Heroínas olímpicas

ONA CARBONELL: SUPERANDO TODOS LOS OBSTÁCULOS

Es una multimedallista a nivel mundial y olímpico pero Ona Carbonell ha mostrado ser un ser humano con ciertas fragilidades, lo que le hace ser más digna de admiración. De todos es conocida su aversión al frío. Pasadas hora y media de estar dentro de la piscina -nunca climatizada a su gusto- entrenando le abate el frío. Lo detesta y llega a atormentar, pero ha llegado a aceptarlo. Otra debilidad física, propia no tanto de ella sino de todas las que practican con su asiduidad la natación sincronizada, es la imposibilidad de estar de pie un rato seguido debido a la gran cantidad de horas pasadas bajo el agua en ingravidez. Ona, como el resto de nadadoras de la ahora llamada natación artística, es capaz de estar horas y horas bajo el agua, en apnea si es necesario, pero esas mismas horas impiden a sus huesos, acostumbrados a la misma, aguantar muchos minutos soportando la gravidez que soportamos el resto de terrenales. Por último -y este dato no es tan conocido- Ona sufrió en sus inicios unos nervios tales antes de cada competición que lo normal en ella era vomitar a causa de los mismos. Incluso de niña, cuando ya llevaba un tiempo practicando ese deporte, tenía el temor de morir ahogada en pleno programa y, lo que es peor, que ese miedo fuera percibido por los jueces (estamos hablando de cuando aún era niña). Sus personalidad también le ha hecho ser una clara deportista de equipo, humilde. Su deseo, al menos en sus inicios, eran los de pasar inadvertida, ganar pero no celebrarlo delante de sus compañeras a la par que rivales. Algo que ella misma denomina “pánico a destacar”. Ona: no lo has logrado, has destacado siempre, como sólo lo logran las grandes campeonas y solistas de la sincro.

La catalana fue llamada a formar parte de la selección nacional absoluta ya con 13 años. Eso la convirtió, si cabe, en más responsable. Quería ser la que más horas entrenase (hasta diez diarias), veía vídeos hasta la saciedad por su cuenta; incluso se compró una cámara para grabarse y estudiar los fallos y posibles mejoras. Su dedicación era completa. A los 15 años llegó a competir en tres categorías de edad (infantil, junior y absoluta), con la cantidad de horas de aprendizaje de programas que ello conlleva. Ona quería mejorar, era su obsesión. La llevó hasta tal límite como para plantearse operarse las rodillas porque Anna Tarrés, por entonces seleccionadora nacional, le echaba en cara siempre que no las juntara. Afortunadamente no llegó hasta el extremo quirúrgico pero sí a dormir noche tras noche con las rodillas atadas con una goma elástica. Ese fue uno de los traumas que producía Anna Tarrés, en ella y en otras de sus pupilas. Sus severas críticas y el tono en que éstas se realizaban, continuamente, producían presión en aquellas que las recibían. Pero lo peor para Ona, algo que le marcó durante años, fue verse fuera del equipo y no acudir, en consecuencia, a la que tendría que haber sido su primera cita olímpica: la de Pekín 2008. No ir y cómo se enteró (escuchando un comentario en un baño, estando ella dentro) fue aplastante para Ona. Nunca jamás recibió no ya explicación, sino anuncio oficial de que se prescindiría de ella para los Juegos. Le produjo tal pesadumbre que por primera vez en su vida Ona tuvo ganas de dejar de luchar, llegando a perder la pasión por su deporte, al que había dedicado ya tantísimas horas de su vida. Traumatizada, Ona Carbonell no quiso ni tan siquiera seguir la competición de Pekín 2008 por televisión, pero finalmente no puede evitarlo y acaba viéndola, desde sus vacaciones veraniegas.

La herida de Pekín aún quemaba cuando, repentinamente, su vida deportiva da un vuelco y es elegida por Tarrés como suplente del dúo. Pasa de no estar ni siquiera participando como componente del equipo a un papel importante que cada vez, como veremos, se convirtió en más.

Retiradas varias hacen que Ona vaya avanzando hasta el punto de convertirse en la candidata española para representar en todas las modalidades (solo, dúo, equipos y combo) en todos los campeonatos y, lo que es más importante, en los Juegos de Londres -en las modalidades que son olímpicas-. Pero de nuevo surgen dificultades. En 2011, en la presentación del número del dúo de cara a la cita londinense, sufre una intoxicación alimentaria. Aun así, se empeña en competir, rasgo éste que expresa su carácter competitivo y ganador. Peor fueron los momentos de tensión y preocupación suma que sufrió a escasos meses de la que tenía que ser su primera experiencia olímpica al sufrir su hermano una grave enfermedad por la que debía ser operado. Ello le hace a Ona estar con la cabeza no precisamente concentrada en el reto olímpico. Afortunadamente todo se resuelva positivamente y ya tenemos a Ona Carbonell dando el 100% a nivel deportivo…hasta que surge otra fatalidad: justo antes de partir hacia Londres le causa una reacción alérgica a la piel el excesivo y consecutivo número de sesiones a los rayos Uva con que Anna Tarrés ha obligado a las componentes de la selección. Ona tiene que dormir la noche previa al viaje untada con una crema y papel film. Uno más de los sacrificios que la nadadora ha tenido que realizar durante su carrera.

Pero todo parece válido si a cambio se obtiene el premio merecido y Ona lo logra en sus primeros Juegos con dos medallas: plata en dúos junto a Andrea Fuentes (la primera de sus seis compañeras de dúos hasta el momento en lo que va de carrera) y bronce por equipos. Han sido, por el momento, los momentos más gloriosos de Ona Carbonell -que, por cierto, bate récords en cuanto a número de medallas en Mundiales de natación-. La verdad es que Ona y Andrea contaron con el inestimable esfuerzo de las compañeras del equipo para hacer animar a todo el público local del centro acuático en favor de ellas, distribuyendo botellitas con arena y pegando carteles por la villa olímpica pidiendo el apoyo de todos. Pero las numerosísimas horas de entrenamiento y las habilidades y capacidades pertenecen a las dos nadadoras. Aunque pasados 25 segundos del programa de dúo Ona ya empezaba a notar las piernas agarrotadas ambas pudieron llegar hasta el final cautivando con su número de tango. Superar el momento de pánico inicial cuando, en el último ensayo en seco ya en la cámara de llamadas, su compañera de repente se quedó en blanco y olvidó la coreografía, fue ya todo un logro. Pese a todo, prueba superada con éxito y vuelta a casa con dos medallas olímpicas.

Tras ocho años de presión máxima Ona se plantea de nuevo abandonar el deporte, aunque esta vez lo haría en el momento más álgido de su carrera. Sin embargo, todo cambia una vez más al ser destituida Anna Tarrés y su equipo. Ona no estaba dispuesta a soportar más presión con ella, pero con el nuevo equipo técnico se siente más a gusto y decide continuar. Al fin y al cabo el Mundial en casa (Barcelona 2013) está a la vuelta de la esquina y le apetece sentir las sensaciones de competir ante su público. Pero una vez más Ona sufre otra dura prueba: un accidente entrenando un salto con el equipo hace que caiga mal y que sufra una fisura que, en condiciones normales, necesitaría una recuperación a base de descanso de semanas o meses. A estas alturas ya debes de ir conociendo el carácter de Ona y pensar que no iba a rendirse. Dolorida e infiltrada hace de tripas corazón y compite en todas las pruebas, logrando medallas en cada una de ellas.

La siguiente cita importante es la olímpica de Río. De nuevo otro infortunio: durante el preolímpico que otorgaba la clasificación cae en una acrobacia con el equipo y, a consecuencias de ella, acaba sufriendo vértigos. La normativa impedía sustituciones, así que, sin ni siquiera saber cómo lo hizo, tiene que participar al siguiente día de competición. Esta vez el equipo no se clasifica para los Juegos, su peor momento junto a su ausencia de Pekín 2008. Sí que acude a los Juegos de la ciudad brasileña en la modalidad de dúo junto a una Gemma Mengual que regresa de su retirada, aunque esta vez el dúo español no se colgó medalla alguna al cuello.

Desde Río 2016 el palmarés de la española no ha cesado de crecer y ahora tiene in mente un claro objetivo: la próxima cita olímpica, en este caso en Tokio. La Ona Carbonell que vemos en las piscinas, reinando y dominando con arte y expresión la técnica de tan difícil especialidad deportiva es, como hemos visto, una persona más terrenal -pese a la ingravidez- de lo que pensábamos. Eso le da más valor. Los sufrimientos que ha padecido y los miedos que ha superado para llegar adonde ha llegado la convierten en una campeona por su trabajo y no solo por sus cualidades innatas.

Foto de ABC

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