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MARGO DYDEK: LA TORRE DEL BALONCESTO FEMENINO CON FINAL INESPERADO

La baloncestista Małgorzata (Margo) Dydek causó sensación en su época en activo. Los 2.18 metros de esta polaca le allanaron una lógica y evidente entrada en el deporte de la canasta. Su altura, siendo estratosférica, era el resultado natural de los genes, pues su padre medía 2.01, su madre 1.91 y sus hermanas 2.01 y 1.98. Tanto Margo como su hermana Katarzyna se dedicarían al baloncesto. Margo empezó en el Olimpia de Poznan, el primer paso de un auténtico tour mundial que la haría jugar -y destacar- en las ligas polaca, francesa, española, rusa y en la ansiada estadounidense, la WNBA, versión femenina de la potente NBA. Su extrema envergadura, que la hacía sobresalir en muchos casos en medio cuerpo del resto de sus compañeras y rivales, no la impidieron obtener más que aceptables estadísticas en varios aspectos de su deporte. En realidad, sus cifras son como para estar orgullosos: sólo en la WNBA Margo se convirtió en la líder histórica en tapones (877 en 323 partidos) y en rebotes defensivos. Los tapones eran su dominio, siendo la jugadora que más lograra en nueve temporadas completas. No se equivocaron en su momento en nombrarla como número 1 para el draft de la liga norteamericana. Allí pasó por cuatro equipos, formando parte del partido All-Star en dos ocasiones. Además, ayudó a su equipo de Conneticut Sun a alcanzar las finales de 2005.

Margo no descuidaba una intensa vida profesional en Europa que corría paralela a la americana. Dividía el año en dos, pues las ligas de los dos continentes no son coincidentes. Eso le permitió a Dydek (y no es, ni mucho menos, el único caso), contribuir a los éxitos de equipos de su país y de otras ligas europeas al mismo tiempo que labraba una excelente labor en sus equipos americanos. Así, fue la MVP del equipo de su país Gdynia siendo con el mismo dos veces finalista en la Euroliga. En 1999 llega a ser nombrada la mejor jugadora europea por “La Gazzetta dello Sport”. En España ganó tres ligas y tres Copas y de nuevo fue subcampeona de la Euroliga, por dos veces, con dos equipos diferentes.

Foto de Nathaniel S. Butler/NBAE via Getty Images

Estaba claro que Margo se había convertido en un pilar en todos los equipos en los que llegó a participar. No sólo en el sentido metafórico por su gran altura, sino por sus contribuciones en defensa y también en puntos. Muchos fueron los equipos por los que pasó, pero igualmente -si no más- importante y destacable fue su contribución en el equipo nacional de su país. Polonia ganó muchos enteros gracias a ella. Jugó varios campeonatos europeos, consiguiendo el jugado en “casa” en 1999. El triunfo le supo aún mejor a la buena de Margo, pues lo hizo junto a su hermana Katarzyna.

Otro de los puntos culminantes de su carrera, aunque fuera más en el plano sentimental que en de resultados, fue su participación en su única Olimpiada: fue en Sidney 2000. La experiencia tuvo el plus de hacerlo, de nuevo, junto a su hermana Katarzyna. El desfile juntas en la ceremonia de inauguración resultaría inolvidable para ambas.

Todos estos datos y estadísticas nos muestran a una indudable figura del baloncesto que era algo mucho más que un “bicho raro” por su extremada altura. Al principio se burlaban de su condición, pero Margo nunca dejó que la afectara. La ventaja indudable de su altura contrasta con el trato que tuvo por parte de los árbitros, que llegaron a decirla que la pitarían faltas porque el resto de jugadores se encontraba en clara desventaja frente a ella.

Dydek, que medía ya 1.80 a los doce años, tenía que diseñarse su propia ropa a medida. Tuvo una primera retirada en su primer embarazo, pero volvió al baloncesto tras dar a luz. Ya retirada, se encontraba en Australia entrenando al equipo de Brisbane cuando, embarazada por tercera vez, sufrió un maldito día un ataque al corazón, estando en su casa. Fue llevada al hospital donde fue puesta en coma inducido. Sobrevivió ocho días más. El feto no logró vivir. Margo Dydek tenía entonces sólo 37 años. Será para siempre una leyenda que, por cierto, acaba de entrar muy merecidamente en el Salón de la Fama de la FIBA.

Foto de FIBA

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