen ojo de una profesora, quien se dio cuenta de lo veloz que podía llegar a ser nuestra protagonista y le pidió que se uniera al programa de educación de Chicago -su ciudad natal- para formar parte del equipo de atletismo.

No sería esa profesora su única “descubridora”, pero sí la primera. El siguiente fue un entrenador que respondía al nombre de John Brooks y que la fichó para la universidad de Chicago. Brooks debió de percatarse de que sí, Tidye era de estatura y complexión pequeña pero a la vez muy musculosa.
Cuando contaba 17 años, en enero de 1932, le plantea ir a los Juegos Olímpicos. Lo primero que hizo fue regalarle unas zapatillas y un traje de correr. Pickett llegó a participar en los Trials de Estados Unidos para la cita olímpica del 32, concretamente en la distancia de los 100 metros. No es que participe, es que llegó a superar en ellos a Babe Didrikson en las baterías. Tidye llegó a la final, pero en ella sólo conseguiría un sexto puesto. Eso sí, entraría en el equipo olímpico para los relevos de 4×100 aunque sólo como octava candidata. La mera convocatoria la convirtió, junto a Louise Stokes, en las primeras afroamericanas en ser seleccionadas para unos Juegos Olímpicos.
Hasta aquí las buenas noticias, pues tanto ella como Louise no reciben el mismo trato que el resto de sus compañeros por el mero hecho de ser mujeres y negras. Tanto es así que la NAACP (siglas que corresponden en español a la Asociación Nacional para el Avance de las Personas de Color, una organización sobre derechos civiles) directamente escribe a Avery Brundage, por aquel entonces presidente del Comité Olímpico de Estados Unidos, para que ambas atletas reciban el mismo tratamiento, pero Brundage ni siquiera les responde. Pickett llegó a sufrir acoso de la mismísima Babe Didrickson. “No me quiere en el equipo”, llegó a afirmar.
Estamos ya en los Juegos Olímpicos del 32, que se celebrarían en Los Ángeles. Las mujeres no llegaron a tener villa olímpica, sino que se alojaban en un hotel. El día de la inauguración de los Juegos la prensa publica que Tidye y Louise pueden ser excluidas de participar debido a su raza y en su lugar ponen a dos chicas que no se habían clasificado. La misma mañana de la carrera de relevos le informan a Tidye que no correrá, a pesar de poseer buenas marcas.

Este grave contratiempo, a pesar de todo, no acaba con la pasión de Pickett por correr ni con su carrera deportiva. La atleta suma a sus especialidades otra más, empezando a competir en vallas con grandes resultados, incluso compitiendo en varias pruebas en un mismo día.
Así, nos acercamos a los Juegos Olímpicos de 1936, donde la expedición estadounidense pendió de un hilo ya que el país y sus autoridades deportivas empezaron a plantearse si participar o no por la politización que se preveía iban a tener esos Juegos. El presidente Brundage era partidario de participar pero no así el presidente de la federación de atletismo del país. La prensa estadounidense se encontraba dividida y se llegó a instar a los atletas negros a boicotear los Juegos. Pero mientras se celebran los Trials, los cuales se desarrollan bajo condiciones de un calor asfixiante y Pickett se cae en las semifinales de 80 metros vallas, lastimándose, aunque finalmente consigue la plaza olímpica. Tidye parte con sus compañeros desde Nueva York rumbo a Alemania en el crucero SS Manhattan. La travesía no fue precisamente del agrado de Pickett, que se pasó todo el viaje vomitando cada día.
Nos situamos ya en Berlín, en la disputa olímpica. Son las semifinales de los 80 metros vallas femeninos. Tidye Pickett participa pero lo hace con un pie que le ha estado dando problemas. Con ese mismo pie golpea una valla. Intenta continuar, pero se cae y grita de dolor. Se acercan los entrenadores para examinar su tobillo pero el dolor es demasiado grande. Tidye sale en camilla: se ha roto el tobillo. Pese a ese infortunio Tidye Pickett ha conseguido un logro por el que entra en los anales: se ha convertido en la primera mujer negra de su país, potencia del deporte mundial, en competir en unos Juegos Olímpicos.
Con el tiempo se convierte en profesora de escuela, llegando a ser la directora de una hasta su jubilación. Escuela, por cierto, que ahora porta su nombre. Un día Tidye Pickett llega a declarar: “Sabía que era mejor que algunas de ellas [otras corredoras]. Todo fue política. La política y los deportes siempre han ido juntos”.
