Concienciados olímpicos

SOFÍA BEKATOROU: LA CAMPEONA OLÍMPICA QUE ROMPIÓ EL SILENCIO INICIANDO EL MOVIMIENTO #METOO EN GRECIA

Ha ganado dos medallas de oro olímpicas además en un país al que no le sobran precisamente las medallas en los Juegos Olímpicos, pese a haberlos inventado. Pero ha saltado a las páginas de la prensa mundial por haber iniciado en su país el movimiento #MeToo, algo necesario en la sociedad patriarcal que, por desgracia, sigue siendo Grecia. Su nombre es Sofía Bekatorou, regatista, campeona en Atenas 2004 en la clase 470 y en Pekín 2008 en la clase Yngling. En Río 2016 fue la abanderada de su país. En diciembre de 2020 decidió decir al mundo que sufrió la violación de un alto cargo de la Federación Helena de vela (de su vicepresidente entonces, Aristídis Adamópoulos) en un apartamento en 1998, cuando ella contaba 21 años de edad, tras clasificarse para los Juegos de Sídney.

Foto de Buda Mendes/Getty Images

Durante años tuvo que sufrir “mucho trabajo de terapia” y sólo pasados todos esos años ha “encontrado la fuerza para tomar la palabra públicamente” pero, una vez dado el paso, la carrera para luchar contra los abusos sobre mujeres en su país ha ido a la velocidad de la luz. Su declaración ha sido la espita que ha abierto la Caja de Pandora. Desde su confesión otras muchas la han seguido, tanto en el mundo del deporte como en otros ámbitos, como el educativo o el de la cultura. A Bekatorou se han unido por ejemplo la subcampeona olímpica de salto de altura Niki Bakoyianni , la exwaterpolista Mania Bikov o la exregatista Marina Psychogiou, entre otras. Todas ellas han denunciado haber sido, como Sofía, víctimas de abusos. El hasta entonces casi inexistente movimiento #MeToo en Grecia renació, personificándolo en su auténtica impulsora, por lo que el hashtag más extendido era el #μετηνΣοφία (=Con Sofía).

La declaración de la bicampeona olímpica no solo ha supuesto un despertar en las denuncias de otros abusos, sino que ha movido al mismísimo Gobierno. El Primer Ministro heleno anunció enseguida una serie de medidas a tomar, como endurecer las penas para los agresores sexuales y ampliar el plazo para la prescripción de las agresiones a menores de edad. Además de ello, se creó una línea telefónica para animar a las mujeres a denunciar, así como una plataforma en internet y las escolares griegas cuentan desde 2021 con cursos de educación sexual que incluyen la noción de consentimiento. La Federación Griega de Vela no ha salido indemne de las acusaciones de Bekatorou. Tras una primera reacción francamente pasiva por parte de algunos directivos que, indirectamente, acusaban a la propia víctima de no haber denunciado antes y calificaron a la violación como “un suceso desafortunado” dos miembros de la Federación dimitieron, quién sabe si más avergonzados por el hecho en sí cometido en el pasado o por la cuanto menos tibia reacción en el momento de la denuncia. Después de las críticas recibidas por su insuficiente reacción inicial, por fin la Federación pidió la dimisión de Adamópoulos, pero éste insistió en su inocencia. Otra consecuencia derivada directamente fue el corte financiero de la poderosa Fundación Stavros Niarchos a la Federación de Vela a raíz de conocerse los hechos.

Por desgracia, el delito del que Sofía fue víctima ha prescrito, pero la exregatista anunció que podría formar parte de una denuncia colectiva en la que el agresor Adamópoulos haya cometido más abusos sexuales en épocas más recientes. Además, Bekatorou se ha convertido en una auténtica paladina de la causa, presentándose como testigo en el juicio, un año después de su confesión, de otro caso de abusos de una deportista que denunció a su entrenador por haberla violado diez años atrás, cuando ella contaba tan solo once. En las propias palabras de la campeona olímpica “Este juicio es muy simbólico. Yo estoy aquí para apoyar a la víctima en todas las formas posibles. Psicológicamente [nosotras, las víctimas] hemos pasado altibajos; sin embargo debemos mantenernos fuertes y soportar este doloroso proceso”.

Sofía Bekatorou se siente ahora con fuerza y asume su papel de “desencadenante” de un movimiento que se inició gracias a ella y que ya es imparable. Pretende “poner fin a los estereotipos de la sociedad”. Si en el pasado regaló medallas de oro olímpicas a su país ahora quiere entregarse a una causa aún mayor y más trascendente: “proteger a las generaciones futuras” gracias al paso que dio en 2020. “Quiero ayudar allí donde sea necesario para que otras mujeres puedan tener sus sueños. El #MeToo llegó como un río para limpiar las heridas, ayudar a sanar, motiva a la gente a hablar”. Sofía Bekatorou lo ha conseguido, ha despertado conciencias en una sociedad necesitada de un impulso así.

Un comentario

  • Virginia

    Ay que rabia más grande,que hartazgo siempre con los mismos que se sienten impunes, a ver si cambiamos de una puñeteras vez, los que hacen eso son unos mierdas que por sentirse superiores campan a sus anchas y como ven que no pasa nada siguen con lo suyo. El derecho de pernada ya acabohace mucho,a ver si de una vez por todas se dan cuenta TODOS.

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