HAVEN SHEPHERD: LA NADADORA «MILAGRO» QUE SOBREVIVIÓ AL SUICIDIO FAMILIAR CON UNA BOMBA HASTA PARTICIPAR EN LOS JUEGOS PARALÍMPICOS
En los Juegos Paralímpicos de Tokio tomó parte una nadadora a la que denominaban la “niña milagro”. Respondía al nombre de Haven Shepherd y no estaba destinada a vivir. Sobrevivió a un suceso de tintes dramáticos en el que, si la lógica hubiera imperado, habría muerto. Su historia es conmovedora pero con final feliz.

Había nacido en Vietnam, hija ilegítima de unos padres que no estaban casados entre sí (incluso algunos cuentan que uno de sus progenitores ya estaba casado) y eso en ese país ni se consiente ni se perdona. Los padres de Haven decidieron que, si no les dejaban estar juntos, lo estarían “para siempre en la eternidad”, toda la familia, lo que incluía a la pequeña Haven, por entonces de apenas 14 muertes. Así, llevaron a cabo un suicidio colectivo con una bomba estando Haven en brazos de su madre. Haven sobrevivió, de ahí el sobrenombre. Perdió las piernas y tenía quemaduras y metralla incrustada en la cabeza, eso sí, pero no perdió la vida.
A partir de ese momento pasó a vivir con sus abuelos pero tratar a una niña con discapacidad física en Vietnam en el seno de una familia con pocos recursos no parecía factible, por lo que no les quedó más remedio que ponerla en adopción. Ahí entró el matrimonio estadounidense de los Shepherd. Tenían ya seis hijos e incluso durante periodos acogían a niños extranjeros. El matrimonio tenía unos amigos que habían creado una fundación para ayudar a niños vietnamitas con necesidades y fueron ellos los que les hablaron del caso de una pequeña niña a la que le faltaban las piernas. Si piensan que la historia continúa con la adopción de Haven por parte de los Shepherd se equivocan. Todo fue mucho más rocambolesco y complicado, puesto que Haven fue primero adoptada por otro matrimonio de Estados Unidos, ayudados en la adopción por los propios Shepherd ya que tenían experiencia como padres de acogida de otros niños. A “mamá” Shepherd, no obstante, se le rompió el corazón, pues ya había conocido a Haven. El destino acabó uniéndolas, pues el matrimonio que la adoptó consideró que no eran los adecuados para ella y, así, Haven, fue finalmente adoptada por los Shepherd.

Es momento de centrarnos en esta joven, pues su espíritu positivo es de alabar. Haven siempre ve el vaso lleno. Si paseando por la calle alguien se queda mirando sus prótesis ella piensa que están admirando sus “piernas bonitas”. Esa positividad la ha llevado adonde ahora está, habiendo participado en los Juegos Paralímpicos. La natación, por cierto, no fue el primer deporte elegido por ella. Probó antes el atletismo, el baloncesto, el voleibol. Sabemos que descartó esos deportes…porque odiaba el sudor. Entre otras cosas, porque el sudor en las piernas hacía que le resbalaran sus prótesis. La natación, en ese sentido, no le produciría ese problema. Además, el nadar sin prótesis le producía una sensación de libertad, según ha confesado. “La piscina me hace sentir realmente empoderada”, ha afirmado. Empezó en la natación con diez años y con trece ya empezó a seguirla el equipo paralímpico de Estados Unidos.
Sus logros deportivos quedan un tanto al margen si tenemos en cuenta su faceta solidaria, pues Haven es voluntaria con personas que han sufrido amputaciones, en la mayoría de los casos soldados. Da charlas asimismo en colegios y subraya especialmente los “beneficios de ser diferentes”. Contar su historia en infinidad de ocasiones, darla a conocer, la ha convertido en un referente, pese a su corta edad. Incluso ha sido modelo para la marca Tommy Hilfiger. Es una activista de su causa y un espejo en el que reflejarse, todos, en realidad, pues su optimismo ante los lances de la vida -en su caso graves- hacen que nos replanteemos nuestras quejas por cosas nimias.
