Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 88: EL DESPRECIO EN EL PODIO DE LOS 400m MASCULINOS DE MÚNICH 72

Los Juegos Olímpicos de Múnich 72 serán sin duda recordados para siempre por el lamentable suceso del atentado sobre los atletas israelíes. Se pueden perder, por tanto, otros hechos acaecidos en ellos que resultaron ser destacables. Como el que comentaremos ahora, en el que unos simples gestos dieron al traste con una más que cantada medalla de oro para la delegación estadounidense.

Estamos hablando de atletismo y de las consecuencias de la actitud de los medallistas de oro y plata en la prueba masculina de los 400 metros. Dicha prueba preveía un podido todo del color de la bandera de las barras y estrellas, pero el máximo favorito, John Smith, no pudo subirse al podio debido a una inoportuna lesión en plena carrera que le impidió incluso acabarla. No habría podio totalmente norteamericano, pero sí ocuparían los dos primeros cajones sendos atletas de ese país: en el más alto Vincent Matthews y en el siguiente Wayne Collett. Lo que harían subidos a ese podio pasaría a ser de algo intrascendente a algo capital.

Matthews ya conocía lo que era colgarse una medalla de oro olímpica al cuello. Lo había experimentado en la edición anterior, en la carrera de relevos de 4x400m. En los Juegos de México 68 no pudo, no obstante, ni tan siquiera participar en la carrera individual de 400m pese a haber conseguido dos semanas antes un récord mundial que posteriormente no le fue reconocido al haber usado unas zapatillas con clavos no permitidos. Como en los trials de su país clasificatorios para los Juegos sólo fue cuarto, se esfumó su posibilidad de participar en la que era su prueba. Para la siguiente cita olímpica, la de Múnich que ahora nos ocupa, sí que se clasificó en los trials, pero por los pelos, quedando tercero detrás de Smith y Collett. Junto con Wayne Collett -plata- protagonizaría el “entuerto” que tuvo lugar en el podio de Múnich.

Foto de Life

Llega el momento de la premiación en el podio. Suena el himno de Estados Unidos en honor a Matthews, pero tanto él como su compatriota Collett se suben al escalón más alto, ponen los brazos en jarra, no cantan la letra del himno y, no contentos con ello, pasan todo el tiempo hablando entre ellos y gastándose bromas. No miran hacia la bandera, Collett estaba descalzo, los hombros de ambos, bajados.

Después de ese comportamiento tuvieron que soportar en primer lugar los silbidos y abucheos de la gente. Wayne Collett contestó al público que les criticaban mostrando su puño hacia ellos entrando en el túnel hacia los vestuarios. Esas críticas sólo iban a ser las primeras que recibieron. La prensa de su país los machacó pero más directamente les afectaría las decisiones que los altos organismos deportivos tomarían hacia ellos. El COI tomó la determinación de expulsarles de la villa olímpica. El entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, Avery Brundage, consideró que el comportamiento de ambos atletas había sido “aberrante” e inmediatamente decidió su expulsión. No olvidemos que tanto los Juegos como el propio Brundage venían de presenciar lo acontecido en el celebérrimo podio del Black Power de México 68. Al ser tanto Matthews como Collett de raza negra, todos -Brundage el primero- dieron por sentado que la actitud de ambos suponía otra protesta contra el racismo.

En efecto, el campeón y el subcampeón olímpico tuvieron que salir de la villa olímpica. El día de su marcha colgó una sábana blanca de la ventana de uno de los dormitorios del equipo de Estados Unidos en la que estaba escrito “Abajo con Brundage”. Según el autor Ollan Cassell fue el propio Vince Matthews el que colgó dicha sábana.

No acaba aquí la historia. El entrenador principal del equipo de Estados Unidos de atletismo, Bill Bowerman, peleó para que se permitiera el retorno de los sancionados. Entre otras razones (o como principal razón), porque no sólo le faltarían dos piezas importantes para su relevo 4×400, que aún debía disputarse, sino que con la ausencia de ambos no tenía atletas suficientes para presentar equipo para esa prueba. Bowerman llegó a contar con la inestimable ayuda de la leyenda Jesse Owens para llevar a cabo una charla con Brundage en un intento de cambio de opinión. Y no es que ni Bowerman ni Owens dieran la razón al dúo de atletas medallistas, antes al contrario, declararon que su comportamiento fue sencillamente estúpido y, desde luego, desafortunado e irrespetuoso, pero intentaron que ambos se disculparan. Pese a que Brundage durante esos Juegos tuvo que lidiar con un asunto mucho más grave y trascendental, como fue el atentado terrorista, sacó tiempo para reunirse con Bowerman y llegó a cambiar de opinión tras aceptar la disculpa del entrenador en nombre de sus atletas. La única condición que puso el presidente del COI fue que estuviera de acuerdo el Comité Olímpico de Estados Unidos. Ahí es cuando sigue el enredo, al enterarse Bowerman que el USOC no sólo no iba a aceptar las disculpas de los atletas, sino que el descontento del Comité nacional era aún mayor que el del COI, dolidos por el desprecio hacia su país y que el propio USOC había votado para expulsar a los dos atletas por “insultar la bandera americana”. Como víctima colateral, el propio atletismo de Estados Unidos al no poder presentar equipo para la prueba de relevos 4×400 en la que eran claros aspirantes al oro.

Años más tarde los dos protagonistas de estos hechos hablaron de las razones de su comportamiento. Declararon no sentirse anti-americanos, pero se mostraban más de la parte de la lucha de los negros americanos. Collet, por ejemplo, declaró: “No podía estar ahí de pie y cantar las palabras del himno porque no creo que sean verdad”, añadiendo “creo que tenemos el potencial para ser un gran país, pero no creo que lo seamos”. Ambos, por cierto, ya habían ofrecido una pista de cómo se iban comportar en el podio al no realizar la habitual vuelta de honor al estadio con la bandera de su país.

Foto de Associated Press

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