Los otros olímpicos

ETERI TUTBERIDZE: LA FABRICANTE DE CAMPEONAS CONVERTIDAS EN JUGUETES ROTOS

Eteri Tutberidze ofrece muchas luces y muchas sombras. A su título de mejor entrenadora del mundo de patinaje artístico otorgado en 2020 une los recelos de sus colegas extranjeros; sus indudables éxitos con oros olímpicos de sus pupilas se vuelven opacos tras lo ocurrido con una de ellas -Kamila Valieva- en los Juegos de Pekín 2022, al descubrirse su positivo por dopaje; a su método incuestionablemente resultadista se oponen dudas morales sobre el tratamiento de sus patinadoras, la inmensa mayoría en edad púber. Eteri, la “fabricante” de campeonas, que desecha al poco de haber conseguido sus metas, posee un currículum indudable, pero también un sistema de trabajo que llega a ser despreciable. Analizamos los porqués.

Nacida en Moscú en el seno de una familia obrera un hecho a destacar en su infancia nos da una pista del carácter frío y de persona hecha a sí misma que posee la actual entrenadora de patinaje: la menor de cinco hermanos no fue considerada, junto a sus tres hermanas, como vástagos de su padre, que sólo reconocía como hijo suyo al varón. “No contáis”, les dijo fríamente el padre a sus hijas. Mal comienzo vital para la Eteri niña. Al poco empezó en el patinaje, combinándolo con estudios de piano (completados más adelante con estudios de coreografía y de educación física). Llegó a entrenar con la prestigiosa Tatiana Tarasova y también lo hizo con la mítica pareja de danza compuesta por Ilia Averbukh y Marina Anisina, así como con Oksana Grischuk. La creme de la creme del patinaje mundial. Pero Eteri sufrió una lesión de columna lo que, unido a falta de dinero, hizo que se pasara a espectáculos de ballet sobre hielo en giras por Estados Unidos siendo aún muy joven (18 años). Allí experimentó ciertos episodios vitales que bien pudieran haberle marcado: se casó con un americano, con el que tuvo una hija, para ser posteriormente abandonada por él. También tuvo problemas legales como consecuencia de un error en la emisión de su pasaporte, lo que conllevó a la rescisión de su contrato en la gira americana y a tener que llegar a comer en comedores de caridad. Finalmente, un episodio traumático: sobrevivió al ataque terrorista del 19 de abril de 1995 en Oklahoma al vivir en la residencia de la YMCA donde se produjo.

Con Kamila Valieva en Pekín 2022. Foto de Getty

No acaba aquí la racha de desgracias de Tutberidze, pues a su vuelta a Rusia no le fue tan fácil encontrar trabajo, ya como entrenadora, aunque su constancia y tesón hizo que sus contratos fueran alargándose y agrandándose. Sin duda su punto de inflexión, ese que le puso en el mapa mundial del patinaje fue la plata olímpica en Sochi de su pupila Yulia Lipnitskaya. Ese fue el principio de algo grande…pero también el principio del final. Porque la campeona de Sochi, que lo fue con tan solo 15 años, al poco tiempo se retiró (la primera de muchas pupilas de Eteri) y lo hizo en unas condiciones mentales deplorables: depresión, ansiedad, anorexia nerviosa y paranoia. Un pago demasiado alto por los laureles olímpicos. Eteri le había exigido demasiado. Yulia fue la primera muestra del “estilo Eteri” consistente en pulir a niñas mientras sus cuerpos aún son maleables. Siempre tienen que tener menos de 17 años; a partir de entonces no le sirven. Saltar un cuádruple sin tener un cuerpo ni siquiera adolescente es harto complicado, así que las “patinadoras kleenex” de Eteri o se retiran o cambian de grupo de entrenamiento.

Con Alina Zaguitova y Evgenia Medvedeva en Pyeongchang 2018

No solo se ha criticado este estilo que se asemeja a una fábrica “constructora” de campeonas en serie con obsolescencia programada. También producen rechazo los métodos espartanos de Eteri: las niñas pasan hambre; viven en un régimen más parecido a un campamento militar; se ven afectadas mentalmente por la dureza de sus comentarios (famosa es la frase con la que recibió a una ya machacada moralmente Kamila Valieva tras sus fallos en el programa libre de los Juegos de Pekín: “¿Por qué lo dejaste pasar? Explícamelo, ¿por qué?”, que fue criticada por el mismísimo presidente del COI, Thomas Bach); las niñas tienen que entrenar en sesiones larguísimas, juntas, haciéndose la competencia entre sí; haber ganado una medalla de oro es un rasgo menor despreciado por Eteri, que las hace de menos; en fin, condiciones para nada ideales. Se la ha llegado a acusar de usar con ellas métodos para retrasar su crecimiento pero a ella no le hace falta recurrir a eso, pues simplemente tiene una cantera detrás tan potente y amplia de patinadoras con capacidad de convertirse en las número 1 del mundo que le da igual. Cuando una de sus pupilas crece la desecha y ya está. A todo esto se le ha unido el escándalo sumo que puede haber firmado su sentencia de muerte como entrenadora: el uso de una sustancia dopante -trimetazidina- encontrado en Kamila Valieva en plenos Juegos Olímpicos de Pekín cuando estaba destinada a convertirse en campeona olímpica. Valieva habría sucedido así a Alina Zaguitova (campeona en Pyeongchang), otra patinadora “de quita y pon” para Tutberidze. Le dio el oro olímpico, otras medallas de relumbrón y ya más no se supo de ella. Zaguitova ocupó en Pyeongchang una plaza que estaba destinada a ser de Evgenia Medvedeva, su compañera de entrenamiento, campeona de todo hasta la cita olímpica. En los Juegos Olímpicos de 2018 Eteri optó por Zaguitova, cuando ya todo el mundo del patinaje daba por campeona a Medvedeva. De Pyeongchang todos los espectadores recordamos la tristeza de Medvedeva por ser “sólo” plata. Había sido dejada de lado por su propia entrenadora. Poco después decidió alejarse de ella y pasó a entrenar con Brian Orser, criticando abiertamente los métodos de su ya exentrenadora.

Premiada por Putin. Foto de Itar/Tass/Alamy

Eteri fagocita a las grandes campeonas. En su descargo hay que reconocer su gran ojo para atraer a potenciales campeonas y también que, indudablemente, bajo su batuta esas niñas adquieren una técnica altísima pero, ¿merece la pena? Así, han ido pasando por sus manos medallistas en Mundiales y Europeos, además de en Juegos Olímpicos, como Alexandra Trusova, Anna Shcherbakova o Aliona Kostornaia por citar solo unos pocos nombres. Todas ellas podrían haberse proclamado campeonas olímpicas sin problemas, tal es su nivel. En muchos grandes campeonatos internacionales las patinadoras entrenadas por Eteri copan el podio pero, insistimos: ¿merece la pena ese grado de sacrificio y, sobre todo, de considerarlas cual objetos desechables? Además, el estilo de Eteri ha sido criticado por centrarse demasiado en la técnica y no en la parte artística, que casi desprecia, pese a ser coreógrafa y exbailarina. Sus patinadoras parecen realizar una sucesión de saltos sin más. Más que cantera de campeonas Eteri está al mando de una fábrica. Las patinadoras no es que acaben retiradas en plena adolescencia: es que acaban cual despejos humanos a nivel emocional.

Ahora, tras el dopaje de Valieva, causado directamente por Eteri ya que ella cuenta con 15 años y no puede serle achacado el mismo, Eteri no solo ha sido defenestrada, sino que está siendo investigada por las propias autoridades rusas. Autoridades hipócritas que también han “usado” los triunfos proporcionados por Eteri, a la que han premiado en Rusia y con la que desde Putin hasta el último directivo ha presumido fotografiarse. Los propios aficionados rusos no cesaron de publicar en las redes sociales críticas abiertas a Eteri y lograron posicionar muy alto el hashtag #ShameTutberidze por lo provocado a Kamila Valieva. No sabemos hasta qué punto los métodos de Eteri Tutberidze son el resultado de la forja de su carácter tras sus traumáticas experiencias vitales o al sistema ruso de crear campeones “cueste lo que cueste”. Posiblemente sea una mezcla de ambos, pero, en cualquier caso, el “caso Valieva” ha podido poner el freno y la sentencia al “sistema Tutberidze”.

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