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ANITA ÁLVAREZ: MEDALLISTA OLÍMPICA TRAS RECUPERARSE DE UNO DE LOS MOMENTOS MÁS ANGUSTIOSOS DE LA NATACIÓN ARTÍSTICA

Todos la recuerdan como “la nadadora de sincro que se desmayó durante un Mundial y fue rescatada por su entrenadora”, en este caso, Andrea Fuentes. Las imágenes subacuáticas captadas durante el rescate no solo dieron la vuelta al mundo, sino que no se olvidan y hoy, pasados casi cuatro años del incidente -pues tuvo lugar en el verano de 2022- aún copan las páginas de internet cuando se busca su nombre: Anita Álvarez.

Nacida en el estado de Nueva York con orígenes mejicanos, precisamente sus orígenes familiares la fueron conduciendo hasta convertirse en deportista olímpica, algo que hasta ahora ha hecho en tres ocasiones. Su madre participó en la categoría de dúos en los Trials del equipo de Estados Unidos para los Juegos que se iban a disputar en 1984, aunque acabó en séptima posición y, por tanto, no llegó a ser olímpica. Más curiosa es la relación con el olimpismo de su abuelo, pues trabajó en los Juegos de invierno de Lake Placid del 80 como el encargado del cronómetro en el recordado partido de hockey hielo denominado “Milagro en el Hielo” entre Estados Unidos y la Unión Soviética.

Militar y medallista olímpica. Foto de Kate Anderson

Anita intentó ser olímpica en los Juegos de Londres celebrados en 2012. Compitió por ello en los Trials, pero entonces contaba con apenas catorce años y no superó el corte nacional. Sí que estuvo en los siguientes de Río, en la modalidad de dúos, acabando en noveno lugar y repitió experiencia en los de Tokio en la misma modalidad, bajando en esa ocasión al decimotercer puesto. Por esa época ya estaba la española Andrea Fuentes al frente del equipo estadounidense, con el objetivo de que el equipo volviera a clasificarse para unos Juegos tras demasiados años de espera. No solo lo logró para los de París, sino que allí conseguiría la plata por equipos, un equipo del que ya formaba parte Anita Álvarez, la nadadora más experta del equipo.

Merecía una medalla olímpica esta deportista por los años de trabajo. No obstante, no fue fácil el camino ni siquiera la integración de Anita en el equipo. Su excesivo afán perfeccionista llegó a chocar con su entrenadora. Álvarez quería hacer las cosas perfectas o no hacerlas. Fuentes, según cuenta en su libro “Mentalidad, propósito, pasión”, le puso a su pupila un ultimátum: si no hacía cierto movimiento -que Anita se negaba a realizar- en dos horas la expulsaría del equipo. A falta de dos minutos y de que sonara la canción hasta en 37 ocasiones Anita no había movido ni un dedo. A falta de cuatro segundos movió un brazo. Había conseguido el reto de puro milagro. Fuentes se fue de la piscina y le colocó un papel en el coche de Álvarez: “Trust and believe” (=Confía y cree). Ese mismo papel apareció en la puerta de la habitación de la entrenadora cuando perdieron en los Panamericanos, que daban plaza olímpica directa…y ese mismo papel Andrea Fuentes se lo devolvió a Anita al entrar en la villa olímpica de París.

La famosa foto del rescate por su desmayo en el Mundial de 2022. Foto de Oli Scarff/AFP

Aunque es de todos conocido toca contar qué ocurrió durante el Mundial celebrado en Budapest en 2022. Anita justo había acabado su programa de solo cuando Andrea Fuentes, que ya había notado que sus pies estaban demasiado blancos, vio que Anita no subía a la superficie tras un largo número final de apnea. Andrea Fuentes no dudó ni por un segundo en lanzarse al agua al rescate, algo que no hicieron los socorristas. Logró sacarla a la superficie, no sin verdadero esfuerzo por el peso muerto que ejercía, hacia el lateral donde estaban los médicos. Anita estaba inconsciente, desmayada, hasta que pudo recobrar el sentido. La federación internacional impidió que pudiera seguir participando en el campeonato, pese a que todas las pruebas que le realizaron dieron negativo, desconociéndose la causa de su desmayo. Con posterioridad Andrea Fuentes y su equipo, así como los médicos de la selección de su país, estuvieron investigando posibles causas y llegaron a una decisión: someter a Anita a una hora del más duro entrenamiento posible con el fin de que se desmayara y el cardiólogo pudiera así descubrir qué le ocurría a su corazón. Pese a la extremada dureza de ese entrenamiento concreto (Fuentes reconoce que sufrieron mucho tanto Anita físicamente como ella desde fuera contemplando el esfuerzo) la nadadora no llegó a desmayarse, concluyéndose que no le pasaba nada a su corazón. El caso es que pudo volver al equipo y participar así en sus terceros Juegos Olímpicos, los primeros en los que ganara por fin una medalla.

No quieren ser los últimos Juegos en los que participe, pues su meta ahora está en los de Los Ángeles 28. Entre medias ha emprendido paralelamente otra carrera: la de militar. Mientras se recuperaba entró en la Air Force estadounidense como miembro del Programa de Deportistas de Élite. El entrenamiento recibido allí, que empezó antes de los Juegos de París, la ha ayudado a entrenarse también como nadadora de artístico, según ha confesado. Desde luego la disciplina, el sacrificio y el ejercicio físico están presentes tanto en el ejército como en el deporte de alta competición. Tras los Juegos de París y su reincorporación al pelotón confesó a sus compañeras de dormitorio en el campamento militar: “Este es el periodo de tiempo más largo que he permanecido fuera de una piscina en toda mi vida”.

En Tokio 2020 como dúo. Foto del Team USA

Un comentario

  • Virginia Bernardi

    De casta le viene al galgo como se suele decir. Cuanto sacrificio lleva el deporte de élite que en este caso tuvo recompensa y bravo por Andrea Fuentes.

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