Parejas olímpicas

LAS GEMELAS SHIRLEY Y SHARON FIRTH: UNAS DE LAS PRIMERAS INUIT EN SER OLÍMPICAS

Nacer en la pequeña aldea de Inuvik, en plena tundra, frente al espectacular paisaje que ofrece el río Mackenzie en los Territorios del Noroeste de Canadá, con temperaturas de frío extremo, no impidió a las gemelas Shirley y Sharon Firth hacer historia en unos Juegos Olímpicos, sin necesidad siquiera de subir a podio alguno. Hicieron historia porque se convirtieron en unas de las primeras deportistas aborígenes -en su caso Gwich´in- en ser olímpicas y lo hicieron en esquí de fondo no precisamente por la costumbre de su pueblo en el esquí. Aunque nos cueste creerlo, la práctica del esquí de fondo entró muy tarde, bien entrada la segunda mitad del pasado siglo, en Inuvik. Sí que les facilitaría en su futuro como esquiadoras de fondo el haber sido entrenadas desde pequeñas en la caza y en estar acostumbradas a un frío intenso, en muchas ocasiones de 45 grados bajo cero. Ello les ayudaría en el esquí a tener los pulmones habituados a las peores condiciones de frío.

Shirley Firth en los Juegos de Lake Placid. Foto de PC Photo/AOC

De niñas las gemelas siguieron las costumbres que sus padres les enseñaron: cortar y empaquetar madera, obtener agua del río, encontrar animales escondidos, pescar, etc. Hasta que un día a un cura católico (Jean-Marie Mouchet) aficionado al esquí de fondo le fue asignada la iglesia local. Observó las condiciones atléticas de las hermanas y tuvo la idea de introducirlas en el deporte. Para ello invitó a un amigo noruego, entrenador de esa modalidad deportiva, y a la propia federación canadiense de esquí, a observar a las Firth. Shirley recibió enseguida un par de esquíes y su madre la dejó participar en competiciones con una única condición: que con ella fuera su hermana Sharon.

El plan del padre Mouchet parecía que marchaba, pues recibió la ayuda estatal del Programa Experimental Territorial de Entrenamiento de Esquí para promover el deporte en todo el país, principalmente en las zonas más remotas, para integrar a jóvenes de los pobladores indígenas en la sociedad canadiense. Este fue el empuje que necesitaron las hermanas Firth para convertirse, al poco, en las mejores del país en su especialidad. El programa, no obstante, era muy duro: en invierno entrenaban durante horas en total oscuridad a 40 grados bajo cero, mientras que en el verano tenían que luchar contra los mosquitos que abundaban en la tundra, donde seguían entrenando.

Sello que Canadá dedicó a las hermanas

Los esfuerzos -físicos y económicos- dieron sus frutos: entre ambas coleccionaron 79 medallas, 48 de ellas títulos nacionales. Sus carreras fueron largas y prolíficas. Shirley llegó a ser votada en seis ocasiones la mejor esquiadora de fondo de Canadá por la revista “Ski Racing”. En cuanto a Juegos Olímpicos compitieron en cuatro ediciones: las que van de Sapporo 72 a Sarajevo 84, siendo el mejor resultado de ambas el séptimo puesto en los Juegos de Innsbruck 76 en el relevo 4×5 km, donde compitieron juntas.

Tanto a Shirley como a Sharon de lo que más les gustaba de competir a nivel internacional era poder viajar y conocer mundo; ésa fue una de las razones por las que se unieron al equipo nacional. Pero también tuvieron que adaptarse a formas y costumbres de vida completamente diferentes a las que ellas estaban acostumbradas, como por ejemplo la comida: “Tuvimos que comer fast food, lo que es un crimen. A veces pasábamos hambre porque no podíamos comer esa comida e incluso competíamos con el estómago vacío”. Cuando volvían a su aldea eran recibidas con extrañeza, haciéndolas sentir como auténticas forasteras en su propia localidad natal. Shirley, de hecho, con el tiempo se mudó a Europa. Se licenció en la Universidad de París y dio conferencias sobre las culturas Inuit y Dene en universidades y centros culturales de varios países de Europa. Por su parte Sharon se convertiría en Consejera del Programa para la Juventud de los Territorios del Noroeste.

Cuando entraron en el Salón de la Fama del deporte canadiense compartieron y dedicaron el honor a las 33 comunidades de las llamadas Primeras Naciones de Canadá.

Foto de la Canadian Ski Association

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