Uncategorized

ANNA FERNSTÄDT: PERSIGUIENDO EL SUEÑO OLÍMPICO POR ENCIMA DE TODO

La carrera de la corredora de skeleton Anna Fernstädt (o Fernstädtová en su variación en checo) no ha sido un camino de rosas. Nacida en Praga de madre checa y padre alemán se trasladó a Alemania con su familia cuando contaba tan solo un año de edad. Allí desarrolló la mayor parte de su vida y pronto empezó a dedicarse a los deportes, básicamente la gimnasia, aunque también practicó balonmano, fútbol y otros, pero también le gustaban los deportes de nieve, como a su hermano, practicante de snowboard. Porque a Anna básicamente le gusta la naturaleza y vivir en ella. A los 14 años probó por primera vez el arriesgado deporte del skeleton, en el que llega a alcanzar los 140 kilómetros tumbada boca abajo sobre un trineo, porque le gusta hacer carreras y ver quién queda por delante. La adrenalina implícita en este deporte de hielo también es un plus para Anna. También es cierto que, cuando eligió este deporte, consideró que era demasiado mayor para empezar en el esquí alpino y demasiado joven para hacerlo en el bobsleigh.

Foto de Michael Sohn/AP/Shutterstock

Fernstädt compitió durante años por Alemania, llegando a ganar medallas en competiciones internacionales y viviendo su primera experiencia olímpica en Pyeongchang, donde acabó en sexto lugar. Pero algo ocurrió tras esos Juegos disputados en Corea del Sur, llegando a querer abandonar el skeleton cuando tenía por entonces sólo 21 años de edad. Anna pasó por entonces por una crisis mental, aunque no quiere hablar de los problemas que tuvo con el equipo alemán. Entonces recibió ofertas de otros países escogiendo participar por Chequia -que, al fin y al cabo, era su segunda patria-, aunque ello le costara que no pudiera competir en toda la temporada 2018/19 a causa de los trámites burocráticos. Para otoño de 2019 ya pudo competir defendiendo los colores de Chequia, país al que se ha trasladado, cambiando los Alpes por los montes Jeseníky.

Anna confiesa que la gimnasia que ha practicado durante años le ha ayudado mucho en el skeleton, aunque no se libra de los moratones que le provocan los golpes en la pista de hielo. Tuvo que abandonar sus estudios en la academia de Policía en Alemania para cambiarse a estudiar Finanzas y Administración en Praga. Comparte, por cierto, muchas cosas con su “nueva compatriota”, la ídolo checa del deporte de nieve Ester Ledecká, pues estudian en el mismo sitio y comparten algunas personas que trabajan con las dos, como el fisio y otros.

Anna entrena el skeleton desde muchos aspectos diferentes. Uno de los que más nos llaman la atención es tener que entrenar con un oftalmólogo la distancia, la proximidad, el contraste, la visión en 2D y 3D, etc. aspectos por lo que tiene que pasar físicamente su vista durante una carrera a toda velocidad. Ha confesado no haber estado nunca obsesionada por los Juegos Olímpicos, sino haber ido para disfrutarlos en sus comienzos, pero con el tiempo su visión ha cambiado y, más evolucionada en este deporte, el espíritu competitivo ha prendido llama en ella, teniendo aspiraciones para conseguir una medalla.

Foto de anna-fernstadt.com

Y entonces llegó la sorpresa, en negativo, para esta atleta apenas tres semanas antes de los Juegos de Pekín: se descubrió que era diabética. Todo ocurrió a mediados de enero de 2022 durante la competición realizada en St. Moritz. Anna se sentía cansada, adelgazó demasiados kilos en poco tiempo así que se hizo análisis médicos. Los análisis confirmaron el diagnóstico: tenía diabetes. No quiso que esto le impidiera acudir a los Juegos de Pekín. Eso sí, su vida cambió a partir de entonces en el sentido de que tenía que vigilar su dieta, sus niveles de azúcar en sangre y suministrarse insulina. Llegó a estar hospitalizada cuatro días, aunque entrenó todo lo posible en un simulador y algo en la pista de Innsbruck, a escasos días del comienzo de los Juegos. Obviamente, no fue la preparación deseada para afrontar una cita tan importante, pero la checa no iba a permitir perderse algo por lo que había estado preparándose durante años. Otro problema se añadía: conseguir urgentemente de las autoridades antidopaje una exención médica por el uso de insulina. También le preocupó la cuestión del traslado de inyecciones a Pekín en unos momentos en que las restricciones y protocolos eran muy estrictos. De repente se esfumaron en su mente las posibilidades de medalla. En Pekín 2022, en efecto, Anna Fernstädt acabó en séptimo lugar, aunque se quedó a 86 centésimas de una medalla, la de bronce. Lo importante es que, ante una contingencia tal, apenas tres semanas antes de unos Juegos Olímpicos, esta deportista no se rindió y persiguió su sueño olímpico.

Foto de Pavel Golovkin/AP

Un comentario

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.