SUVI MIKKONEN: ENTRENADORA DE TAEKWONDO DEL ORO OLÍMPICO VIVIANA MÁRTON: «MI MÉTODO COMO ENTRENADORA ES QUE CADA DERROTA EN UNA LECCIÓN DE APRENDIZAJE»
Suvi Mikkonen ha conseguido como entrenadora el sueño que no pudo cumplir cuando competía como deportista. Esta finlandesa, que lleva más de diez años viviendo en España y entrena taekwondo en el club madrileño Hankuk junto a su marido Jesús Ramal, vivió en los Juegos de París cómo es ganar un oro olímpico, de la mano de su pupila, la húngara Viviana Márton.
Antes de ser una exitosa entrenadora -pues también lo fue de Adriana Cerezo y lo es de la hermana gemela de Viviana Luana, bicampeona mundial- Suvi Mikkonen fue olímpica en dos ocasiones. Pero sus vivencias distaron mucho de las experimentadas en París, expecialmente en sus segundos Juegos: “Participar en los Juegos Olímpicos de Londres fue el sueño cumplido y la realización de un camino. Todo fue nuevo, bonito, algo mágico. Nos quedamos a las puertas de la medalla, quedé quinta y de camino a Río me convencí que tenía que ir a por la medalla. Me metí una presión excesiva del resultado. Ya no era para divertirme o para ser mi mejor versión. Todo el mundo, mi país -Finlandia- estaban a la espera de que yo sacara medalla tras ser quinta y cuando no la conseguí en Río fue como si mi vida perdiera el sentido. Realmente yo me hundí y no supe gestionar ese momento. La presión del país me hizo sentir que había fracasado y tardé un tiempo en volver a levantarme”.

De todo se aprende, y los errores en la gestión de lo vivido al menos le sirvieron a Suvi años más tarde cuando se inició en sus labores como entrenadora: “Yo soy bajita para mi deporte y sobre el papel no podría tener éxito. Al buscar el potencial al máximo para alcanzar esa medalla olímpica no se valoró lo que había hecho, que era volver a clasificar para unos Juegos Olímpicos, que solo van 16 del mundo, estar entre la élite de la élite viniendo de un país en el que no había muchos apoyos. Todo fue por gestión propia, por un sueño, con ilusión, con un trabajo de equipo de mi club de España. Ese momento ha sido uno de los que más me ha enseñado para ahora, como entrenadora, saber transmitir eso a mis deportistas, de que no es “vida o muerte”, no pasa nada si se pierde un campeonato. Yo eso no lo sabía gestionar; yo cada vez que perdía era como si se rompía mi alma, era muy duro”.
Por cierto, que el taekwondo no fue el primer deporte para Suvi, sino otro de combate, el kárate, en el que se inició de una manera algo habitual entre sus practicantes: como defensa personal: “Empecé en el kárate cuando me mudé a Estados Unidos con mi familia. Mis dos hermanos mayores tuvieron algunos problemas de bullying en el instituto y mis padres decidieron apuntarles a un arte marcial para que aprendieran a defenderse, y como yo siempre quería hacer exactamente lo mismo que mis hermanos yo también me apunté, con cuatro años”.
Tras poner fin a su carrera como deportista se inició como entrenadora, una entrenadora que todos coinciden en considerar “visionaria”, con un método basado en disciplina, conciencia emocional y estrategia de adaptación, subrayado en la fortaleza mental y la capacidad de superación de los deportistas. Es por ello que es una de las entrenadoras de taekwondo más solicitadas a nivel mundial, organizando -entre otras cosas- campamentos internacionales con más de 300 deportistas de 26 países diferentes: “Convertirme en entrenadora fue un poco un proceso natural. Yo sabía que iba a seguir vinculada al taekwondo, porque es mi vida. Ser entrenadora fue una transición natural para mí”. Naturalmente mejoró su método de enseñanza evitando los errores que hubo en su carrera como deportista: “Sé que no he llegado a más como deportista por no haber sabido gestionar ciertos momentos por eso mi método como entrenadora es que cada derrota en lugar de un fracaso sea una lección de aprendizaje. A mí no me enseñaron a gestionar las derrotas y ahora lo quiero aplicar con los deportistas”.

La “perla” en sus labores como entrenadora ha sido el descubrimiento, literalmente, de las hermanas Márton, que se produjo casi sin intentarlo: “Descubrir a las gemelas Márton fue curioso. Fuimos a Tenerife siendo yo aún deportista, preparando el preolímpico para Río. El entrenador local de allí, que nos facilitaba las instalaciones para poder hacer las concentraciones, nos preguntó si podíamos hacer un día un seminario para los deportistas locales. Había dos niñas iguales, que no las diferenciábamos, que eran dos terremotos, súper metidas en los entrenamientos. Se las veía una energía especial, una atención especial. En ese entrenamiento nos llamaron la atención y les dimos un poco más de ‘feedback’ que a otros. Cuando acabó el entrenamiento sus padres, que estaban en la grada, no sé si es que vieron algo en mí reflejado de sus hijas, de que yo también era extranjera que estaba preparándome para unos Juegos Olímpicos y dijeron “Nuestras hijas pueden ser como ella, pueden soñar con ser olímpicas también” y nos pidieron que ellas entrenaran con nosotros. No le dimos mucha importancia porque tenían nueve años y vivían en Tenerife y nosotros en Madrid, pero a los dos años el padre nos llamó y nos dijo que ya se habían organizado y se venían a Madrid. Cuando llamaron Jesús [Ramal] les preguntó si estaban seguros, que probaran en otros gimnasios, porque es una familia humilde que iba a dejar toda su vida por un sueño. Fue una apuesta de todo o nada. Por suerte les salió bien”.

Como hemos mencionado, Viviana Márton ‘regaló’ a Suvi la sensación de vivir un oro olímpico en los Juegos de París, un oro que debe mucho a la finlandesa ya que ha sido ella la que le aportó serenidad y confianza, convirtiéndose prácticamente en su guía espiritual: “El oro de París 2024 de Viviana fue algo mágico, que no estaba ni en nuestros mejores sueños. Pasó como con Adriana en Tokio, que cuando nos preguntaban si tenía posibilidades de medalla decíamos que sí, que podía liarla, aunque tenía 17 años y todavía no había demostrado nada en el nivel senior; era como que se veía que podía pero nunca sabes cómo va a responder ante ese reto tan grande. Era lo mismo con Viviana. Si escuchas las entrevistas con Adriana antes de Tokio y las de Viviana antes de París eran muy parecidas, con la misma energía e ilusión, la misma confianza de que iban a ir a por todas. Se creía de verdad que podía ganar a cualquiera”.
No podemos dejar de preguntarle por su elección por parte del COI para ser una de las 30 mujeres seleccionadas para el programa ‘Women in Sports High Performance’ para empoderar a mujeres líderes en el deporte con el objetivo claro de que aumente el número de mujeres entrenadoras en deporte de alto nivel: “Es un programa en el que eligen a entrenadoras de diferentes modalidades deportivas. Yo fui la primera a la que seleccionaron, de taekwondo; fue una sorpresa total porque al fin y al cabo yo era una entrenadora nueva, joven, todavía no había quedado campeona olímpica Viviana. Dudé de si yo me lo merecía, pero cuando llegué al programa vi que las otras 29 mujeres estaban exactamente igual que yo. Me impactó el ver que las mujeres tenemos tantas dudas de nuestra capacidad”. Mikkonen juega un papel destacado para intentar alcanzar ese objetivo en un mundo cuyo panorama tiene claro: “Ahora se está empezando a ver un impulso para que haya más mujeres entrenadoras. Según haya más mujeres en esos puestos más mujeres se van a atrever a tomar el paso de convertirse en entrenadoras. La diferencia que veo con los hombres es que ellos con la mitad de conocimientos se lanzan, mientras que las mujeres tenemos dudas. Creo que ahora que se ha nombrado a una mujer como presidenta del COI va a ser un impulso muy grande. En las organizaciones hay muchos hombres en los puestos y como que hay mucha ‘hermandad’ y se autoprotegen entre ellos y nunca hay cambios. Al final se van quedando las mismas personas durante muchos años. Creo que ahora va a haber cambios. Hay muchas mujeres con capacidades, que se abran las puertas para que nos vayamos metiendo es algo fantástico”.

2 Comentarios
Virginia Bernardi Garrido
La experiencia es un grado y esa experiencia ayuda a otros deportistas. Fenomenal para las que llegan detrás y ella tendrá otro tipo de satisfacción.
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¡Qué relato tan humano! Suvis historia es un recordatorio divertido de que incluso las olímpicas más éxitosas necesitan un descanso (o una buena conversación con un entrenador visionario). Su paso del kárate para defenderse del bullying a la alta política olímpica es un viaje completo. Y su método de no vida o muerte suena casi como un plan de marketing para calmar a los nervios de los atletas… o simplemente una forma inteligente de evitar el estrés. ¡Muy acertado!