Uncategorized

ALICE D’AMATO: HACIENDO HISTORIA PARA LA GIMNASIA ITALIANA

Cuando de niña Alice D’Amato se rompió el ligamento cruzado y el menisco sus entrenadores pensaron que ahí acababa su carrera. En Italia todos los médicos se negaban a operarla porque temían que una intervención quirúrgica cortara el crecimiento de sus huesos y Alice acabara con una pierna más corta que otra (tuvo finalmente que irse al extranjero para ser operada, en concreto en Linz). Nadie en aquellos momentos llegó a pensar que a los pocos años acabaría proclamándose campeona olímpica.

No fue el único obstáculo que sufrió la gimnasta italiana en su vida y en su carrera, pese a su corta edad aún (nació en 2003). A nivel personal tuvo que pasar por el duelo de la muerte de su padre. A la vuelta del confinamiento -que tuvo que pasar entero junto a sus compañeras de gimnasio, entre ellas su hermana gemela Asia, en una ciudad distinta a donde se encontraban sus padres- fue informada del tumor en estado avanzado de su padre, hospitalizado y al que no podía visitar debido a las restricciones derivadas de la pandemia del Covid. A nivel profesional Alice vio como una caída entrenando el ejercicio de suelo en preparación para el Mundial de Suttgart le causó una pérdida de memoria. Al levantarse simplemente no sabía cómo sigue el ejercicio. Estuvo así durante una hora.

Foto de LaPresse

Quizás nos hemos precipitado hablando de vicisitudes varias vividas por Alice D’Amato. Habría que empezar contando que empezó en la gimnasia con seis años junto a su hermana gemela Asia. Antes, desde los tres años, juntas hacían danza moderna y, a través de esta, descubrieron la danza acrobática, pero sus profesores se dieron cuenta de que ambas hermanas debían empezar a practicar gimnasia artística. Como ocurre en tantas otras ocasiones, el buen ojo de un entrenador encarriló una carrera que acabaría convirtiéndose en brillante gracias precisamente a la intuición de un profesional.

Realmente demostraron las D’Amato ganas de dedicarse a la gimnasia artística, puesto que diariamente tenían que recorrer una hora de autobús por trayecto hasta el gimnasio donde entrenaban. Otro inconveniente, por denominarlo de alguna forma, fue el bullying que las gemelas sufrieron. Menos mal que siempre se tuvieron la una a la otra para apoyarse mutuamente. Otro apoyo “psicológico” lo ejercían sus mascotas Scimietta y Orsetto. Perderlas en un robo de maletas le costó a Alice todo un disgusto. De nuevo estaba ahí Asia para ayudar, compartiendo su propia mascota de peluche con su hermana.

Puede que fuera premonitorio que a Alice le regalaran de niña, por haber logrado su primer podio, un body con la bandera de Italia. Por entonces aún estaba lejos de aspirar entrar en la selección italiana, una selección que le debe mucho, como veremos. Y es que el equipo femenino italiano consiguió subir al podio en el Mundial de Stuttgart, sí ese en cuya preparación Alice perdió la memoria, algo que las azzurre no conseguían desde 1950. Lo hicieron superando a todo un equipo chino. Como “recompensa” por su medalla por equipos las seis componentes recibieron una noticia que puede que les cambiara, a mejor, sus carreras deportivas: la Policía abrió por primera vez a la gimnasia artística femenina la posibilidad de entrar en el grupo ‘Fiamme Oro’ y todo lo que eso conlleva de despreocuparse de su futuro profesional y centrarse en sus carreras deportivas.

A Alice no le gusta el aparato del suelo por los elementos coreográficos que implica; ella prefiere los saltos. Su aparato preferido es las paralelas mientras que la barra fija, admitámoslo, le da problemas. Se cae a menudo, le da hasta pavor. Le hace sentirse incómoda. Llega a confesar a su entrenadora que le produce tal miedo hasta incluso “no ver la luz al final del túnel”. Pero, casualmente o no, resultó que en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (en los que, hay que decirlo, no estaba incluida en el equipo en un principio, lo que hizo que se viniera abajo al enterarse, para más inri a través de un tuit) fue precisamente ella la que acabara logrando la puntuación más alta de entre todas las componentes del equipo italiano en ese aparato, tan fatídico para ella. Esa fue su mayor satisfacción sacada de unos Juegos a los que había acudido sin grandes expectativas debido a los problemas físicos de algunas de sus componentes. Aun así, las italianas acabaron a medio punto de subirse al podio.

Foto de Getty Images

Aún no hemos llegado a la competición que la eleva a la categoría de las grandes estrellas de su deporte -hasta el momento, pues está a tiempo de mejorar-: los Juegos Olímpicos de París 2024. Va a ellos para su desgracia sin su hermana Asia, que habría sido una fija, pero al tener una grave caída poco antes en el Europeo de Rímini tiene que decir adiós al sueño olímpico. Esa caída de Asia le causa a su gemela Alice ir con miedo a París, el miedo de tener una lesión en el último minuto. Lejos de que eso ocurra, empieza la competición de la mejor de las maneras consiguiendo la plata por equipos, la primera medalla de este tipo de su país desde 1928. Algo como para celebrar, pero no hay tiempo, porque las competiciones se suceden. La siguiente es el concurso completo. En la final Alice se queda fuera del podio apenas por una décima debido a una salida del tapiz en su ejercicio de suelo, siendo superada en ese ansiado tercer escalón del podio por Sunisa Lee. Luego llegan las finales por aparatos.

El 5 de agosto se convierte en su día de gloria. Se disputa ese día la final de barra fija, sí, ese aparato que tanto miedo le daba. Ironías del destino, ese “monstruo” le da el oro olímpico. Mientras realizaba su ejercicio Alice captó enseguida que lo estaba haciendo bien. Completa con éxito una unión que llevaba practicando bastante tiempo y, aunque se tuerce un poco en la serie siguiente, se recupera. Buen salto hacia adelante, giro wolf, salida y aterrizaje perfecto. Honestamente ella pensaba que iba a acabar bronce tras Simone Biles y Rebecca Andrade, pero no, Alice D’Amato es primera, para su propio asombro. Llega a disputar dos finales más por aparatos con resultados más que dignos: quinta en paralelas y sexta en salto. Definitivamente han merecido la pena los dolores de huesos que tiene cada mañana al levantarse, más aún desde los 20 años.

Foto de F. Seguin/L’Équipe

Un comentario

  • Virginia Bernardi Garrido

    Madre mía cuantos palos en la rueda en forma de lesiones,desgracias y malos compañeros en su vida!. Eso la hizo más fuerte y me alegro por ella, un ejemplo de superación para jóvenes y no tan jóvenes.