Heroínas olímpicas

JACQUELINE BÖRNER: INESPERADO ORO OLÍMPICO TRAS UN GRAVE ACCIDENTE

No son escasos los ejemplos de grandes campeones -en este caso, olímpicos- que nos asombran con hazañas tras sufrir percances que, en el caso de cualquiera de nosotros, “simples mortales”, habrían acabado con la carrera deportiva. Pero la perseverancia y la lucha de estas personas que parecen estar por encima de sus circunstancias les convierten en criaturas casi sobrehumanas. Hoy veremos uno más de esos casos: el de la patinadora de velocidad germana Jacqueline Börner.

Nacida en la por entonces Alemania del Este en plena guerra fría (1965), Börner se benefició del potente programa de su país para “fabricar” campeones. La extinta DDR se centró en unas cuantas especialidades deportivas siendo el patinaje de velocidad una de ellas. Así, lograron dominar ese deporte durante años y lo hicieron con varias figuras. En los Juegos de invierno de Albertville 92, ya reunificadas con Alemania Federal, las figuras del Este dieron su canto del cisne, proporcionando a Alemania una superioridad en el patinaje de velocidad con once medallas, primera nación en el palmarés total.

Pero este relato no va de una medalla de oro “más”. Sí que la protagonista -la citada Börner- la conseguiría, pero la cuestión es el cómo y el cuándo.

Börner se había iniciado en el deporte a la temprana edad de cuatro años, pero lo hizo en el atletismo, no pasando hasta los diez al patinaje de velocidad. A los 18 gana su primera medalla, un bronce en los Europeos, que repite dos años más tarde. Pero es que Jacqueline tenía a su más feroz competencia bien cerca, en las personas de la campeonísima Gunda Kleeman y, en menor medida, Andrea Mitscherlich. Börner no se amilana y avanza en su carrera, mejorando el metal de las medallas conseguidas y la categoría del campeonato, ganando ya en Mundiales. Ya hemos entrado en la década de los 90 y en los mejores años de la nacida en Wismar. Sin embargo, su carrera y casi su vida, se paran en seco. El 15 de agosto de 1990 la patinadora circulaba en su bicicleta como parte de su entrenamiento cerca de Berlín cuando fue alcanzada por un coche echándola a la cuneta. El accidente le produjo una gravísima lesión: rotura del ligamento cruzado anterior de la pierna derecha y fractura del pie izquierdo, además de lesiones en la cabeza. Jacqueline tenía por entonces 25 años y estaba en el mejor momento de su carrera. Ella mantuvo que el choque fue intencionado, pero que tuvo la suerte de realizarse con un coche Trabant (de fabricación alemana del Este y conocidos por sus deficiencias y fragilidad), así que comentó no sin ironía “Si hubiera sido cualquier otro coche no podría contarlo”.

Foto del COI

Ni que decir tiene que ante Börner se presentaron meses, varios, de dura rehabilitación. Sólo el tiempo que tuvo pasar en el hospital fue de cuatro meses. Sin embargo, tras salir del mismo entrenó durante únicamente otros cuatro meses para poder estar en la cita olímpica. Luchó duro, pero ni ella misma confiaba en poder ganar una medalla en Albertville 92, dadas las circunstancias y la premura de tiempo. Aun así, poco antes de los Juegos, ya ganó una medalla en una prueba de la Copa del Mundo en noviembre del 91. Para cuando disputó los Juegos sólo había pasado un año y medio desde su grave accidente.

En Albertville todos pensaron que su compatriota Gunda Niemann (antes Kleemann) haría historia. Y sí, ganaría en las pruebas de las distancias más largas (3.000 y 5.000 metros), pero en la de 1.500 se ve sorprendida por Jacqueline Börner empañando ligeramente el palmarés de Niemann, que dejó de ser inmaculado. La distancia que separó a Jacqueline de Gunda fue de tan solo 0.05, pero suficiente para que la primera se hiciera con uno de los oros más meritorios de la historia olímpica. Por cierto, que la tercera en discordia, el bronce de los 1.500, fue la japonesa Seiko Hashimoto, actual ministra de su país para los Juegos Olímpicos.

En la recuperación extraordinaria de la patinadora mucho tuvo que ver su entrenador, el prestigioso Thomas Schubert. Tras el accidente de Jacqueline, Shubert se encargó de insuflarle optimismo hasta que pudo empezar a entrenar. Sus esfuerzos dieron sus frutos. Años más tarde, en 2004, entrenador y pupila se casarían, aunque Schubert declara que se enamoraron únicamente cuando ya había acabado la carrera de Börner. Por cierto, que una vez retirada la campeona olímpica se convirtió en la máxima responsable de la sección de patinaje de velocidad del club Berliner TSC.

Foto del COI

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