MILÁN/CORTINA 2026: LOS JUEGOS OLÍMPICOS DE LAS MAMÁS
Lunes 16 de febrero de 2026. Acaba la competición de monobob correspondiente a los Juegos Olímpicos de Milán/Cortina. En la pista Eugenio Monti sale de su vehículo una mujer y rápidamente es recibida por otra que tiene en brazos a un niño pequeño. Se abrazan. Es el primer abrazo que recibe la deportista olímpica, que responde al nombre de Elana Meyers Taylor y, ante la sorpresa de muchos, resulta ser la ganadora final. Pero, ¿quién es la mujer de la que recibe el primer abrazo? Es la niñera de sus dos hijos pequeños, que la han acompañado en este su último periplo olímpico. Elana va hacia ellos, especialmente hacia el mayor, nacido con síndrome de Down y, como su hermano pequeño, sordo, y le dice en el lenguaje de sordos que su mamá es campeona olímpica.
Meyers Taylor tiene 41 años cuando esto ocurre. No le es ajeno el podio olímpico, puesto que lleva subiéndose a él desde los ya casi lejanos Juegos de Vancouver de 2010 y lo ha hecho hasta el momento en cinco ocasiones pero nunca en el cajón superior. Elana consigue su primer oro en la cita italiana en un ciclo olímpico en el que ha sido madre por segunda vez y con niños con necesidades especiales. La temporada previa de la Copa del Mundo no hacía prever este resultado. Sigue en la élite, nadie lo duda, pero todo hacía parecer que su participación olímpica en la pista de Cortina la podía dejar en un puesto digno, nada más (y nada menos).

Elana Meyers Taylor captó la atención de todo el mundo por ese oro conseguido en esas circunstancias particulares. En el podio la esperaba una compatriota suya –Kaillie Humphries– con otro bebé en brazos. Otra madre casi coetánea de Elana (Kaillie tiene 40 años), que ha pasado lo suyo con problemas legales con su antigua federación, víctima de abusos, edadismo, etc. y que ha sido madre apenas en 2024. Son ambas dos casos de cómo se puede llegar a la excelencia (Humphries ganaría otra medalla de bronce más en los Juegos de Milán/Cortina) cuando muchos piensan que “estás acabada y además mejor dedícate a tus bebés”.

Pero no han sido las únicas mamás de bebés y “señoras de cierta edad” que han despuntado en los Juegos Olímpicos de invierno de 2026. A kilómetros de Cortina -donde se encuentra la pista de bobsleigh- ha saltado la sorpresa en la competición de patinaje de velocidad: la italiana Francesca Lollobrigida días antes que las deportistas antes mencionadas (el sábado 7 de febrero) gana en la prueba de 3000 metros. ¿Pero cómo es esto, si llevaba una temporada tan mala y con dolores que la llegaron a pensar en retirarse? ¡Si es que tiene 35 años y sus mejores momentos ya pasaron! Y ¡pero si ha sido madre hace poco! Todo lo anterior es cierto. Francesca exulta ante su oro y lo primero que hace es correr despavorida, como si la carrera aún continuara, para ir a buscar a su pequeño. Le hace desde la pista señas a su hermana, encargada de cuidar a Tommaso. Mientras, la patinadora sale por el túnel hacia la grada y su hermana le “encasqueta” al pequeño. Un hombre de seguridad la increpa: “El niño no tiene acreditación, no puede pasar”. Francesca hace caso omiso y se lo lleva hacia la pista. “Mamá es campeona olímpica”, llega a decir Tommaso, que cobra protagonismo en la zona mixta mientras que su mamá campeona realiza declaraciones a la televisión, interrumpida constantemente por su bebé. Pero el oro de Lollobrigida no era flor de un día. Cinco días más tarde lo vuelve hacer y ganar en la distancia de 5000 metros. Esta vez no le acompaña Tommaso porque tiene el festival de Carnaval en la guardería (y eso, como se sabe, puede llegar a ser más importante que ver ganar a mamá otro oro olímpico ejem ejem). La patinadora confiesa que su imagen de campeona olímpica con un pequeño en brazos -imagen que ha dado la vuelta al mundo- le agrada: “Soy la mamá que tiene una capucha y gafas extrañas (la definición de su hijo). Eso me hace feliz”. Otro ejemplo de que con sacrificio, mucho sacrificio, tesón y, por descontado, cualidades excepcionales como deportista, se puede lograr todo.

¿Y qué decir del entero equipo femenino sueco de curling? Se proclamaron campeonas olímpicas tras una fase de grupos impecable. Anna Hasselborg (skip), Sara McManus (viceskip), Sofia Mabergs Scharback (lead) y Agnes Knochenhauer (second) acudieron a Italia con toda su prole, un grupo de trece personas compuesto por sus parejas, algunos de sus padres…y sus hijos pequeños. Anna tiene dos hijos, Sara un niño, Agnes dos y Sofia uno. Las jugadoras se pusieron de acuerdo y fueron madres casi a la vez en el intervalo de un año aproximadamente. Siguieron jugando visiblemente embarazadas en este ciclo olímpico y, cuando los niños ya habían nacido, entrenaban y les recogían puntualmente de la guardería a las 3 de la tarde. Las cuatro llevan jugando juntas diez años, han sido medallistas olímpicas en tres ocasiones (oro en Pyeongchang y bronce en Pekín) y en esta década han reforzado su amistad -se consideran ya familia- y han aumentado los miembros de su círculo hasta convertirse en “un circo”, en palabras de la propia Hasselborg. “Jugamos para nuestras familias. Es genial compartir esta experiencia olímpica con los niños y nuestros maridos”. La jugadora sueca reconoce que ha sido todo un reto compatibilizar familia y deporte de élite, que es duro encontrar el equilibrio y que “mis niños son mi número uno, pero puedo seguir con mi pasión por el curling todavía”. La skip ha contando en alguna ocasión que la maternidad puede cambiar las prioridades y la motivación, que convertirse en madres es más importante que el deporte pero que, no obstante, el equipo ha sabido “redescubrir el hambre competitiva en el momento adecuado”.
¿Habrán impulsado esas crecientes familias al equipo a superar al resto de contrincantes hasta llegar a proclamarse campeonas olímpicas? En cualquier caso, en todos los ejemplos citados el hecho de convertirse en madres en este ciclo olímpico parece haber sido más un empuje que un obstáculo. O que ellas poseen la excelencia de poder con todo. O que más mujeres pueden lograrlo si se lo proponen. Elana, Kaillie, Francesca, Anna, Sara, Agnes y Sofia son sólo algunos de los ejemplos que han dado los Juegos Olímpicos de Milán/Cortina.

Un comentario
Virginia Bernardi
Bravisimo por todas ellas, los héroes no llevan capa,llevan niños,una familia y prejuicios que desmontan cada 2×3. ¿ que más tienen que hacer las mujeres para que dejen de criticarla?.