Concienciados olímpicos

LUYMAR HERNÁNDEZ: EL TIRADOR DE ESGRIMA QUE VOLVIÓ A NACER

Entrenaba para ser olímpico en los Juegos de Pekín de 2008 pero un desgraciado accidente lo impidió y las consecuencias afectaron a todo el deporte de la esgrima. Seguramente con la intención de atraer a más público a ese deporte aparecieron unas máscaras transparentes que permitían ver la cara de los contendientes. Mala idea. Después de lo que le ocurrió al venezolano Luymar Hernández todas las máscaras de ese tipo se retiraron del mercado. Algo parecido a lo que le ocurrió a su colega Vladimir Smirnov, cuyo accidente (y posterior muerte) hicieron que se cambiara el deporte de la esgrima para siempre.

Y es que no era para menos, porque por culpa de una máscara así casi pierde la vida. Durante un entrenamiento Luymar practicaba un combate junto a su cuñado, también tirador de esgrima, José Pastor. En esas que en un ataque doble la espada de Pastor entró en la careta de Luymar, rompiéndola y penetrando 30 centímetros por debajo del globo ocular. Llegó incluso hasta el hipotálamo y el tallo cerebral. Lo que ocurrió a partir de ese momento podría dar lugar a un capítulo de lo más sangriento y hasta morboso de una novela, una película o una serie. Lo primero que se hizo fue quitarle la máscara a Hernández, que se encontraba tirado en el suelo, porque la sangre le estaba ahogando. El desdichado Luymar no había perdido la consciencia y aún recuerda viéndose a sí mismo yendo en ambulancia, en un estado lamentable, desvariando. Ya en el hospital se le indujo al coma, del que no despertaría hasta pasado un mes.

En su mano, la máscara del accidente. Foto de 20 minutos

Cuando despertó su estado distaba mucho de ser el de antes del accidente -porque, insiste Luymar, fue un accidente, que tuvo como daño colateral la afección psicológica que sufrió el autor nada intencionado de los hechos, su cuñado-. Había perdido una cantidad ingente de kilos, tantos como la mitad de los que tenía antes (90). No podía hablar ni caminar, casi ni comer a causa de la traqueotomía que le tuvieron que hacer; tenía asimismo afectado el sentido del equilibrio. Pese a todo, saber que su hija estaba a punto de nacer le proporcionó una fuerza extra para salir adelante, para mejorar. Tanto es así que asombró a los médicos adelantando en muchos meses el pronóstico de lo que tardaría en volver a poder caminar. No obstante, durante años tuvo que pasar por terapias y por operaciones, muchas, demasiadas. A día de hoy está casi perfecto, aunque con una cierta falta de sensibilidad en parte de su cara y una enorme cicatriz que aún se puede ver por detrás de su cuello y cráneo. El sueño de ser olímpico, es más: de ser medallista olímpico, voló para siempre. Ahora el objetivo era otro: reaprender todo lo que su cuerpo había olvidado, poder sostener en brazos a su hija y volver a ser -en cierta manera- la persona que era antes.

Luymar Hernández se trasladó a vivir a España y en su capital volvió a la esgrima…de cierta manera. Esta vez en la enseñanza, intentando que cada vez más miembros de las nuevas generaciones se enganchen al deporte por el que no ha perdido su pasión. Incluso ha vuelto a competir en una competición organizada por la Federación Española de Esgrima. Y no se queda en eso, pues ha fundado la Asociación Civil Esgrima Sin Fronteras, para educar y formar a jóvenes a través del deporte, a que otros logren el sueño olímpico.

Luymar celebra el día de su “nuevo nacimiento” como una segunda fecha de cumpleaños el día en que todo ocurrió porque, piensa, un milagro le salvó la vida en un día en que podría haber muerto.

Foto de Ángel Rivero/Marca

Un comentario

  • Virginia Bernardi Garrido

    ¡Uff, que historia!, hay que estar contentos por saber que no perdió la vida pero menudo momento y además sabiendo todo el tiempo lo que había pasado. Durísimo pero demuestra una vez más que los deportistas de élite y más si no son de deportes masivos, están hechos de otra pasta.

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