Concienciados olímpicos,  Heroínas olímpicas

FANNY “BOBBIE” ROSENFELD: LA CAMPEONA OLÍMPICA DEFENSORA DEL DEPORTE FEMENINO

Se dice que Bobbie Rosenfeld (Ekaterinoslav, Imperio Ruso, hoy Dnipropetrovsk, Ucrania, 1904) destacaba en absolutamente todos los deportes menos en natación. La lista de los que practicó, con excelencia, es larga: atletismo, baloncesto, softball, hockey hielo, tenis, lacrosse…Cuando era aún niña su familia se trasladó a Canadá, de donde ya no se movería y país por el que lograría sus medallas olímpicas. De familia judía, Fanny “Bobbie” Rosenfeld (el apodo le vino por su peinado “a lo bob”), trabajó de estenográfica en una fábrica de chocolate. Eso durante la jornada laboral, porque en cuanto salía se dedicaba a practicar toda clase de deportes. Un fin de semana podía ganar un campeonato de baloncesto y al siguiente batir récords de atletismo para el siguiente ganar un partido de hockey. Estaba claro que Bobbie estaba dotada para el deporte, aunque le tocara vivir una época tan poco favorable para el deporte femenino hasta el punto de no existir ropa deportiva adecuada. La propia Fanny usaba camisetas de su padre y se sujetaba los pantalones -masculinos- con cuerdas.

El atletismo fue el que le otorgó la gloria olímpica, sin embargo empezó su dedicación a él de forma meramente casual. Un día, mientras competía en un campeonato de softball -deporte, todo hay que decirlo, en el que destacaba por su velocidad-, fue “picada” por sus compañeras de equipo para que disputara una carrera de 100 yardas que se disputaba en las cercanías. Lo hizo aún vestida con la equipación de softball y ganó, pese a que en esa carrera participaba la campeona canadiense. Además batió el récord nacional. Fue el principio del periplo que le llevaría a la gloria olímpica.

En los años 20 aún no se permitía la participación en atletismo olímpico a las mujeres. Fueron los años del esplendor de Rosenfeld en esa disciplina deportiva. En 1925, sin ir más lejos, en el campeonato nacional canadiense ganó en las pruebas de disco, lanzamiento de peso, salto de longitud, vallas y 200 metros, siendo segunda en jabalina y 100 yardas. Todo ello lo compatibilizaba con el resto de deportes que nunca abandonó, destacando en todos ellos. Tuvieron que llegar los Juegos Olímpicos de Ámsterdam en 1928 para que por fin se permitiera la participación femenina en atletismo y Bobbie Rosenfeld no iba a perder la oportunidad. Ganó la medalla de plata en 100 metros, vencida en la meta por escasos 46 centímetros por la gran Betty Robinson, que igualó el récord mundial. Pero a la canadiense no se le escapó el oro en la carrera de relevos 4x100m. En esa carrera Bobbie partió como primera relevista y el cuarteto acabó logrando un récord mundial que convirtió a las apodadas “Matchless Six” como auténticas heroínas a la vuelta a su país. Rosenfeld, además, también participó en la carrera de los 800m -donde acabó quinta- para ayudar a su compañera de equipo Jean Thompson. Cuando ésta cayó se puso a correr a su lado para “ayudarla”. Testigos de la carrera afirmaron que, de no haber sido por ese generoso gesto, Rosenfeld se encontraba en disposición de haber subido al podio. Consiguió a título individual más puntos que cualquier otro atleta en esos Juegos, fuera hombre o mujer.

Foto de la Enciclopedia Canadiense

Al cabo de menos de un año tras sus épicas actuaciones en los Juegos Olímpicos a Bobbie Rosenfeld le atacó la artritis, que la postró en la cama ocho meses y la obligó a usar muletas otros doce meses más. Increíblemente, en 1931 volvió a las canchas de juego, concretamente de hockey hielo (deporte en el que por entonces se la consideraba, literalmente, una “supermujer”) y softball (ese año se convirtió en la máxima anotadora de su equipo). Sólo dos años duró ese espejismo, pues Bobbie se vio obligada a retirarse en 1933 debido a los avances en su artritis.

No podía, no obstante, separar su vida del deporte, así que la recondujo a otros aspectos no menos importantes. Así, al año siguiente se convirtió en la entrenadora del equipo canadiense de atletismo que participó en los Juegos de la Commonwealth y también entrenó a un equipo de softball, así como realizó labores de administradora de equipos de softball y hockey hielo en Ontario. Pero en lo que más destacó, tras su carrera como deportista, fue en su faceta periodística. Durante veinte años publicó una columna en el periódico “Globe and Mail” llamada “Feminine Sports Reel” donde abogaba por una mayor participación femenina en el deporte y mayores programas de educación física para las niñas en las escuelas. Todos esos años estuvo cubriendo el deporte femenino y, una vez terminada su labor en esa columna, siguió trabajando casi una década más con esas mismas intenciones. No debe extrañarnos que la Prensa canadiense premie anualmente a la mejor deportista del país con un galardón que porta el nombre de esta deportista todoterreno. Tampoco es una sorpresa saber que Bobbie Rosenfeld fuera nombrada en 1950 la Atleta Canadiense de la Primera Mitad del Siglo. Fanny “Bobbie” Rosenfeld ha seguido siendo honrada en su país incluso después de su muerte, acaecida en 1969.

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