Estadios Olímpicos

ESTADIOS OLÍMPICOS 4: EL OLÍMPICO DE AMBERES 1920

Amberes, Bélgica, 1920. La I Guerra Mundial hacía poco que había acabado y los Juegos Olímpicos se reanudaban. La próspera ciudad de Amberes, en la región belga de Flandes, acoge una nueva edición. Para ello construye un estadio que se denominaría Olympiastadion Antwerpen o Kielstadion (porque en realidad estaba situado en el distrito de Kiel). Se construyó apenas un año antes del inicio de los Juegos, en 1919, y lo hizo para contenter 40.000 espectadores.

Desde luego, cumplió de sobras con su función durante los Juegos, pues no solo albergó las habituales ceremonias de inauguración y clausura, amén de las competiciones de atletismo y fútbol, sino que también tuvieron lugar en él las pruebas de hockey hierba, pentatlón moderno, hípica, rugby, halterofilia, gimnasia y hasta el singular “deporte olímpico” por aquel entonces del tira y afloja e incluso el korfbal, que entonces se presentó únicamente como deporte de exhibición. Nunca un estadio olímpico había contenido tantas pruebas y de tan diversos deportes.

Situado en una zona residencial, con el tiempo se convirtió en un estadio de fútbol exclusivamente, sufriendo varias renovaciones hasta llegar a una capacidad actual de 12.771 espectadores (12.206 para partidos internacionales), más acorde con el número de aficionados del equipo del Beerschot AC, su huésped principal. En 2013 este club de fútbol se declaró insolvente y, por ello, se fusionó con el FCO Beerschot Wilrijk. Al crearse el nuevo equipo partes del estadio fueron demolidas. La principal remodelación que sufrió el estadio tuvo lugar entre 2001 y 2002. El cambio de aspecto que experimentó el estadio fue tal que nadie lo relacionaría con el que albergó unos Juegos Olímpicos. La pista de atletismo desapareció, su tamaño empequeñeció y el estadio se separó en cuatro gradas. La verdad es que se conocen pocos detalles de su construcción inicial. Incluso no se sabe a ciencia cierta su diseñador, aunque se cree que se trató de Archibald Leitch, un renombrado arquitecto escocés.

Estado actual del estadio. Foto de Stephan Hoogerward

Hace poco más de un año el estadio que, como decimos, no guarda de su época olímpica ni el nombre, recibió una inyección de dos millones de euros para renovar los baños, el estacionamiento y la seguridad.

Este estadio se convirtió en histórico por varias razones: fue el primero en ver un juramento olímpico (el realizado por un deportista en nombre de todo el resto, en este caso, el belga Victor Boin); vio los éxitos del que se convertiría en gran héroe de los Juegos de Amberes y leyenda olímpica: el finlandés Paavo Nurmi y vio por primera vez también la bandera olímpica con los cinco aros, ya que este símbolo debutó en estos Juegos.

Al público español le gustará saber que fue en este estadio donde nació el término “furia española” referido a la selección nacional de fútbol, que en estos Juegos conseguiría una recordada medalla de plata.

Por desgracia, a duras penas el estadio olímpico vio repletas sus gradas, por no decir que generalmente estaban vacías. Eran malos tiempos, recién terminada una guerra que había afectado sobremanera a la población belga y que no contaba con recursos suficientes para pagar las entradas -además del mal clima, que también afectó-. Para poblar de espectadores el estadio se permitió en las últimas jornadas el acceso gratuito de escolares.

En definitiva, un estadio con mucha solera que con el tiempo ha sufrido una renovación total hasta hacer irreconocible su pasado olímpico.

El estadio durante la ceremonia de inauguración de Amberes 1920

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