Heroínas olímpicas

LISA LESLIE: UNA DE LAS MÁS GRANDES DEL BALONCESTO Y TETRACAMPEONA OLÍMPICA

Los antecendentes de Lisa Leslie la proyectaban por una parte a convertirse en una figura del baloncesto debido a que su padre era un jugador profesional del deporte de la canasta y a que su madre medía 1.91m pero, por otra parte, existieron impedimentos severos para que lograra algo importante en su vida. Esto se debió a que su padre abandonó a la familia cuando Lisa aún estaba en el vientre de su madre. Convertida en una madre soltera de tres hijos, la madre de Lisa tuvo que trabajar de soldadora y conduciendo un camión de 18 ruedas. Seguramente esta dureza acabaría enseñando a Lisa la disciplina y el trabajo duro que requiere la vida del deportista de élite.

Lisa entró en el baloncesto por casualidad en su etapa escolar. El entrenador dividió el equipo en diestros y zurdos y Lisa resultó ser la única zurda. Eso no le gustó a la pequeña futura estrella, pues le hacía quedarse sola en una fila, así que tomó la decisión de convertirse en ambidiestra. Lisa creció rápidamente en todos los sentidos, en el literal (medía 1.82 a los doce años) como figurado, pues se le daban bien todos los deportes, no solo el baloncesto. De hecho, llegó a competir en voleibol y en atletismo, concretamente en las pruebas de salto de altura y 400m. Pero estaba claro que iba a centrarse en el baloncesto, donde entró en el equipo nacional desde muy jovencita. Sin ir más lejos, fue el miembro más joven en los trials de clasificación nacional de Estados Unidos para los Juegos de Barcelona 92.

Cuando Lisa Leslie empezó aún no existía la WNBA, el equivalente femenino de la potentísima liga norteamericana de basket. Por tanto, las primeras ambiciones de Lisa eran dos: llegar a ser olímpica y ganar una beca para una universidad. Huelga decir que superó sus deseos. No solo logró la beca, sino que completó estudios en administración de empresas algo, que como veremos, le sirvió para su futuro. Antes de llegar a su participación en Juegos Olímpicos hemos de decir que sus estadísticas universitarias eran impresionantes, estableciendo récords en todas los aspectos: puntos, rebotes, bloqueos…

Y, de repente, en un único año -1996- se cumplen todos sus sueños: Se crea la WNBA en la que, naturalmente, entra a formar parte (en el equipo de Los Angeles Sparks) y participa en sus primeros Juegos Olímpicos, además en casa. Y en Atlanta 96 conseguiría su primer oro olímpico…el primero de cuatro. A nivel de jugadora profesional Leslie no solo está entre las mejores de la historia de la WNBA, sino que entró en los anales un 30 de julio de 2002 al convertirse en la primera mujer en realizar un mate en la Liga norteamericana. En esto también fue pionera. Antes había entrado en la historia con otro dato: estando aún en el instituto, anotó 101 puntos en un partido. Habrían sido más si el equipo rival no se hubiera retirado tras el descanso.

En los doce años que esta pívot jugó en la WNBA ganó en tres ocasiones el título a la jugadora más valiosa; llegó a los playoffs en cinco campeonatos consecutivos y anotó más de 6.200 puntos. Le costó ganar un campeonato con su equipo, las Sparks, dada la hegemonía de las Houston Comets, pero finalmente se hizo con dos de ellos, en gran parte logrados gracias a su valiosa contribución.

En el podio de Atenas 2004. Foto de Getty Images

Con la selección ya hemos descubierto que lograría cuatro oros olímpicos, los que van de los Juegos de Atlanta a Pekín. Eso tras haber estado ausente de las canchas todo un año (2007) para ser madre. En los Juegos de Atenas 2004 lideró a su equipo en puntos conseguidos. En realidad, para cuando acabó su singladura tras su tercer oro olímpico se había convertido en la máxima anotadora, reboteadora y bloqueadora de toda la historia del equipo de Estados Unidos. Sus estadísticas prácticamente siempre han supuesto dobles dígitos en todas las competiciones internacionales en las que ha participado. Sería aburrido contar todos sus números; baste decir que la convierten, como hemos ya citado, en una de las más grandes jugadoras de la historia de su país, potencia baloncestística.

Se retiró en 2009 pero no a una vida plácida y tranquila. Para empezar, se convirtió en copropietaria de los Sparks, el equipo de su vida. Es empresaria, modelo, ha participado en varios largometrajes, comenta partidos de baloncesto en televisión y es analista de partidos. Escribió su autobiografía, titulada “Don´t let the lipstick fool you” (=Que no te engañe el pintalabios), título debido a que, siendo jugadora, siempre saltó a la cancha con el pelo arreglado y los labios pintados para demostrar que se puede ser deportista de élite fuerte y femenina al mismo tiempo. A ella se le atribuye la frase: “No es culpa nuestra haber nacido niñas. Sólo queremos jugar, tener el mismo espacio y lugar que los hombres”. No en vano ella, siendo una pionera, tuvo que luchar más que generaciones posteriores

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