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ANA MARCELA CUNHA: LA REINA DE LAS AGUAS ABIERTAS A LA QUE COSTÓ SUBIRSE A UN PODIO OLÍMPICO

Es momento de dedicar un espacio a la considerada como quizás la mejor nadadora de la historia en aguas abiertas: la brasileña Ana Marcela Cunha. Pese a ello tardó en ganar una medalla olímpica. Para cuando lo hizo -además el oro, en los Juegos de Tokio 2020- ya se había hecho con doce títulos mundiales.

Ana Marcela es hija de padre nadador y madre gimnasta pero cuando empezó a nadar a los dos años no lo hizo por seguir la estela de sus padres, sino para dejar tranquila a su madre. Y es que la guardería donde pasaba las horas contaba con una piscina y dejarla sin saber nadar podía convertirse en un peligro. Sin embargo, a ella lo que siempre ha preferido y donde ha disfrutado más nadando ha sido en la naturaleza, esto es, en las aguas del mar o en los ríos. De hecho, con el tiempo ha llegado a convertirse en embajadora de sostenibilidad del Comité Olímpico Brasileño, en representante del Consejo de Defensa Marítima de la Federación Internacional de Natación y está centrada y comprometida en la limpieza y descontaminación de mares y ríos.

Con 16 años ya vivió sus primeros Juegos Olímpicos. En los de Pekín de 2008 se convirtió en la nadadora más joven de la historia en participar en la prueba de natación en aguas abiertas (que suele estar poblada de participantes con edades casi en torno a la treintena) obteniendo además un más que digno y prometedor para el futuro quinto puesto. Los siguientes años están trufados de oros en mundiales, Juegos Panamericanos, etc. Y es que sólo entre 2010 y 2019 ganó el premio a la  Mejor Nadadora de aguas abiertas en seis ocasiones. Antes de ganar ese oro olímpico de Tokio ya se había convertido en la mujer brasileña con más medallas obtenidas en campeonatos mundiales.

Para sorpresa de todos no llegó a clasificarse para los Juegos de Londres en 2012. Le seguirían unos Juegos que iban a ser en casa de esta brasileña, pero en ellos también hubo decepción por su parte, ya que acabó en décimo puesto. Cunha achaca esa mala actuación a que no realizó el avituallamiento en la segunda vuelta, lo que le afectaría para el resto de la carrera de 10 kilómetros (única distancia olímpica). Esa sequía olímpica tenía, por lógica y por resultados, que acabar y lo hizo a lo grande en la siguiente cita de Tokio. Para ello la de Salvador de Bahía entrenaba seis días a la semana, empezando a las 6 de la mañana y seguía por la tarde después de la pausa para comer. En total su entrenamiento consistía en nadar unos 300 km al mes, además de entrenamiento fuera del agua.

Foto de Oli Scarff/AFP

Su medalla de oro en Tokio tiene aún más mérito si tenemos en cuenta que después de Río padeció una enfermedad autoinmune y hubo que extirparle el bazo. Apenas dos meses después ya volvió al agua. En Tokio empezó tirando del grupo principal. Durante varios pasajes de la carrera se relevaba al frente del grupo con la australiana Kareena Lee (que acabaría siendo bronce) y las estadounidenses Haley Anderson y Ashley Twichell. Ambas quedaron fuera del podio, no así la entonces vigente campeona olímpica, la neerlandesa Sharon van Rouwendaal, que finalizaría segunda tras Cunha. Los últimos dos kilómetros supusieron una vigilancia constante entre las favoritas, acabando la carrera en un sprint final.

Ana Marcela había conseguido por fin lo que llevaba años persiguiendo, pero no quiso que los de Tokio fueran sus últimos Juegos Olímpicos. En los de París rozó el podio, acabando en cuarto puesto, ese que escuece más que ningún otro. Desde entonces la brasileña no ha podido resistirse a seguir ofreciendo lo mejor de sí en las aguas del mar. En 2026 no solo completó el cruce del Canal de La Mancha, sino que batió el récord brasileño, tanto de hombres como de mujeres. Con 34 años completó la travesía en 8 horas, 25 minutos y 29 segundos. Era otro de los sueños que tenía desde niña que quería cumplir. Por cierto que ya en 2014, como preparación para los Juegos de Río, realizó otra travesía larga, en este caso los 36 kilómetros que separan Capri de Nápoles, ganando la carrera y marcando un nuevo récord.

Tanta actividad y entrenamiento le deja tiempo para crear su propio Instituto, que lleva su nombre, dedicado a extender la práctica de la natación por su extenso país, así como fomentar la natación de larga distancia en niños desde edad escolar. “Quiero dar felicidad a todos”, ha manifestado al respecto.

Foto de Istvan Derencsenyi/World Aquatics

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