Concienciados olímpicos,  Heroínas olímpicas

ELANA MEYERS TAYLOR: LA PIONERA LUCHADORA

Por muchas y muy diferentes razones Elana Meyers Taylor protagonizó una de las historias humanas de los Juegos Olímpicos de invierno de Pekín 2022. Empecemos con uno de los datos más objetivos: al ganar dos medallas (la plata en la nueva categoría de monobob y el bronce en la de bobsleigh a 2) se convirtió en la deportista de color con más medallas en Juegos Olímpicos de invierno. Y es que esas dos valiosas preseas se unieron a otras tres ganadas en las tres citas olímpicas precedentes (bronce en Vancouver y platas en Sochi y Pyeongchang). Pero la estadounidense logró algo mucho más grande en Pekín: superó un reciente Covid -de hecho, hasta poco antes de la ceremonia de inauguración estuvo previsto que ella fuera la abanderada de su país- y fue capaz de ganar las dos citadas medallas después de haber pasado días de aislamiento en una habitación de un hotel, lo que no es precisamente la mejor forma para preparar la participación en unos Juegos Olímpicos. Y hay más méritos que añadir a sus medallas: Elana compitió habiendo sido madre durante el ciclo olímpico, siendo una de las escasísimas deportistas madres a las que permitieron la presencia de su hijo, aún bebé, en los Juegos -aunque estuvo separada de él durante los días de aislamiento por el coronavirus-. Y un hecho que nos destaca el rasgo más humano de esta campeona del bobsleigh: su hijo padece el síndrome de Down y sordera, por lo que requiere unos cuidados especiales. A él, naturalmente, fueron dedicadas las medallas de mamá Meyers y Nico (que así se llama el pequeño) jugueteó con ellas como si fueran un objeto más como con el resto de los que juega.

Elana Meyers Taylor es toda una fuerza de la naturaleza. Siempre le gustó el deporte. El primero que practicó fue el softball. A los nueve años de edad ya tenía claro que quería llegar a convertirse en olímpica con este deporte y llegó a ganar una beca y a jugar en un equipo profesional pero, cuando no entró en el equipo olímpico, decidió que debía cambiar de deporte para poder mantener en pie su sueño de ser olímpica. De repente sus padres vieron una transmisión de bobsleigh por televisión y le sugirieron que probara esa modalidad. El resto es historia.

Foto de CNN

Aunque empezó de frenadora pronto pasó a ser piloto. Su progresión fue rapidísima: a los tres años de probar esta especialidad deportiva ya pisaba un podio olímpico. Los triunfos y podios seguían cayendo, siempre en la modalidad de Bob a 2 femenina pero llegó el momento en que Elana hizo historia y ese hecho tiene una fecha concreta: 8 de noviembre de 2014, cuando participó en una competición de Bob a 4 masculina (fue entonces cuando se permitió la participación de mujeres en dicha modalidad). Con su equipo logró la plaza para entrar en el equipo nacional a pesar de haber entrenado tan solo cuatro días junto a sus tres compañeros. El 15 de noviembre Elana participó en una competición oficial de Bob a 4, convirtiéndose en la primera mujer que lo hacía, junto a la entonces canadiense Kaillie Humphries. Siguió haciendo historia en 2015 al ser la primera mujer en ganar una medalla de una competición internacional en una prueba masculina, la citada de Bob a 4. No contenta con ello, ese mismo año ganó el Mundial de bobsleigh a 2 femenino, siendo la primera mujer de su país en hacerlo. Año redondo el de 2015, puesto a que a ello hay que sumar ocho victorias en la Copa del Mundo y el título final de dicha competición. Lo que pocos saben es que Meyers Taylor llegó a ser internacional en rugby a 7 poco antes de participar en los Juegos de Pyeongchang de 2018.

El carácter luchador de esta campeona se puede apreciar en otros aspectos. Por ejemplo, en su coraje en superar serias lesiones, como la producida en enero de 2014. A los cuatros días de sufrir una conmoción cerebral compitió y en menos de un mes ganó el título mundial. Sin embargo, al poco los síntomas volvieron. Pocos meses más tarde volvió a golpearse. La suma de todos esos percances y golpes en la cabeza le llevaron a tomar la decisión de donar su cerebro para la investigación sobre conmociones cerebrales. Elana también es paladina del empoderamiento de mujeres, siendo una abogada de la causa de deporte realizado por mujeres, ya que siente que tiene un “papel responsable para lograr la equidad”. Así, fue presidenta de la Fundación de Mujeres y Deporte, misión que le apasiona.

Foto de NBC

También “se moja” escribiendo artículos sobre el racismo en el deporte, que declara haber padecido. En una ocasión tuvo un incidente con un entrenador olímpico de otro país que realizó comentarios racistas dirigidos hacia ella. Ha denunciado también que una de las mejores firmas del mundo de trineos se negó a vender trineos a bobsledders negros. Se ha movido en este tema, creando un grupo de trabajo para exponer casos de racismo y enseñar a erradicarlos.

Desde el nacimiento de su hijo Nico también se han vuelto virales sus vídeos con él, que sirven de apoyo moral a otros padres en el mismo caso, así como a visibilizar y normalizar la convivencia con niños con síndrome de Down. Elana, casada con el también bobsledder olímpico Nic Taylor (con el que llegó a compartir trineo), tuvo problemas para quedarse embarazada debido a la incidencia de su entrenamiento de élite en sus ciclos menstruales. Pese a no poder aplicar un tratamiento hormonal debido a que podría dar positivo, Elana se quedó embarazada, aunque meses más tarde se le diagnosticó al bebé que aún estaba en su vientre síndrome de Down. La cosa se complicó, porque justo entonces la pandemia empezó a hacer estragos, detectándose casos positivos en el hospital donde Elana estaba siendo tratada. Ahora, con Nico nacido, sólo quiere hacerlo feliz. De momento el pequeño juguetea con las medallas olímpicas que tanto le han costado a su madre, toda una campeona en superar obstáculos, sean en forma de racismo, lesiones, Covid, maternidad o cuidados de un niño con síndrome de Down.

Foto de Pavel Golovkin/AP Images

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