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ADHEMAR FERREIRA DA SILVA: MUCHO MÁS QUE UN BICAMPEÓN OLÍMPICO DE TRIPLE SALTO

Les presentamos a todo un personaje del atletismo que, en realidad, no necesita presentación alguna, porque sus hechos y su vida fueron tan destacados como para que no necesite nuestro reconocimiento. Pero el tiempo pasa y va borrando huellas que creíamos indelebles. La de Adhemar Ferreira da Silva debe marcarse de nuevo para que conozcamos a este campeón olímpico de otras décadas.

Nacido en Sao Paulo, de familia modesta, se acercó al atletismo a la nada temprana edad de 19 años. Antes, como buen brasileño, había dado sus primeros pasos en el fútbol, pero ni sus características físicas eran las más idóneas para ese deporte ni la competencia le permitiría despuntar. Adhemar trabajaba por entonces ayudando a sus padres, actividad que le permitió alejarse de los “peligros” de la periferia donde vivía. Pero también estudiaba durante las noches. Llegó a formarse en muchas facetas: graduarse como escultor, sacarse el título de educación física, el de Derecho y el de Relaciones Públicas, todos y cada uno de ellos en distintas instituciones educativas. Adelantaremos que su completa formación le permitió servir como agregado cultural en la embajada de su país en Nigeria.

En los Juegos de Melbourne 56

Si Adhemar demostró ser todo un portento en los estudios igualmente lo fue en el deporte del atletismo, al que precisamente sus horas de estudio, además de las dedicadas al trabajo, no le permitieron invertir todo el tiempo en principio necesario. Sin embargo, su genio natural estaba allí, esperando a que alguien lo descubriera. Ese “alguien” tiene nombre propio: el entrenador alemán Dietrich Gerner, que lo vio por casualidad y apreció sus capacidades. Gracias a su guía, Adhemar completaría una carrera que coronó con dos oros olímpicos.

Con 20 años de edad comenzó a practicar el triple salto, la prueba que acabaría dándole fama. Un año más tarde acudiría a sus primeros Juegos Olímpicos, los de Londres 48, aunque entonces sólo acabara en 14º puesto. En 1950 lograría su primer récord del mundo, aunque en realidad en esa ocasión igualaría el ya existente. Alcanzó entonces los 16 metros clavados, que superaría en un centímetro al año siguiente. En 1952 consigue su primer gran éxito: el oro olímpico en la cita de Helsinki. Paseo majestuoso el que tuvo en esa ocasión, pues batiría el récord mundial en la segunda ronda con una marca de 16.12 y en la quinta con 16.22. Se había convertido en el rey del triple salto. El resto de sus saltos fue espectacular, superando en dos ocasiones más los 16 metros. Hay que valorar en su justa medida ese concurso suyo, pues anteriormente los 16 metros habían sido superados tan solo en tres ocasiones, dos de ellas por el propio Ferreira da Silva. Esa final le enfrentó al que se convertiría en su máximo rival, el soviético Leonid Sherbakov, quien estableciera en la final olímpica el récord europeo y le arrebatara en 1953 el récord mundial durante unos meses.

El récord del mundo logrado en los Juegos de Helsinki. Foto del Museo Olímpico de Lausana

El siguiente ciclo olímpico vio cómo seguía superando su propio récord mundial hasta que llegó la cita olímpica de Melbourne. Volvió a conseguir el oro, lo que le convirtió en el único brasileño en defender título olímpico hasta que fue igualado por la selección femenina de voleibol, décadas más tarde (en 2012). Lo hizo estableciendo un nuevo récord del mundo, dejándolo en 16.35. Con todo, Ferreira da Silva sigue siendo el único atleta brasileño en haber ganado dos títulos olímpicos.

Aunque compitió en unos cuartos Juegos Olímpicos (los de Roma 60), el apodado en los de Melbourne “canguro brasileño” sólo conseguiría allí un modesto 14º puesto. En su descargo hay que decir que por entonces estaba enfermo de tuberculosis. Adhemar no era un triplista veloz, sino que su mejor característica era su capacidad de equilibrio. Era elegante, coordinado y flexible. Está claro que tenía una gran capacidad natural, puesto que no entrenaba mucho, apenas 3 ó 4 días a la semana. Se ha llegado a afirmar que inventó un estilo nuevo en el triple salto.

Adhemar Ferreira da Silva fue un hombre inquieto. Nos lo dicen sus estudios variados y sus múltiples ocupaciones. Llegó a ser locutor, periodista -escribía una columna en el diario “Ultima Hora”- y actor, participando encarnando a la Muerte en el célebre film “Orfeo negro”, ganador del Oscar a la mejor película en lengua extranjera así como la Palma de Oro del Festival de Cannes. Como curiosidad diremos que, como miembro que fue del club de fútbol de Sao Paulo, la camiseta de este equipo porta dos estrellas de oro sobre su escudo en honor a sus dos títulos olímpicos.

Foto del Comité Olímpico de Brasil

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