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RULON GARDNER: EL CAMPEÓN OLÍMPICO QUE DERROTÓ A KARELIN Y SOBREVIVIÓ A ACCIDENTES EN LOS QUE PELIGRÓ SU VIDA

Esta es la historia de un superviviente. Su vida ha sido de película -de hecho, ya ha sido llevada, pero en forma de documental-. Las impresionantes cosas que le han ocurrido a nuestro protagonista bien podrían formar parte de un increíble film no documental, además de una novela-. Ganó el oro olímpico en lucha grecorromana ganando al más grande de la historia: Alexander Karelin y lo hizo batiendo el récord de trece años invicto y seis sin ceder ni un punto del luchador ruso. Ocurrió en los Juegos de Sidney, donde nuestro protagonista de hoy, el estadounidense Rulon Gardner ganara el oro. Pero su vida antes y después del hito olímpico es meritoria de ser contada.

Empecemos por su infancia, que le marcaría para el resto de su vida y en su carrera como luchador, en lo bueno y en lo malo. En lo bueno porque el riguroso plan de vida que llevaba, levantándose antes del amanecer para ordeñar las vacas de la granja familiar y cosechar en los terrenos familiares haría, según cuenta él mismo, que le sirviera posteriormente en la disciplina deportiva y en adquirir la fuerza que más tarde desarrollaría como luchador. Pero en su infancia también se forjó su carácter al ser insultado por sus compañeros de escuela; en parte por su enorme físico (huelga decir que le llamaron desde bien pronto gordo), por sus características (le pusieron el apodo de Dumbo) y por sus problemas de aprendizaje. Pero Rulon superó todo aquello. Al fin y al cabo, iba a conformar sólo el primer obstáculo en su vida de una serie de muchos.

Bien pronto comienza a ponerse en serio peligro su vida. Como iremos viendo, esto parece una constante en Rulon Gardner, mas acabó superando todos los incidentes que fue padeciendo. El primero tuvo lugar durante su infancia, cuando durante una clase fue herido en el abdomen con una flecha. Mientras, Rulan se adentraba en el mundo deportivo, concretamente a los seis años empezó a practicar lucha. Pasados los años se graduó en educación física por la universidad de Nebraska y, justo después, se dedicó por entero a la persecución de ser olímpico.

Venciendo el oro olímpico ante Karelin. Foto de Getty Images

Él mismo no daba un duro en superar al legendario Karelin en los Juegos disputados el año 2000. Cuando lo hizo, despertó la admiración de sus compatriotas. Rulon ganaría otra medalla olímpica más, el bronce en los Juegos de Atenas de 2004. La siguiente cita olímpica, la de Pekín 2008, la vivió desde detrás de los micrófonos de la NBC como comentarista. Quiso retornar al tapete olímpico en Londres 2012, pero superó el límite de peso en los trials de selección de su país, lo que le impidió viajar a la capital británica como componente del equipo estadounidense. Pero su carrera deportiva se queda pequeña ante los avatares que fue sufriendo a lo largo de su vida.

En 2002 llegó a luchar por su vida. Cambió el escenario del tapete circular donde se disputan los combates por un bosque de Wyoming. Los hechos acaecieron así: Rulon estaba embarcado en un viaje con motos de nieve con algunos amigos por Star Valley. En un momento dado se separó del grupo y fue a caer con su moto en las heladas aguas del río Salt. Se fue haciendo de noche y, con ello, bajaron las temperaturas, de por sí bajas. Rulon intentó liberarse de las aguas heladas, lo consiguió, aunque no tenía la ropa adecuada para soportar una noche a la intemperie. Su moto se había quedado atascada entre dos peñascos. El atleta llegó a caerse en el río hasta en cuatro ocasiones. Como no podía moverse más decidió construir “de aquella manera” un refugio y esperar a ser rescatado. La espera se alargó hasta 18 horas, horas en las que llegó a tener visiones. Cuando por fin le encontraron la hipotermia había hecho estragos en él. Tuvieron que usar una sierra para cortarle las botas. Gardner pensaba que iba a perder ambos pies, aunque al final “sólo” tuvieron que amputarle uno de los dedos. Dedo que guarda en formol en su nevera “para recordarle su mortalidad”.

Su paso por The Biggest Loser. Foto de Trae Patton/NBC

Cinco años más tarde Gardner tuvo que demostrar sus “superpoderes” o su buena suerte al superar otro accidente grave. En esta ocasión la avioneta en la que viajaba se estrelló en el lago Powell, en Utah. Él y el resto de los presentes tuvieron que nadar durante una hora en unas aguas que estaban a 7 grados hasta alcanzar la orilla. Una vez llegados a tierra, tuvieron que pasar la noche sin poder refugiarse en ninguna parte y sin posibilidad de hacer fuego. A la mañana siguiente un pescador que pasaba por allí los encontró.

¿Entienden ya por qué la vida de Rulon Gardner es digna de ser llevada a una novela y/o a la gran pantalla? Pues no hemos acabado con sus avatares. Aparte de en la pista y en los accidentes que le ha ido presentando la vida, este campeón olímpico ha tenido que luchar contra uno de sus mayores enemigos: la báscula. Ya hemos comentado que no pudo acudir a los Juegos de 2012 por su causa y eso que el año anterior había bajado considerablemente de peso. Ya después de los Juegos de Atenas Rulon había ganado la friolera de 95 kilos, alcanzando los ¡215 kilos! En 2011 participó en el reality show de la televisión “The Biggest Loser”, donde los participantes luchan por ser el que más peso pierde. Después de 16 semanas Gardner había perdido 78 kilos, pero improvisadamente abandonó el programa.

También hay que relatar su paso por las artes marciales mixtas (MMA), en las que entró en un breve periodo de tiempo, llegando a enfrentarse a otro campeón olímpico, en su caso en la disciplina del judo: el japonés Hidehiko Yoshida, el cual se había convertido en una estrella de las MMA. Gardner consiguió derrotarle, pero pronto abandonó esta disciplina por consejo de su madre, que le confesó estar avergonzada por el camino profesional que había emprendido. “Yo no he criado un hijo para eso”, llegó a decirle. Así que ahora Rulon Gardner se dedica a dar charlas motivacionales, a entrenar, ser agente de seguros, etc. La estabilidad profesional y económica la ha encontrado, eso sí, tras superar otro obstáculo -¿el último de su vida?-: la quiebra económica. Las inversiones que realizó en un gimnasio de su creación y en un balneario de su propiedad le llevaron a tener una deuda que alcanzaba los tres millones de dólares. Por ello se vio obligado a subastar no ya posesiones como sus vehículos, sino sus recuerdos olímpicos. Afortunadamente, con el tiempo ha podido ir recuperando sus medallas olímpicas. Tantos giros en su vida, irónicamente, le han llevado a la estabilidad, quizá como dice él porque “puede utilizar las experiencias de la vida” y convertirlas en algo positivo. Impresionante vida la de este campeón olímpico. No en vano el documental que se ha realizado sobre él se titula “Rulon Gardner no morirá”. Parece inmortal este campeón olímpico.

Foto de Katsumi Kasahara/AP

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