Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 73: LA CAÍDA EN CALGARY 88 QUE ESPOLEÓ A BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA

Estaba destinada a conseguir medalla en los Juegos de Calgary 88. Seguiría así los pasos de una senda que marcó su hermano “Paquito” Fernández Ochoa con un inesperado oro en la prueba del eslálon especial en los Juegos de Sapporo 72. La malograda Blanca Fernández Ochoa ya había logrado antes de la cita olímpica de Calgary triunfos en pruebas de la Copa del Mundo, así que no era en absoluto descabellado soñar con un metal en la máxima cita deportiva del mundo. Pero en la localidad canadiense Blanca no lo iba a tener fácil, teniendo que luchar ella sola frente a potentísimas escuadras que contaban en sus filas con estrellas como Vreni Schneider, Michela Figini y Maria Walliser (Suiza), Anita Wachter y Sigrid Wolf (Austria) o Christa Kinshofer y Marina Kiehl (Alemania), además de la local Karen Percy. Pero la decisión personal que había tomado Blanca de retirarse tras los Juegos de Calgary le proporcionaba un impulso mayor desde la puerta de salida para realizar un brillante papel. Quería retirarse por todo lo alto.

La prueba de gigante tenía todas las papeletas para proporcionar a la esquiadora madrileña la anhelada retirada con un triunfo. La primera manga la había colocado en la primera posición. Sin embargo, la obligada -y larga- pausa entre esa primera y la segunda y definitiva manga iba a resultar fatal para la española. Ahí le jugó una mala pasada la tensión psicológica sufrida durante tantos minutos. Llámese presión por querer hacer un buen papel en su retirada o por intentar igualar lo logrado por su hermano años antes, el caso es que a Blanca no le vinieron bien esos minutos de espera. Una vez más, en el deporte pesó más el aspecto psicológico que las habilidades físicas. Según sus propias palabras en una entrevista realizada a Rincón Olímpico con motivo de un homenaje a su hermano: “En mi caso esa espera es negativa, porque soy muy impaciente. Es difícil controlar, yo soy muy como Paco, muy impulsiva. Para mí era un esfuerzo concentrarme, no pensar. Era difícil, sí”.

El dorsal de la fatídica carrera de Calgary con dedicatoria a su hermano Paco. Foto de Instagram de Paula Fernández Ochoa

La estrategia de la de Cercedilla también falló, porque, visto a posteriori, incluso un noveno puesto le habrían proporcionado no ya una medalla, sino la de plata. La de oro se la habría llevado alcanzando el tercer puesto. Pero eso sólo se ha sabido con posterioridad, claro. Blanca no podía realizar esos cálculos. De haber realizado una bajada conservadora, de contención, la medalla habría acabado en su cuello, pero bajar sin darlo todo no estaba en sus planes. Salió a ganar…y perdió. Blanca perdió todas sus posibilidades en el fatídico momento en que, queriendo anticiparse a una puerta, se resbaló y cayó. En ese instante dijo adiós a cualquier tipo de medalla.

Se da la circunstancia de que a su hermano Paquito le tocó comentar por el canal nacional de la televisión la carrera. Lejos de narrar un triunfo de su hermana pasó por el mal trago de contemplar y tener que comentar su caída. En la pausa entre mangas se dice que Blanca le había comentado a su hermana “Es mío”, refiriéndose al ansiado oro.

El mazazo psicológico sufrido por la esquiadora española fue realmente duro. Según contó a Historias de los Juegos en la citada entrevista:“La experiencia de Calgary fue dura, ¡y mira que yo llegaba en forma! Es duro, pero es que eso es el deporte: es la dureza pero también la grandeza, y más en un deporte así, en que te lo juegas todo en apenas unos segundos. Y si sale bien no sabes la alegría que es”. Y es que Blanca venía de una temporada excepcional y se esperaba un gran resultado. No solo lo esperaba ella, sino todo el país, al que logró paralizar incluso con el intempestivo horario canadiense. Hasta el Parlamento paró su sesión para ver su carrera.

Tras la enorme decepción, la decisión de continuar. Espoleada por el entonces presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, que pidió a Blanca aplazar su retirada hasta los siguientes Juegos Olímpicos, Blanca Fernández Ochoa cambió de parecer y, en efecto, llegó hasta los Juegos de Albertville donde, justicia poética, sí que lograría la ansiada medalla que pusiera un digno colofón a su carrera. Pero eso es otra historia.

Foto de Dieter Edlincher/AP

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