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JORDI SANS: “MATUTINOVIĆ FUE UN MAL NECESARIO QUE NOS CAMBIÓ LA MENTALIDAD A EQUIPO GANADOR”

Jordi Sans perteneció a esa generación de oro del waterpolo español que llegó a proclamarse campeona olímpica en Atlanta 96 y protagonizara antes la primera medalla para el waterpolo español en una épica final de interminables tiempos extra contra Italia en la piscina Pi Cornell de Barcelona en los Juegos de 1992. No han sido sus únicos logros en torneos olímpicos. Nos los cuenta él mismo: “Estoy muy feliz de haber conseguido con mis compañeros un oro, una plata y tres diplomas olímpicos. La verdad es que son esos sueños que cuando eres pequeñito dices “Me gustaría ir a unos Juegos Olímpicos”, cuando vas a unos Juegos dices “Cómo me gustaría hacer una medalla”, coges la de plata y dices “El oro debe de ser increíble” y haces el oro, osea, que todos mis sueños deportivos se hicieron realidad”.

Foto de EFE

Empezamos a preguntarle sobre la famosa final de Barcelona 92: “Dolió la plata primero porque estás delante de tu gente, de tus amigos, tu familia, de todo el mundo porque era el último deporte, junto a la maratón, que era la única prueba que quedaba. Además, tú no sabes si al cabo de cuatro años podrás tener otra vez la oportunidad porque los demás también mejoran y tú también te haces mayor, con lo cual fue un disgusto muy grande [perder la final]”. ¿Cómo se vivió desde dentro esa final, que ahora está reflejada en el film “42 segundos”?: “Nosotros vivimos la final con mucho cansancio; fue la final más larga del olimpismo. A partir de esa final cambiaron las normas. Fue una final épica que se ganó por pequeños detalles. El vestuario quedó bastante maltrecho porque la rabia nos salió cuando fuimos al vestuario”.

Se ha hablado mucho -y se sigue haciendo- de los durísimos entrenamientos llevados por el seleccionador Matutinovic de cara a Barcelona 92. Criticado por muchos, Jordi Sans considera que “fue un mal necesario y que nos cambió la mentalidad de un equipo con mucho talento a un equipo ganador. Después podías ganar o no, pero lo que teníamos claro al entrar en el agua es que salíamos a ganar fuera cual fuera el rival. De lo más duro de esos entrenamientos fue fuera del agua, que es lo que más nos cuesta a nosotros. Que te pongan a correr en una montaña empinada en Andorra una hora y cuarto cada día nos hizo sufrir mucho a nivel de articulaciones, etc. Dentro de que todo fue muy duro para mí el correr era tremendo. De los entrenamientos duros con Matutinović puedo decir que ahora mismo me duelen la espalda, las rodillas, la cadera…”.

Tras una plata que supo a disgusto llegó el oro en la siguiente cita olímpica. El panorama había cambiado mucho, pues los jugadores hispanos ya no sintieron la gran presión vivida en casa: “En Barcelona antes de iniciar los Juegos los medios de comunicación ya decían que conseguiríamos una medalla y el waterpolo nunca había conseguido una medalla, con lo cual la presión muchas veces te produce dudas. Jugar en aquellas condiciones no era lo mismo que jugar en Atlanta”. Además de tener menos presión, quizás la clave del éxito estuvo en plantearse el torneo a corto plazo, sin mirar a lo lejos: “Nuestro primer objetivo siempre había sido intentar coger una medalla y cuando entras en la zona de medallas entonces ya ten planteas más. No puedes plantearte desde el principio pensando que eres el favorito porque entonces muchas veces es cuando te llevas el coscorrón”. Su contribución al oro olímpico fue máxima, pues tuvo el honor de ser el autor de un increíble gol que daría la victoria a España: “Cuando metí el gol de la victoria aquella situación la había entrenado miles de veces; tenía muy claro lo que tenía que hacer. Fue mi mejor recuerdo olímpico. Hacer un gol de revés de seis metros…Todo el mundo me dice que fue el mejor gol de mi carrera”. La selección española fue un tanto maniática en la ciudad americana, por ejemplo con una superstición que llevaron a cabo hasta el final: “Éramos unos jugadores con algunas manías. En Atlanta desde donde dormíamos hasta la piscina o el comedor íbamos en unos trenes eléctricos y teníamos claro que mientras las cosas fueran bien todos teníamos que coger el mismo tren, con el mismo conductor, sentado al lado de la misma persona…”.

Sans defiende que los éxitos de esa selección que le tocó vivir fueron el fruto de “gente con mucho talento pero que además nos entrenábamos muchísimo y nos esforzamos muchísimo para llegar donde llegamos. Después, como en todo en la vida, la suerte puede tener un punto, pero yo nunca le llamo suerte”. Porque no se puede precisamente aplicar el término de ´suerte´ a ese equipo, puesto que sufrieron dos cuartos puestos en sendas ediciones olímpicas: “Fue duro conseguir los dos cuartos puestos. El primero mío fue en Los Ángeles 84. Ahí empatamos con Alemania. Si hubiésemos ganado ya hubiéramos tenido la medalla de bronce. Por un empate no cogimos el bronce. Y peor en Sídney 2000, porque en el partido contra Rusia para pasar a la final jugamos el gol de oro durante catorce minutos. Nos hicieron el gol y en menos de 24 horas tuvimos que jugar el tercer y cuarto puesto y ya estábamos muertos. El gran palo no fue tanto perder la medalla de bronce sino el no acceder a la final”. Sin embargo, esos cuartos puestos que no permitieron dos medallas que ahora podrían engrosar su extenso palmarés no dolieron tanto como la plata de Barcelona 92: “porque cuando llegas a una final quieres ganarla, y además de la manera que la perdimos. Casi hubiera sido mejor haber perdido de cinco goles. Pero nos volvimos a levantar, porque el deportista tiene que levantarse una vez más de las que cae y ponerse nuevos objetivos, aunque sea duro, y lo conseguimos”.

Las dos medallas olímpicas de Jordi Sans

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