Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 90: EL REMERO NIGERIANO HAMADOU ISSAKA ENCANDILA AL PÚBLICO DE LONDRES 2012

Parece que cada edición olímpica cuenta con un Moussambani, en referencia al “nadador” que, sin saber nadar, participó en los Juegos de Sidney. En la edición disputada en Londres en 2012 el turno le tocó al deporte del remo y a un deportista proveniente de Nigeria. Como en el caso de Moussambani, no sin cierta polémica -que veremos-, se ganó el afecto y cariño del público.

El nombre de nuestro protagonista es Hamadou Djibo Issaka. En el momento de su participación olímpica contaba con 35 años y hasta tres meses antes no había remado en su vida. Se dedicaba a la jardinería y a mantener piscinas en su Nigeria natal. Una Nigeria sin costa de mar, donde el 80% de su territorio es desierto y, por descontado, sin club algún de remo (ni de otros deportes acuáticos). En ese momento sólo ese país africano había conseguido una única medalla en Juegos Olímpicos…y no es que Issaka fuera a engordar ese palmarés. La participación de este nigeriano se debió al principio de universalidad de los Juegos Olímpicos, que ofrecen en las pruebas plazas extras para países sin tradición con el fin de que empiece su despegue en distintas modalidades deportivas.

Una vez que escogieron a este jardinero de profesión -repetimos, sólo tres meses antes de los Juegos-, Hamadou tuvo que ponerse a practicar este para él desconocido deporte. Tuvo que trasladarse para ello a Túnez, pero la embarcación en la que practicó estaba compuesta de materiales que encontró en su ciudad natal, Niamey, la capital nigeriana. En absoluto se trató, pues, de una barca hecha con fibra de carbono. Tras Túnez entrenó durante unos días en la localidad belga de Hazewinkel.

Foto de Getty Images

 

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Hamadou Issaka disfrutó por completo de su experiencia en la villa olímpica. Para empezar, los fuegos artificiales que vio durante la ceremonia de apertura fueron los primeros de su vida. Pero luego tocó esforzarse, emplearse con fuerza, puesto que no poseía técnica, según él mismo reconoció. En sus cuatro apariciones olímpicas: batería, repescaje y dos carreras para determinar los últimos puestos, siempre acabó en última posición aunque la descalificación del remero de China Taipei Wang Ming-Hui le libró de acabar ocupando la última plaza. Hamadou acababa siempre último sí, pero animado por el público que seguía las regatas disputadas en Eton Dorney. Esto fue de grandísima ayuda para el bajo para los estándares (1.69, en comparación con los casi dos metros de sus rivales) nigeriano: “No fue fácil acabar, pero me animó mucho el público. Necesitaba ese apoyo”, declaró. El público y hasta el animador oficial de la prueba estaban con él. Pronto se ganó varios apodos: “Nutria”, “Quilla” y “el scull perezoso” (Issaki participaba en la prueba individual de scull). Desde la megafonía oficial le gritaban: “Puedes hacerlo”. En el lado contrario se situaba el prestigioso pentacampeón olímpico Steve Redgrave,  al que no pareció hacerle mucha gracia la participación del nigeriano. El británico declaró entender que hay que favorecer la participación de “otros” países, pero “hay mejores remeros de diferentes países a los que no se les ha permitido hacerlo por sus resultados”.

Hamadou Issaka llegó a tener un retraso de más de un minuto respecto a su rival más cercano, no digamos ya teniendo en cuenta al ganador, y es que en realidad estaba más centrado en no hundir su embarcación que en otra cosa, confesó, pero salía siempre del campo de regatas con una sonrisa, esperando que su ejemplo inspirara a jóvenes de su país. Ése era, al fin y al cabo, el fin que perseguía el COI al incluirle en los Juegos.

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