Heroínas olímpicas

KEIKO FUKUDA: LA PIONERA DEL JUDO FEMENINO QUE LUCHÓ POR LA IGUALDAD DE GÉNERO EN SU DEPORTE

El judo entró en el calendario olímpico en los Juegos celebrados en Tokio en 1964. Durante su ceremonia de apertura “una tal” Keiko Fukuda realizó una demostración de la kata. Fukuda contaba por aquel entonces 51 años y no llegó a participar en unos Juegos Olímpicos, pero sin duda su figura es fundamental para entender este deporte, muy especialmente en la categoría femenina. Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que muchas mujeres ni se habrían planteado introducirse en esta arte marcial si no hubiera sido por ella, directa o indirectamente. Ha sido la más grande judoca de la historia y, sin lugar a dudas, la pionera del judo femenino.

Podríamos pensar que esta tokiota estaba destinada a ser algo grande en el judo puesto que descendía de Fukuda Hachinosuke -quien fue su abuelo-, un samurái y maestro de Tenjin Shinyo-ryu jujitsu. A su vez enseñó este arte marcial a Jigorō Kanō, el mismísimo fundador del judo y director del Kodokan. Con estos mimbres podríamos pensar que habría sido relativamente fácil para Keiko seguir los pasos de su abuelo pero hay que tener en cuenta que Keiko nació en 1913 y en un país tremendamente tradicional. Su destino estaba lejos de convertirla en una deportista; antes al contrario, fue instruida en las artes florales, en la ceremonia del té y en la caligrafía. Incluso se le concertó un matrimonio siendo ella muy joven (que ella llegó a cancelar para dedicarse al judo).

Su futuro cambió radicalmente un buen día en que acompañó a su madre para ver una sesión de entrenamiento de judo. Al parecer le gustó y quiso dedicarse a esta práctica. Para su suerte su madre y su hermano (su padre ya había fallecido, quién sabe si su destino hubiera sido bien diferente de haber estado aún vivo) la apoyaron, pero con el convencimiento de que entrenando se enamoraría de algún compañero, cosa que no ocurrió. De hecho, Keiko nunca llegó a casarse porque estaba completamente comprometida con el judo, como veremos.

En esas estamos cuando Kanō la invitó para que entrenara junto a otras mujeres en una sección dedicada en exclusiva a ellas dentro del Kodokan. Lo hizo como muestra de respeto hacia su abuelo, puesto que enseñar judo a mujeres no solo era inusual en esa época, sino incluso algo escandaloso. ¿Las razones del escándalo? En el judo hay que mantener una postura con las piernas abiertas, así como realizar movimientos considerados “agresivos”. Keiko entró en esta progresista escuela contando 21 años de edad.

Mostrando su título de 10º dan

El progreso que se ofrecía la escuela de Kanō no existía en el mundo del judo en general. Tanto es así que las mujeres, por muy expertas que fueran, sólo podían acceder al 5º dan, mientras que los hombres podían obtener hasta el 10º. Así, Keiko Fukuda tuvo el máximo dan permitido a las de su género durante una veintena de años. Mientras tanto viajó por el mundo realizando demostraciones pero su viaje principal fue en 1953 a California. Desde hacía años antes ya se había convertido en instructora de judo, así como que se había sacado el título universitario en Literatura japonesa.

Ese primer viaje a Estados Unidos fue fundamental en su vida. No solo enseñaba el judo y realizaba exhibiciones, sino que completó una auténtica promoción de su deporte en un país que aún estaba conociéndolo. Poco importaba que midiera apenas 1, 50 metros y pesara 45 kilos. Keiko había demostrado de sobra sus cualidades como deportista y como instructora. Llegó el momento en que se estableció definitivamente en Estados Unidos, alcanzando años más tarde su nacionalidad. La cantidad de sus alumnas iba aumentado y llegó otro momento crucial en su vida: en 1972 inició una campaña contra la prohibición de que las mujeres sólo pudieran aspirar como máximo a obtener el 5º dan. Por aquel entonces Fukuda ya había abierto su propio dojo, donde incluso entrenaba a niñas pequeñas a tumbar a oponentes fuertes. Sus enseñanzas hacia las mujeres también incluían animarlas a llevar una vida sana.

La lucha que realizó Fukuda, unida a su alumna Shelley Fernández, fue contra las prácticas machistas del Kodokan, “anticuadas”, como denominó Fukuda. Finalmente consiguió que se le otorgara el 6º dan en 1974, año en que estableció asimismo un campamento de entrenamiento de judo dedicado a mujeres. Si piensan que Keiko se conformó con el 6º dan están equivocados, aunque tuvo que esperar demasiados años para conseguir el 10º y máximo: hasta 2011. Contaba 98 años.

La labor de Keiko Fukuda fue ingente. Además de enseñar el judo a mujeres por todo el mundo, de fundar el club Soko Joshi (el primero para mujeres) y de recibir la Orden del Sagrado Tesoro, otorgada por el Gobierno japonés, escribió dos libros que servían de guías prácticas para realizar el judo, uno de ellos dedicado a las mujeres. A ellas dedicó su lema: “Sé fuerte, sé gentil, sé bella, en mente, cuerpo y espíritu”. Y nos quedamos con otra de sus afirmaciones, que es en sí toda una enseñanza de vida: “Más importante que la técnica es ser un buen ser humano. No lo olvides, eso es el buen judo”.

Durante una clase en su dojo en Estados Unidos

 

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