Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 87: MOHAMED ALI RASHWAN PIERDE EL ORO POR NO ATACAR LA PIERNA LESIONADA DE SU RIVAL

El judoca egipcio Mohamed Ali Rashwan disputaba la final olímpica correspondiente a los Juegos de Los Ángeles 84 cuando, ante la sorpresa de propios y extraños, no opuso toda la resistencia que se le esperaba ni atacó a su rival -el japonés Yasuhiro Yamashita- con la fuerza que se le pediría a todo un finalista olímpico. Aun así, acabó ganándose el respeto de todos por su falta de acción. ¿Qué es lo que ocurrió?. El egipcio era consciente de una lesión en el gemelo de la pierna derecha de su rival. Su ética le impidió atacar esa pierna con contundencia. Rashwan claramente evitaba atacar la pierna derecha de Yamashita. Haberlo hecho habría supuesto su gran oportunidad para proclamarse campeón olímpico. “Mi religión y mi moral me impedía atacar un elemento dañado de mi oponente. No quería que la gente pudiera decirme en un futuro que gané el oro porque Yamashita estaba lesionado, era algo que no podía aceptar”.

La táctica que generalmente empleaba el judoca egipcio suponía ataques en los dos flancos, derecho e izquierdo. Renunció a su estrategia al negarse a atacar por la derecha y su rival acabó por inmovilizarle estando los dos sobre el tatami y ganó. Así, Yamashita, que era una gran figura del judo, ganó un oro que, en realidad, había perdido a sabiendas su rival.

Recibiendo uno de sus premios al juego limpio. Foto de Kyodo News

Durante un año Rashwan no supo nada, pero entonces empezaron a sucederse los galardones y homenajes gracias a la deportividad que había mostrado en la final olímpica. El propio Japón fue quizás el país que más le galardonó. Recibió la Orden del Emperador Akihito y la Orden del Sol Naciente de manos del propio emperador nipón Naruhito en medio de una fastuosa ceremonia. La excusa había sido “haber fortalecido las relaciones entre Egipto y Japón en el deporte”. No fue ni mucho menos el único premio que recibió: las Naciones Unidas le otorgaron el Premio al Fair Play. A eso hay que sumar dos premios más al juego limpio entregados directamente por el presidente de su propio país, también en parte por haber extendido la práctica del judo en Egipto. Otros galardones en el mismo sentido le fueron entregados por el Comité Olímpico de Francia, por ejemplo. Sin duda su acción durante la final olímpica (que, no olvidemos, le hizo alzarse de todas formas con una medalla de plata olímpica) le hizo popular y provocó que su deporte, minoritario, fuera más conocido en su país.

Japón recibió al judoca egipcio con tal respeto y apreciación que incluso se casó con una japonesa. Mohamed se había decantado por el baloncesto en su infancia y adolescencia, pero se apuntó al judo al ver practicarlo a un amigo durante un entrenamiento de éste. A los seis meses de empezar a practicarlo, ya ganó el campeonato sub-18 de Alejandría, su ciudad natal. Hoy en día es un respetado árbitro internacional, además de ser un empresario con varios restaurantes a su cargo y de seguir dedicándose al desarrollo de su deporte en su país. El mensaje que aplicó en su día en la final olímpica de Los Ángeles sigue en su mente: “El deporte es considerado en demasiadas ocasiones como una guerra. Debemos regresar a los valores fundamentales del deporte: respeto hacia el oponente” y remata con una contundente afirmación: “Para mí los premios al fair play son mucho más grandes que la medalla de oro”.

Durante la final olímpica de Los Ángeles 84. Foto del COI

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