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TAMIO KONO: DEL CAMPO DE RECLUSIÓN DURANTE LA II GUERRA MUNDIAL AL ORO OLÍMPICO

Esta es la historia de todo un personaje lleno de contradicciones que nos pueden llevar a engaño. Ni su nombre ni su aspecto físico nos harían pensar que fue lo que fue. Tamio Kono era, para empezar y pese a ese nombre, estadounidense y su aspecto -permítanme decir- incluso escuchimizado poco podría hacernos ver que fue un campeonísimo de la halterofilia. Su historia merece ser revisitada.

Les he engañado en cuanto a su nombre porque Kono era de origen japonés, aunque nacido en Sacramento, California. Como tal, perteneciente a una familia japonesa, sufrió durante la II Guerra Mundial el confinamiento en un campo de prisioneros simplemente debido a su origen. Curiosamente, pocos años más tarde daría infinidad de medallas de oro a Estados Unidos. En cuanto a su aspecto físico no les he mentido, pues de niño el asma le dejaba muy debilitado, hasta el punto de perderse al menos un tercio de las clases en la escuela, además de no poder participar, ironías de la vida en un futuro campeón olímpico, en las clases de educación física.

Foto de Central Press/Hulton Archive/Getty Images

Pero fue justamente el asma, por paradójico que pueda parecer, lo que convertiría a Tamio (también conocido como Tommy) en el campeón de halterofilia en el que con el tiempo se convertiría. Durante su periodo de detención con el resto de familias de origen japonés Tamio descubrió que el aire del desierto aliviaba su respiración. De repente vio un anuncio sobre culturismo y, junto otros dos amigos, se apuntó a un programa de entrenamiento de levantamiento de pesas con el fin de fortalecerse. Realmente si ven fotos del “antes de” verán a un Tamio del que nunca imaginarían podría levantar pesas.

Acabada la guerra comprobó que el entrenamiento efectivamente había transformado su cuerpo y, para 1948, ya participaría en competiciones. Kono mejoró rápidamente hasta convertirse en un campeón, primero zonal, luego nacional…y el resto es historia. Porque Tamio Kono ha sido el único haltera de la historia en ganar medallas olímpicas en tres clases (de peso) diferentes, además de ser el único hombre en establecer récords mundiales en cuatro clases diferentes. Sobre récords hay más que hablar, pues Kono establecería a lo largo de su carrera hasta 27 récords mundiales. Más datos nos muestran la grandeza de este deportista: desde 1953 hasta 1959 se mostró invicto. Si a eso sumamos que que se hizo con seis títulos mundiales consecutivos no nos extraña que haya sido considerado, por estamentos especializados, como el mejor haltera de la historia.

Hablemos de su trayectoria olímpica, la cual llegó a estar en vilo a causa de otra guerra: la de Corea. Otra ironía en la vida de Kono: después de haber pasado un tiempo retenido en un campo de concentración (aunque en territorio estadounidense) tuvo que incorporarse al ejército de Estados Unidos en 1952 y enviado a un campamento de California en preparación para la guerra de Corea. Afortunadamente entraron en acción amigos que sabían de sus capacidades deportivas, así que consiguió un traslado a un campamento en cuyas cercanías estaba el Centro de halterofilia de Estados Unidos, donde podía entrenarse mientras. Incluso el Ejército pagó por su entrenamiento, algo que no lamentaría, pues Tamio pudo así acudir a los Juegos Olímpicos de Helsinki de ese año 52 y ganar la medalla de oro con un nuevo récord mundial.

Como culturista. Foto de Tommy T. Kono

Tamio Kono empezó en los pesos más ligeros, como era lógico dada su naturaleza, para ir pasando posteriormente a categorías de mayor peso tras años de entrenamiento que fueron formando su cuerpo. Así, en la siguiente cita olímpica ganaría el oro en la categoría media para hacerse con la plata en los Juegos de Roma 60 en otra categoría diferente. También hay que resaltar que, según iba formando su cuerpo, también se introdujo en otra modalidad deportiva: el culturismo, llegando a ganar en tres ocasiones (y durante el periodo en que seguía siendo atleta olímpico) el título de Mr. Universo.

Kono era capaz de levantar su propio peso. En parte lo lograba gracias a una característica básica que dominaba: la concentración. Y eso que no estuvo exento de lesiones, particularmente en su rodilla. Tanto es así que, cuando se retiró, además de dedicarse a ser entrenador nacional de selecciones de diversos países, aplicó sus conocimientos para crear productos para proteger las rodillas, por ejemplo una especie de bandas con el objetivo de proteger la salud de los halteras y ofrecerles una mayor seguridad que llegó a vender medio millón de unidades en 1972. También desarrolló junto a la firma Adidas un calzado especial para halterofilia mejorando la movilidad del tobillo, ya que hasta ese momento los halteras usaban un calzado demasiado alto.

En definitiva, un campeón hecho a sí mismo y entregado por completo a su pasión: la halterofilia.

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