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BIBIAN MENTEL: LA PIONERA QUE PELEÓ PARA LA INCLUSIÓN DEL SNOWBOARD EN JUEGOS PARALÍMPICOS

Durante los Juegos Paralímpicos de Pekín 2022 muchos tuvieron en su mente y en su corazón a una persona que no competía en ellos. Había sido la campeona en parasnowboard en las dos ediciones anteriores y se había retirado justo después de competir en Pyeongchang 2018. Fue una pionera de su deporte y mentora directa de otros que la han seguido. Murió justo un año antes de la celebración de los Juegos Paralímpicos de Pekín, pero su espíritu seguía presente en ellos. Hablamos de la neerlandesa Bibian Mentel, toda una institución en el parasnowboard con una increíble historia humana de superación detrás.

Porque Bibian era deportista antes de ser para-atleta. De hecho, iba a participar en los Juegos Olímpicos de Salt Lake City 2002. Llegó a abandonar sus estudios de Derecho para dedicarse de lleno al snowboard, en sus modalidades de halfpipe y snowboardcross, de las que fue campeona nacional en múltiples ocasiones. Un día de 1999 se cayó en un entrenamiento, rompiéndose los ligamentos de su tobillo. Siguió entrenando y compitiendo, aunque fuera con el tobillo hinchado. Tras acabar una -buena- temporada volvió a resentirse y le hicieron radiografías. Fue el principio del fin: se le detectó un cáncer de huesos. Fue operada y volvió a la práctica deportiva, con los Juegos de 2002 en perspectiva. Pero el tumor había regresado, en metástasis ya en la sangre. Fue el momento de la primera de las grandes decisiones de su vida: amputarse la pierna para que el cáncer no fuera a más o arriesgarse a ver qué pasaba. Bibian apostó por la vida. Y volvió a dar una muestra de su grado de superación porque al poco volvió al snowboard…y a los pocos meses ganó el campeonato nacional de snowboardcross, no el paralímpico, atención.

Foto de Getty Images

A partir de entonces Mentel tomó otra segunda gran decisión: podía seguir participando junto a los snowboarders no paralímpicos, porque tuvo otros buenos resultados, pero decidió apostar por el deporte paralímpico. Lo hizo pese a que su deporte aún no estaba dentro del calendario de los Juegos Paralímpicos. Así que le tocó pelear de nuevo, esta vez para que se incluyera en los mismos. En ese sentido podemos considerar a Bibian Mentel como la auténtica pionera del parasnowboard. Muchos de los grandes campeones de ahora lo reconocen así y que, sin ella, ellos no estarían donde están ni tendrían las medallas que tienen porque, simplemente, no habría competición de parasnowboard en Juegos Paralímpicos.

Su lucha por que entrara su deporte en el calendario paralímpico le llevó una decena de años y unos veinte luchar contra su propio cuerpo. Porque desde que se le diagnosticó cáncer por primera vez cuando contaba 29 años hasta su muerte con 48 Bibian no dejó de luchar. Hasta en 15 ocasiones se le reprodujo el maldito cáncer, en diferentes partes de su cuerpo, principalmente en los pulmones. En el cuello llegó a ser sometida a 16 horas de operación para colocarle un implante de titanio. Eso ocurrió apenas semanas antes de los Juegos de Pyeongchang. Los médicos le aconsejaron que no compitiera y le anunciaron que le quedaban pocos meses de vida. Bibian quiso ir y fue. Y ganó dos medallas más, pese a las molestias que tenía en el cuello: “Esto es lo que me mantiene viva. Estoy mejor compitiendo que quedándome en casa a esperar a que acabe mi vida”, le dijo a su marido.

Durante su entierro. Foto de Getty Images

Paralelamente a sus triunfos deportivos, a su trabajo de entrenadora y a sus numerosísimas operaciones, casi tan importante como su carrera deportiva fue la creación de la Fundación Mentelity, que ayuda tanto a niños como a adultos con discapacidades en su deporte, el snowboard. Les estimula, inspira y motiva para que, pese a tener alguna discapacidad física, practiquen deporte en general y snowboard en particular. Si admiró a todos su lucha vital, ganando todas las medallas de oro en las pruebas en las que compitió (tres en total, entre Sochi y Pyeongchang) después de haber peleado para que se incluyeran, ahora nos admira su legado. Pocos días antes de morir, cuando ya la habían informado de la cercanía del fatal desenlace, siguió trabajando para la fundación, ya desde su silla de ruedas. Le hizo prometer a su marido que continuarían su obra, promesa que ha cumplido. Todos los que la conocieron destacan su actitud positiva ante todo, superando reto tras reto. No es de extrañar que eso, unido a la cantidad de gente a la que ayudó directamente hiciera que, cuando murió (finalmente de tumor terminal en el cerebro) el cortejo fúnebre congregó en su paso a miles de personas que lanzaban flores al coche que la portaba.

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