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MACK ROBINSON: MEDALLISTA OLÍMPICO SUPERANDO RACISMO Y UNA ENFERMEDAD DE CORAZÓN

Antes incluso de nacer la vida no se presentaba fácil para Mack Robinson alguien que, con el tiempo, se convertiría en algo más que un medallista olímpico de atletismo. Sus abuelos fueron esclavos, pero le afectaría más directamente el hecho de que su padre abandonara a su familia marchándose con otra mujer. Le tocó entonces a la madre de Mack sacar adelante a sus hijos realizando trabajos como limpiadora doméstica. Una vez conseguidos los suficientes ahorros pudo trasladarse con sus hijos a Pasadena, California, comprando allí una casa. Sin embargo, la familia fue mal recibida por sus vecinos, quienes llegaron a quemar los jardines de la misma.

Mack tuvo que bregar además desde su niñez con una enfermedad en el corazón, un soplo que empeoró con los años. Antes de diagnosticarle dicha enfermedad el niño Mack corría más que ninguno de sus amigos en los juegos entre ellos pero el descubrimiento de su dolencia haría que los médicos le prohibiera practicar deporte alguno. Eso era algo que Mack llevaba muy mal, por lo que intentó convencer con todas sus fuerzas a su madre para que le dejara hacer deporte. Finalmente la prohibición se ceñiría a los deportes de contacto, con lo que el atletismo se libraba de la misma y Mack se dispuso a dedicarse a las carreras de corta distancia y a las vallas.

Cuando contaba 16 años el joven Mack tiene la suerte de vivir de cerca unos Juegos Olímpicos, ya que en 1932 éstos se celebraban en Los Ángeles y Robinson vivía a media hora del estadio, al que acudió como espectador de tamaña cita deportiva. Para la siguiente cita olímpica Mack contaría con la suficiente edad como para competir en ellos pero entonces sobreviene un problema: el posible boicot de su país, Estados Unidos, a unos Juegos que se iban a celebrar en un Berlín nazi y altamente politizado donde además existía la duda de si se permitiría la participación tanto de deportistas judíos como de negros, el caso este último de Mack Robinson. Tras muchos dimes y diretes y meses de deliberación finalmente Estados Unidos acepta acudir a los Juegos. Mack podrá ir a los Juegos, así, pues sus marcas lo permitían pero antes ha de confirmarlo obligatoriamente en los trials, que se iban a celebrar en Nueva York. Sin embargo cuenta con un grave problema: no tiene dinero para el largo viaje en tren que le llevaría desde la Costa Oeste californiana, donde vivía, hasta la Este donde se encuentra la ciudad de los rascacielos. Por suerte consigue que un empresario local le dé los 150 dólares necesarios para dicho viaje, pero esa cantidad no le llega para renovar sus viejas y desastradas zapatillas, con las que no le queda más remedio que competir. A pesar del inapropiado material consigue la plaza para los Juegos de Berlín al acabar en segundo lugar detrás del mítico Jesse Owens.

Tras una larga travesía en barco la expedición estadounidense llega a Alemania. En el país europeo llega a vivir un hecho claramente racista cuando un alemán, en las calles de Berlín, le llegó a tocar la piel para “ver si se le borraba el color negro”. Sin embargo, se trató de un hecho aislado llegando a recibir peor trato de índole racista de parte de un propio compañero, concretamente el lanzador de peso, quien estando ebrio le insultó.

Busto de él y de su hermano Jackie, afamado jugador de béisbol

En la competición olímpica de la carrera de 200 metros Mack volvería a tener como máximo rival a su compatriota Jesse Owens. Éste había batido ya el récord olímpico en la primera batería, corriendo en 21.1 segundos, pero Robinson se acercó peligrosamente a esa marca realizando 21.2 en la segunda ronda clasificatoria. Ya en semifinales Mack Robinson iguala la marca de 21.1. El día de la final se sentía capaz de superar a Owens. En ella ambos atletas corren en calles contiguas y, en la curva, Mack ve a Owens a su izquieda, un poquito más adelantado que él. Tuvo que batir el récord del mundo Owens con una marca de 20.7 para ganar la final, en la que Robinson acabaría segundo, repitiendo el resultado de los trials. Mack llega a quejarse más tarde de que la estrella Owens ha recibido, con mucho, más apoyo por parte de los entrenadores de la selección, pendientes casi exclusivamente de él, y se llega a plantear que podría haber superado a Jesse Owens de haber recibido él el mismo trato.

Pese a su medalla de plata, logro nada desdeñable, Mack Robinson no recibiría a su vuelta a Pasadena bienvenida alguna. Es más, tuvo que ponerse a barrer calles para ayudar económicamente a su familia. A veces lo hacía vestido con la sudadera del equipo olímpico de Estados Unidos. Pese a haber completado estudios universitarios sólo consiguió trabajos de índole manual, seguramente por su raza. Hasta 1997 su ciudad no le homenajeó, levantando frente al Ayuntamiento un busto suyo. Más homenaje tuvo en los Juegos celebrados en Los Ángeles en el 84, donde fue uno de los que portaron la bandera olímpica entrando en el estadio durante la ceremonia de apertura.

Foto de GoDucks.com

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