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NICCOLÒ CAMPRIANI: UN ATÍPICO CAMPEÓN OLÍMPICO QUE AHORA COMPITE POR ALGO MÁS VALIOSO QUE EL ORO

La vida de este gran campeón olímpico podríamos dividirla en dos: su trayectoria deportiva, que dio mucho de sí y que resumiremos, y su vida personal tras su retirada, íntimamente ligada a la anterior deportiva. La primera, llena de éxitos, sería de por sí merecedora de todo tipo de reconocimientos. Aun siendo muy destacable, la ha agrandado con la labor que está desarrollando en la actualidad. Es el momento ya de que descubramos qué ha hecho y qué está haciendo Niccolò Campriani, el tirador florentino cuatro veces medallista olímpico.

El italiano participó en sus primeros Juegos Olímpicos en 2008, aunque entonces, contando 21 años, sólo obtuvo como mejor resultado un 12º lugar en la especialidad de carabina de 10 metros, pero su carrera comienza a despegar al año siguiente cuando se proclama campeón de Europa. Hay que señalar que en Pekín 2008 no se limitó a su especialidad, sino que también compitió en otras dos modalidades de tiro, pero sus resultados fueron aún mucho peores. El siguiente año ya era campeón del mundo, siempre con la carabina de 10m. Este logro fue doble, pues se convirtió en el primer italiano en proclamarse campeón mundial en el deporte del tiro. La clasificación para los Juegos de Londres ya estaba hecha, siendo allí uno de los favoritos, a esas alturas de su carrera. En Londres iba a participar en las mismas categorías con las que lo hizo en la cita olímpica anterior. Su peor resultado en los Juegos de 2012 fue un octavo en la especialidad de rifle 50m posición tendida. En su especialidad preferida conseguiría la plata, plata que se convirtió en oro en la de rifle 50m tres posiciones. Campriani ya se había convertido en un grande de su deporte.

Mientras sigue triunfando en grandes campeonatos se licencia en Ingeniería por la Universidad de West Virginia. Durante su carrera deportiva va dejando señales de lo que sería su futuro, como veremos en breve. Por ejemplo, es recibido por el Presidente de la República Italiana en un intento de dar valor al deporte paralímpico, que según Campriani debe estar al mismo nivel que el olímpico. Entre otras medidas, se entrena junto a tiradores paralímpicos para lograr la igualdad.

El toscano llega a los Juegos de Río en el pico de su carrera y allí consigue logros mayores que los obtenidos hasta ese momento. Su peor resultado vuelve a ser en la especialidad de rifle 50m posición tendida. Del 8º puesto de Londres pasa únicamente al 7º esta vez. Sin embargo, su oro y plata pasan a ser dos oros en carabina de 10m y en rifle 50m tres posiciones. El último tiro que realizó en esta última especialidad resultó ser el último tiro de su vida deportiva. Tras él Niccolò decidió abandonar la práctica deportiva porque su “pasión se había convertido en obsesión”. Había acabado odiando su deporte y quería acabar con él de la mejor manera posible: con un oro olímpico.

Esa final mostró el lado más deportivo de Campriani. En lugar de alegrarse le supo mal ganar. ¿La razón? Creyó que su más directo rival, el ruso Serguei Kamenski, era el auténtico merecedor del oro. En una final súper igualada un error del ruso le dio el triunfo al italiano, que ya se veía con la medalla de plata al cuello. No se quedó tranquilo tras haber obtenido el oro, así que decidió que, como en su mente y corazón no le correspondía, donó la diferencia de premio entre ganar un oro y una plata al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Desde entonces su vida cambió completamente…para volver al tiro, pese a que el italiano había quedado harto de su deporte y durante los tres años posteriores a los Juegos de Río ni siquiera tocó un arma.

Al saber su gesto, fue invitado a Zambia para visitar el campo de refugiados de Meheba. Eso le cambió la vida. Pasó a vivir en Lausana trabajando para el COI. Desde allí lanzó un bello proyecto que ha evolucionado hasta lo más alto. En principio escogió a un par de refugiados habitantes del cantón de Vaud para entrenarles en su deporte. Para ello Niccolò pasó un momento que recuerda con vergüenza: el tener que pedir su arma al Museo Olímpico, al que la había donado. Empezó entrenando a esos refugiados, que se convirtieron en más. La motivación resurgió en el campeón olímpico. Ahora no se trataba de él, sino de sus pupilos, absolutamente neófitos en su deporte. Aunque cuenta con tiempos ajustados el objetivo es clasificar a alguno de ellos para los Juegos de Tokio. Si no se logra, la aventura seguirá en un futuro, no parará. Lo que busca Campriani es ofrecer una mejor vida a estos refugiados, pues cuando se adquiere el estatus de deportista olímpico es mucho más fácil conseguir ayudas. Ha llegado a involucrar a sus antiguos patrocinadores en esta nueva causa y no solo eso, sino que también pidió la colaboración a su antiguo rival por la medalla de oro Kamenski para que le ayudara en los entrenamientos.

Niccolò Campriani ha declarado que siente una responsabilidad como campeón olímpico. Igual que le ayudaron a él en su momento, ahora quiere devolver esa ayuda. Él se siente tan ganador con la apuesta como sus pupilos. Es una situación en la que todos ganan, afirma. Este ilusionante proyecto le ha devuelto el amor por su deporte.

 

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