YAROSLAVA MAHUCHIKH: «NO HAY FAIR PLAY CUANDO COMPITES AL LADO DE DEPORTISTAS DE UN PAÍS QUE ESTÁ MATANDO A TU GENTE»
Yaroslava Mahuchikh es una estrella mundial del deporte y una figura que da esperanza a sus compatriotas ucranianos, los cuales se encuentran en el peor momento de su historia en muchos años. La saltadora de altura nacida en Dnipro en 2001 ya ha conseguido todo: oro olímpico, récord mundial, campeonato mundial, títulos de la Diamond League…Pero también ha pasado, dada la situación de Ucrania, por momentos de presión e incertidumbre cuando, un año antes de la celebración de los Juegos Olímpicos de París 2024 -los que la encumbrarían con el oro olímpico- su país se planteó un boicot a dichos Juegos. En una charla con la atleta Yaroslava nos cuenta cómo vivió la situación: “Hubo conversaciones sobre un boicot a los Juegos. No llegué a temer participar porque defendía la idea de que los Juegos Olímpicos son la competición más importante y popular en el mundo, que ve mucha gente y si no participamos ¿cómo mostramos al mundo que seguimos luchando? Un boicot además no sirve de mucho si lo hacen pocos países, sólo tiene repercusión si lo realizan muchos países”. La cuestión estuvo en el aire durante un tiempo, pero finalmente Ucrania sí fue a los Juegos: “Cuando nuestro Comité Olímpico Nacional tomó la decisión de competir me sentí aliviada y seguí con mi preparación de cara a los Juegos. Recibí muchos mensajes de apoyo por parte de soldados ucranianos diciendo que era una decisión acertada y que no nos escondemos de nuestros rivales, que debemos luchar por nuestro país y que debíamos luchar en las pistas de atletismo porque además es nuestro trabajo y nuestra pasión. Para los ucranianos ahora cada competición es como una celebración porque para los ciudadanos normales el deporte y el arte por desgracia son como los únicos campos en los que pueden vivir como vivíamos antes de 2022”.

Antes de París Mahuchikh ya sabía lo que era subirse a un podio olímpico: “Los Juegos de Tokio y los de París fueron diferentes experiencias por la falta de espectadores en Tokio; fue extraño y yo la verdad es que no sentí el espíritu olímpico por desgracia. Conseguí la medalla de bronce. Me quedé muy impresionada porque era muy joven”. Esa sensación tan extraña se disipó definitivamente en París: “No fue hasta los Juegos de París cuando entendí lo que significan unos Juegos Olímpicos donde se reúnen todos los deportistas, tienen la oportunidad de conocerse y charlar entre sí, ya sin restricciones de distancia, por no hablar de ver el estadio abarrotado. Recuerdo incluso en la ronda clasificatoria, que se desarrollaba por la mañana, y ver el estadio lleno de gente me impresionó y pensé ‘¡Guao, estos son unos Juegos Olímpicos!’”. Sobre su resultado, inmejorable, en los Juegos del 24 afirma: “Ganar el oro en París e incluso participar fue particularmente especial dada la situación de mi país y darle a mis compatriotas una medalla”.
Para cuando compitió en la cita olímpica francesa esta ucraniana ya era campeona del mundo, entre otras tantas medallas conseguidas en grandes campeonatos, así que no nos sorprende que afirme que “el objetivo de mi temporada del 24 era ganar el oro olímpico en una competición que sin duda es la más importante al realizarse cada cuatro años”. Y sigue teniendo esa misma meta: “Ahora sigo teniendo como objetivo volver a ganar el oro olímpico, en Los Ángeles 28, también de romper el récord olímpico. Lo tengo metido en la cabeza y me estoy preparando bien. Aún quedan años de preparación por delante y creo que irá todo muy bien”.

La saltadora ha sido particularmente clara y contundente contra la participación de deportistas rusos y, más aún, contra los cambios de nacionalidad que muchos de ellos han realizado durante los años de sanción: “Los rusos que se han cambiado de nacionalidad si lo hubieran hecho antes de la guerra era que realmente querían cambiarse de país. Estoy de acuerdo con los que no han querido cambiarse de nacionalidad, como Mariya Lasitskene, quien tras el escándalo del dopaje ruso no quiso cambiar de nacionalidad”. Yaroslava Mahuchikh tiene claro lo que significa el deporte para ella: “significa unidad y debería estar en contra de la guerra. El deporte es amistad, buenas relaciones entre los participantes, juego limpio y no hay fair play cuando compites al lado de deportistas de un país que está matando a muchas de tus gentes. Estoy muy de acuerdo con la postura de Sebastian Coe de no permitir la participación de atletas de Rusia y Bielorrusia y continúa con esa postura a pesar de lo que dice el COI. Tienen una política muy estricta en ese aspecto y nos apoyan mucho. Es un apoyo que nos hace sentirnos parte de una gran familia, la del atletismo”.
Después de tocar estos temas tan peliagudos hablamos sobre unas aficiones que cultiva desde niña y que, según nos deja entrever, pueden convertirse en su futuro: “Pinto un poco. Cuando era niña di clases de pintura y canto, fui a la escuela de música, pero ya no me dedico a eso. Sin embargo tengo el sueño de dar más clases porque pienso que todo el mundo puede lograr algo con trabajo duro. En la actualidad pintar para mí significa relajarme. Durante los entrenamientos hago dibujos pero ya no tengo la determinación de ponerme a pintar durante tres horas. Lo poco que hago me sirve para tener un equilibrio mental, para calmarme”.
Además de suponer una esperanza para sus compatriotas con sus éxitos deportivos Yaroslava no ha dejado de apoyar a su pueblo en distintos aspectos: en el proyecto de arte “Arte robado”; en entregar parte de su premio por ganar el oro olímpico entregándolo a grupos de derechos de los animales, así como a soldados con necesidades y la recuperación de sus heridas y lesiones cerebrales; donar dinero para la construcción de cuatro refugios animales. Ha llegado a donar el dorsal con el que compitió en los Juegos de París para ayudar en la reconstrucción de su país, etc. Todo ello la hace particularmente una deportista especial, más allá de sus oros.
