FRANCESCO PANETTA: LA ESPERANZA DEL ATLETISMO ITALIANO QUE NO LLEGÓ A CONFIRMARSE EN JUEGOS OLÍMPICOS
Entre finales de los años 80 y durante la década de los 90 un relativamente bajo (1.75 m) italiano destacó en la casi podríamos calificar de agónica prueba atlética de los 3.000 metros obstáculos, en gran parte dominada por los atletas africanos. Francesco Panetta, sin embargo, supo llamar la atención y obtener resultados prestigiosos.

Únicamente compitió en dos ediciones olímpicas -las de Los Ángeles 84 y Seúl 88- y no precisamente con grandes resultados, pero merece la pena conocer a este obstaculista apodado “Diesel” por realizar unas carreras “económicas” pero que le daban resultado. Pese a ser calabrés, sufría el calor y le gustaba el frío. Antes de su llegada a Milán contemos cómo fueron sus inicios. Sus primeras zapatillas -regalo de su padre- eran de tenis porque en esa época no existían la de running. Aun así, se trataba de unas Adidas sl 76, que él no había visto nunca de cerca, tan exclusivas eran. Sólo con tocarlas le supuso al futuro atleta de élite toda una sensación de los sentidos.
Fue su primer entrenador fue Giorgio Rondelli, el que le propuso marchar a Milán para correr con la Pro Patria, uno de los clubes de atletismo más prestigiosos de Italia. Recién llegado a la capital lombarda Francesco le “echaba carreras” al tranvía…y muchas veces ganaba él. Por otra parte, en numerosas ocasiones cuando entrenaba corriendo por la calle recibía insultos, gente ignorante de que a Francesco le faltaba poco para dar gloria y éxitos a su mismo país, Italia.
Empezó corriendo carreras de cross, para pasarse a los 3.000 obstáculos y a los 10.000 metros. Esas fueron las dos pruebas que disputó en sus primeros Juegos Olímpicos, los de Los Ángeles 84, pero en ninguna de ellas alcanzó las respectivas finales. Tuvo que esperar hasta el Europeo del 86 para ganar la plata en los 3.000 obstáculos para, un año más tarde, ganar el oro en esa prueba y la plata en los 10.000. Un dato que hay que destacar de este talentoso atleta: en 1987 corrió 35 carreras entre pista, carretera y cross: ganó en más de 30 de ellas.

En 1988 sufrió conflictos con su entrenador, que le acusó de “dejarse”. A eso se unió una pubalgia, lo que provocó que pasara más días en el fisio que entrenando. Pero lo que ocurrió en el campeonato italiano de cross ese mismo año es indicativo de su pundonor: Iba en el puesto 23º, siendo recriminado por su entrenador. A eso hay que añadir insultos que recibió. Todo ello no fue más que una incitación para que el atleta se “picara” y llegara a ganar la carrera, pese a la desventaja que tenía. Como se sabe, ese año de 1988 tuvieron lugar los Juegos Olímpicos de Seúl, en los que Panetta haría su última aparición olímpica, quedando únicamente noveno en la prueba de los 3.000 obstáculos. Respecto a la técnica de saltos sobre los obstáculos de esta prueba hay que decir que Panetta los superaba saltando con ambos pies, lo que le permitía no perder el ritmo. Sin embargo, nunca fue capaz de atacar los obstáculos con agua con ambos pies. Definitivamente saltar los obstáculos era su punto más débil, con una técnica no del todo perfecta. Panetta claramente prefería la carrera de los 10.000 metros, por encima de los 3.000 obstáculos. Era el típico ejemplo de atleta al que le gustaba estar a la cabeza de carrera.
Francesco Panetta debería haber acudido a los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, pero se lesionó un mes antes y, entendiendo enseguida que no iba a poder hacer un buen papel, se fue al mar y renunció a los Juegos porque no le bastaba con participar. Eso pese a que también se había lesionado apenas dos semanas antes del Europeo de Split en el 90, pero compitió y acabó ganándolo.
Finalmente es de justicia que destaquemos lo que ocurrió en el Europeo de del 94 celebrado en Helsinki. En la prueba de 3.000 obstáculos llegó a parar para ayudar a su compañero caído Alessandro Lambruschini, el cual había caído en un obstáculo que le produjo quedarse retrasado. Lambruschini acabó ganando la carrera y, por consiguiente, el oro, mientras que su “salvador” Panetta se quedó fuera del podio. No obstante, ese altruista gesto persiste en la memoria de los aficionados italianos al deporte y es apreciado más que toda una medalla.
