Heroínas olímpicas

FIONA MAY: LA ATLETA MÁS GRANDE DE ITALIA

Durante los años de su larga carrera deportiva Fiona May protagonizó gestas que la llevaron a los titulares de la Prensa. Hoy en día lo hace por ser la “madre de”, pues su hija, Larissa Iapichino, va camino de incluso superarla en sus marcas. Ambas en la prueba del salto de longitud. Pero hasta que Larissa entre en la historia, hablaremos de los logros de su madre, a día de hoy todavía la atleta italiana que ha subido a más podios en campeonatos del mundo.

Como se puede apreciar a simple vista por su nombre, Fiona May no tiene orígenes italianos. Nació en Slough, Inglaterra en 1969, hija de emigrantes jamaicanos. Su padre quedó admirado por el salto de Bob Beamon en México 68 y condujo a su hija, en la que veía posibilidades para la especialidad, en esa dirección. Llegó a defender los colores de la Union Jack en una Universiada, en unos Juegos de la Commonwealth y en dos Juegos Olímpicos (los de Seúl 88 donde consiguió un más que honroso sexto puesto y Barcelona 92) pero se nacionalizó italiana al casarse con el entonces plusmarquista italiano de pértiga Gianni Iapichino -quien, por cierto, se convertiría también en su entrenador-. Licenciada en Económicas por la Universidad de Leeds, Fiona fue una de las atletas más brillantes de la época de los 90, dominando su especialidad.

Foto de Filippo Monterforte

Las medallas, de todos los metales, caían con facilidad de su parte en todo tipo de grandes campeonatos internacionales. En los Mundiales consiguió dos oros, una plata y un bronce. Le escuece particularmente la plata del Mundial de Sevilla de 1999. En esa ocasión le “arrebató” el oro la española de origen cubano Niurka Montalvo, no sin polémica. La italiana alegó que el salto que le dio la victoria a la hispana había sido ilegal. Es verdad que rozó la plastilina, pero no llegó a dejar huella en ella. A May le pesó tanto ese resultado final que llegó a manifestar que se retiraría, y eso que estaba a un año de una cita olímpica y que para la misma se entrenaba con intensidad, teniendo en su punto de mira superar a Marion Jones. Menos mal que Fiona recapacitó, porque en los Juegos de Sidney 2000 logró una valiosa plata que haría pareja con la que ya había conseguido en los Juegos de Atlanta 96, los primeros en los que defendió los colores azzurri. Volvió a ser olímpica en Atenas 2004, aunque con un pésimo resultado. Su último gran resultado había sido el oro del Mundial de Edmonton 2001.

Cuando aún era atleta, Fiona era una habitual de los hogares italianos gracias a una amplia campaña publicitaria con anuncios coprotagonizados con su hija. Quién podía imaginarse entonces que esa niña, pocos años más tarde, no solo emularía a su madre, sino que sus marcas, antes de cumplir los 18 años, ya son más que prometedoras. De hecho se da la curiosa circunstancia de que la lista de plusmarquistas italianas de salto de longitud está encabezada por madre e hija. Larissa, eso sí, supera a su madre en las marcas a la edad en la que las consiguió Fiona, lo que hace prever que llegará a superarla con el tiempo. May superó el récord italiano en siete ocasiones, dejándolo en una espectacular marca de 7,11. También se atrevió con el triple salto, récord nacional que también consiguió establecer en dos ocasiones.

A la espera de certificar un futuro esperanzador de su vástago, Fiona May no se ha quedado parada: ha completado una corta carrera como actriz, pero es una habitual de la televisión italiana, habiendo llegado a ganar una edición de “Ballando con le stelle”. Octubre de 2020 la verá sobre las tablas de un teatro donde pedaleará durante horas dándose relevos en medio de un espectáculo que quiere homenajear una prueba ciclista. Quizá más destacable es su papel presidiendo una comisión de la Federación Italiana de fútbol para luchar contra el racismo en un deporte en el que, por desgracia, ha habido con demasiada frecuencia episodios de racismo contra jugadores de color.

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