Concienciados olímpicos

JOHANN OLAV KOSS: EL CAMPEONÍSIMO OLÍMPICO VOLCADO CON CUESTIONES HUMANITARIAS

Johann Olav Koss es una persona excepcional. A nivel deportivo, les suene o no su nombre -al practicar uno de esos llamados “deportes minoritarios”- se convirtió en una leyenda olímpica al lograr cuatro oros olímpicos (a los que hay que sumar una plata) en patinaje de velocidad; a nivel humano se ha dedicado desde su retirada a temas humanitarios a nivel planetario creando, entre otras tareas, su propia organización llamada “Right to Play” (=Derecho a jugar) y, finalmente, protagonizó una hazaña olímpica de esas que llaman la atención y que conllevan mucho mérito: en los Juegos de Albertville participó, llegando a ganar un oro y una plata, pese a haber pasado el día de la ceremonia de inauguración en cama debido a una inflamación del páncreas causada por un cálculo biliar. Los que lo hayan padecido saben los tremendos dolores que eso causa. Coincidirán en que Johann Olav Koss es todo un personaje que requiere nuestra atención e interés.

Este noruego no demostró en su niñez especiales cualidades en el patinaje de velocidad, que le acabaría encumbrando, pero sí dotes atléticas unidas a su pasión por la práctica deportiva. Con el tiempo se convertiría en un campeonísimo en su deporte, no solo gracias a esas cualidades físicas entrenadas desde hacía tiempo, sino también a su fuerza mental. Esa misma fuerza mental le haría no solo no renunciar a la que se convertiría en su primera experiencia olímpica -los mencionados Juegos de Albertville 92- pese a sus problemas de salud, sino que realizaría una actuación casi excelsa en ellos. Sin embargo, lo mejor a nivel de resultados estaba por llegar. Sería en la siguiente cita olímpica de Lillehammer cuando Koss ganó en todas las carreras que disputó con el añadido extra de sus respectivos récords mundiales. Una de sus victorias en esos Juegos supuso la segunda de la historia olímpica de su especialidad con mayor margen respecto al segundo clasificado. Incluso el equipo holandés, su mayor rival, le entregó como símbolo de respeto una mariposa dorada, un honor sólo reservado a los campeones holandeses. No es de extrañar que fuera nombrado ese año el Deportista del Año por la prestigiosa publicación del “Sports Illustrated”.

Foto de Ashoka Nordic

Si su carrera deportiva es de por sí lo suficientemente meritoria como para subrayarla lo es más su trayectoria personal, ya que pronto se involucró en programas de ayuda a los más necesitados. Al principio en su propio país, consiguiendo fondos para Redd Barna (=Save the children de Noruega) e implicándose en programas de deporte para niños con discapacidades. También pertenece a la organización MOT (Valor), dedicada a la promoción de estilos de vida sana entre la juventud noruega. Pero pronto sus aspiraciones para contribuir de alguna manera a la mejora del mundo se le quedaron pequeñas en su próspero país y Koss dio un paso adelante. Primero a nivel del terreno que más conocía: el deportivo, siendo nombrado miembro del COI donde se centró en las ayudas a olímpicos. En 2018 entró a formar parte de “Olympians for Life” por haber promocionado los ideales olímpicos para crear un mundo mejor usando el deporte. Fue asimismo nombrado embajador de Buena Voluntad por UNICEF. Se dedica con especial énfasis a los niños con discapacidades y con especiales necesidades. Con UNICEF ha viajado a Eritrea, Ruanda, Etiopía, Vietnam y otros países con necesidades. Por poner un ejemplo de las cosas prácticas que ha hecho, en 1995 realizó un programa que llevó el deporte y otras actividades recreativas a los niños de Ruanda para superar el trauma provocado por la guerra.

Las ganas de mejorar un mundo lleno de carencias le llevaron a crear su propia ONG a la que llamó Derecho a Jugar porque, viniendo del mundo del deporte, Koss quiere llevarlo a todos los niños del mundo y que tengan la oportunidad de practicarlo. La idea es usar el deporte como herramienta para proteger, educar y empoderar a los niños. Cuando comenzó con Right to Play atendió a 37.000 niños. Quince años más tarde ya atiende a un millón por semana.

Foto de Lemoyne/Unicef

Antes de eso ya realizó gestos que posiblemente supongan menos dinero a aportar como ayuda pero que poseen una simbología (además de un indudable valor sentimental inigualable) donando el dinero que le reportó su primera medalla de oro olímpica al proyecto de ayuda olímpica a Sarajevo, además de subastar sus patines de velocidad para entregar lo ganado a las víctimas de Sarajevo (no olvidemos, ciudad sede de Juegos Olímpicos de invierno). Johann Olav Koss divide su tiempo entre su labor como embajador de UNICEF, su labor promoviendo la Ayuda Olímpica en las naciones en desarrollo y su trabajo en su propia ONG Right to Play. Como hemos indicado, su objetivo fundamental es contrarrestar los efectos de la pobreza, las enfermedades y los conflictos bélicos en las comunidades más devastadas. Y no se limita a aportar dinero, sino que visita in situ dichas comunidades y realiza trabajo de campo. Right to Play es una organización importante, que cubre 20 países y cuenta con 14.900 entrenadores voluntarios y 620 personas en plantilla. Todo esa labor le dejó tiempo, no obstante, para trabajar como seleccionador nacional de su país, pese a no haber tenido experiencia previa como entrenador. Resultó ser toda una revelación también en ese cargo.

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