Uncategorized

OLÍMPICOS QUE HAN ESTADO EN PRISIÓN

Hemos escrito en numerosas ocasiones no ya sobre las proezas de los deportistas olímpicos sobre el terreno de juego, sino sobre sus méritos fuera de ellos entregados a causas humanitarias, pero no todos los olímpicos iban a ser así. De hechos, en muchos, demasiados casos, nos encontramos con casos de olímpicos tan poco ejemplares como para acabar con sus huesos en prisión, como el caso ya contado aquí del campeón mejicano Humberto Mariles. De la -demasiado larga- lista hablaremos aquí de algunos casos, todos ellos convertidos en presos por todo tipo de diferentes razones. Esta es nuestra selección:

-El boxeador italiano Pietro Aurino fue considerado uno de los mejores peso máximo ligero italiano. Su sobrenombre (Il killer), ya nos pone sobre aviso. Fue olímpico en Atlanta 96, eliminado en el segundo turno por el que acabaría proclamándose campeón olímpico. Siendo ya profesional y campeón del mundo fue arrestado por “asocación camorrística y tráfico de armas”, por lo que fue condenado a diez años en prisión, de los que cumplió ocho. A su salida volvió a combatir en el boxeo profesional.

Alfried Krupp fue un empresario alemán miembro de una prominente familia de la industria germana que compitió en los Juegos de Berlín 36 llegando a subirse al podio, con la medalla de bronce al cuello. Compitió en vela. Para entonces ya era miembro del partido nazi, estaba al frente de la industria familiar, donde utilizaba trabajo de esclavos: judíos que cogía de los campos de concentración para trabajar en sus fábricas. Trabajó de cerca con la SS, llegando a la cúpula política en plena guerra, al ser nombrado ministro para la economía de guerra. En 1948 fue juzgado y sentenciado a doce años por “crímenes contra la humanidad”, aunque fue perdonado tras tres años. Seguimos viendo su nombre día a día cuando montamos en algún ascensor de ThyssenKrupp.

-El palista australiano Nathan Baggaley llegó a ganar dos medallas olímpicas en Atenas 2004, ambas de plata (en K1 500m y K2 500m), además de proclamarse tres veces campeón mundial. Pero su carrera se truncó cuando en 2005 dio positivo por esteroides y fue sancionado. Su intención era volver a la competición, pero en 2007 fue arrestado al serles encontradas en su coche 762 de tabletas de éxtasis y otras sustancias prohibidas. Se le acusó ante los tribunales de manufacturar y distribuir dicha sustancia. Más tarde se vio que en realidad se trataba de más cantidad de droga. Salió de la cárcel tras cuatro años, pero dos años más tarde volvió a ser pillado manufacturando droga y los cargos ascendieron a siete.

-Un caso bien distinto dentro de esta vorágine de “chicos malos” lo cumple el iraquí Falih Fahmi, hijo del presidente del Comité Olímpico de su país. Compitió en los Juegos de Roma 60 en varias pruebas atléticas, teniendo el honor de ser el abanderado de su país en la ceremonia de apertura. Era popular en los 80 en su país, cuando por ejemplo lideró la delegación iraquí en los Juegos de Los Ángeles 84, pero sin embargo fue arrestado en 1986 por “insultar a Saddam Hussein” delante de unos oficiales. Fue torturado, acusado de delitos más graves -de los que más tarde fue perdonado-, para ser finalmente ejecutado, más por provenir de una familia prominente que supusiera una amenaza potencial a Saddam que por otra causa.

Otros olímpicos destacados también acabaron con sus huesos en la cárcel, como:

Marion Jones, la célebre atleta no solo vio sus arrebatadas sus medallas por dopaje, sino que fue sentenciada a seis meses de cárcel por perjurio. De esos seis meses, pasó 48 días en confinamiento en solitario a consecuencia de una pelea con otra prisionera. Esos meses los definió posteriormente como “un infierno, pensando en todo momento que mi vida peligraba”.

Marion Jones al recibir su sentencia. Foto de Jason DeCrow, AP

-Otro olímpico célebre fue el griego Spiridon Louis, el vencedor de la primera maratón en los primeros Juegos (Atenas 1896) El caso es que fue condenado a la cárcel justo cuando ejercía de policía rural. ¿La acusación?: falsificar documentos militares en 1926. Pasó más de un año en prisión hasta que se le juzgó y fue absuelto.

-El atleta de Zambia Fabian Muyaba, que compitiera como velocista en Seúl 88 y Barcelona 92, fue acusado por los tribunales de Estados Unidos por fraude fiscal por una cantidad que ascendía a cientos de miles de dólares. Se le acusó de un delito contra Estados Unidos y se le condenó a pasar un largo periodo en prisión.

-Tenemos a otro campeón olímpico que no hizo honor a su medalla. El austriaco Wolfgang Schwarz fue campeón en patinaje artístico en los Juegos de Grenoble 68. En 2002 fue sentenciado a año y medio de prisión por importar a su país jóvenes lituanas para que sirvieran como prostitutas. Lejos de aprender del castigo de pasar por la cárcel, a su salida se vio envuelto en un intento de secuestro de la hija de un empresario rumano. Planeó todo, pero no llegó a ejecutar el plan. Al confesar su implicación fue arrestado de nuevo y sentenciado a ocho años.

¿Y qué pasa con los asesinos? ¿Y alguna mujer culpable? Pues la hay. Sin que sirva de precedente, tenemos el caso de:

Yvonne de Ligne, también patinadora. Esta belga participó en los Juegos de 1932. Durante la II Guerra Mundial, estando ya casada, se enamoró de otro patinador, pero fue pillada por su marido, que echó a patadas al amante de su mujer. En venganza, Yvonne planeó el asesinato de su marido, En el plan involucró a una tercera persona que pensó que el marido era un colaborador. Fue sentenciada a 15 años de los que cumplió seis, al sufrir seriamente una tuberculosis que acabó provocando su muerte.

Esta nefasta lista podría seguir, por desgracia, con delitos más o menos graves, siendo los acusados más o menos inocentes.

Un comentario

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.