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CARLO PAALAM: DE TENER QUE BUSCAR CHATARRA EN LA BASURA AL PODIO OLÍMPICO

La historia de Carlo Paalam es una de esas dignas de película o de ser noveladas. De hecho, fue dramatizada en parte en un episodio de una serie televisiva, aunque se centró en el momento culminante de su carrera como deportista, esto es, ganar una medalla en unos Juegos Olímpicos. Pero precisamente fue el proceso hasta llegar ahí lo que nos interesa de su historia, pues su vida supone todo un ejemplo de resiliencia, esfuerzo, confianza en sí mismo y sacrificios. Algo a lo que nos tienen acostumbrados los grandes campeones del deporte, salvo que la inmensa mayoría de ellos no tuvieron el pasado que tuvo Paalam.

Y es que este filipino tuvo una infancia difícil, muy a su pesar. Perteneciente a una familia numerosa de una pequeña localidad del país asiático vivió el abandono familiar de su madre cuando Carlo contaba seis años de edad, fruto del fracaso del matrimonio de sus padres. El padre se llevó a él y a sus hermanos a otra localidad en su búsqueda de un futuro mejor. En su nueva ubicación Carlo se puso a trabajar desde muy jovencito para aportar algo de dinero a su familia para comprar arroz y no fue precisamente en un trabajo fácil ya que no le quedó más remedio que hacerlo buscando chatarra entre las basuras. De ahí se ganó el aún preadolescente Carlo el apodo de “Pipi Lata”, ya que básicamente recogía latas. Cuando su padre le preguntaba de dónde sacaba el dinero que entregaba a la familia Carlo nunca decía la verdad.

Foto de Ueslei Marcelino/Reuters

Mientras, un vecino le animó a que participara en un parque local en una actividad dedicada al boxeo; vio maneras en él para dicho deporte y le sugirió que se apuntara en un gimnasio cercano para seguir practicando boxeo. Durante dos años compaginó el boxeo en el gimnasio con la recogida de chatarra entre las basuras. En 2009 empezó a dar un giro su suerte al entrar en un programa de entrenamiento financiado por las autoridades locales que suponían gastos de alojamiento y una pequeña paga mensual con la condición de que no abandonaran los jóvenes beneficiados con la ayuda sus estudios.

Carlo resultó ser bueno como púgil, entrando en el equipo nacional en 2013. Con el tiempo pudo acceder a sus primeros Juegos Olímpicos -los de Tokio 2020- no sin dificultad, pues no tenía la plaza cuando las competiciones se frenaron debido a la pandemia de Covid. Consiguió el billete olímpico debido a su ránking continental, que en ese momento le colocaba en el número 2 de Asia. Estuvo así en los Juegos gracias a una notificación en el último momento. Ya en los Juegos el recorrido que tuvo que hacer en ellos fue todo menos fácil.

Correos de Filipinas le dedicó este sello

En su primera ronda le tocó enfrentarse al experimentado irlandés Brendan Irvine, siendo considerado por poco el vencedor de dicho enfrentamiento. A continuación superó al argelino Mohamed Flissi, que había ganado dos medallas en campeonatos mundiales. Pero lo más duro estaba por venir, ya que su siguiente combate era con el vigente campeón olímpico Shakhobidin Zoirov, de Uzbequistán. Fue un combate tan duro que hubo de pararse en dos ocasiones debido a los cortes y lesiones de ambos contendientes durante la pelea. Un choque de cabezas de ambos púgiles, sin ir más lejos, provocó que se le abriera a Zoirov un corte sobre su ojo izquierdo. Superado ese escollo venció al local Ryomei Tanaka en semifinales con claridad para llegar hasta la final, que perdería ante el británico Galal Yafai. Su medalla de plata en peso mosca supuso la cuarta de Filipinas en los Juegos de Tokio contribuyendo de esta manera al mayor éxito del país en unos Juegos Olímpicos. En la siguiente cita olímpica de París Paalam tuvo el honor de ser el abanderado de su país en la ceremonia de inauguración. Allí competiría en otra categoría, la de peso pluma, alcanzando el quinto puesto.

El boxeo cambió la vida de Carlo y la de su familia. Con parte del dinero ganado les pudo comprar una casa y, sobre todo, le sacó a él y a los suyos de una más que precaria situación económica. Su vida parece el típico “sueño americano” convertido en realidad, solo que Carlo Paalam no es estadounidense ni un emprendedor de los negocios. Todo lo que ha ganado se lo debe al duro trabajo en los entrenamientos que se ve reflejado en las competiciones.

Foto de Luis Robayo/POOL/AFP

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