Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 71: LOS MEMORABLES 1.500 DE LOS ÁNGELES 84 CON UN RENACIDO COE

La carrera de los 1.500 metros es uno de los momentos álgidos y sin duda más esperados de los Juegos Olímpicos. Es el turno de los mediofondistas, esos atletas que se encuentran en el punto intermedio entre los explosivos velocistas y los sufridos fondistas. Quizá sean los atletas que veamos más “terrenales” y más cercanos a nosotros. El caso es que siempre nos han despertado admiración y han atraído las miradas de muchos espectadores. La final masculina que se produjo en la cita olímpica de Los Ángeles 84 no iba a ser menos y, de hecho, iba a ser la última que contara con algunas de las leyendas del atletismo.

No contaría, sin embargo, con la gran figura de Said Aouita, que había optado por la carrera de los 5.000 pero sí con toda la artillería pesada británica encarnada en tres históricos nombres: Sebastian Coe, Steve Ovett y Steve Cram. Coe era el vigente campeón, pues se había alzado con la victoria en Moscú 80. Sin embargo, venía de pasar dos años malos por problemas de salud. Un parásito le había producido toxoplasmosis, lo que le llevó a perder la forma y a no encontrarse en su mejor momento entre 1982 y 83. Su gran rival de siempre, Ovett, se había hecho con el oro en Moscú en la prueba más corta del mediofondo, los 800m, pero acudió a la ciudad californiana con bronquitis, lo que le impidió revalidar su título al alcanzar únicamente la octava posición en la carrera de los 800, que se había disputado antes que la de los 1.500. Incluso tuvo que ser hospitalizado durante dos días tras la carrera, pero quiso tomar parte en su segunda oportunidad en los Juegos angelinos, pese a los consejos contrarios de los médicos. El tercer británico en discordia, Steve Cram, era más joven que los dos anteriores, aunque llegó a participar en Moscú 80. Hasta 1982 no logró su primer triunfo importante pero ya “amenazaba” el trono de sus compatriotas hasta el punto de considerarle el máximo favorito para la cita de Los Ángeles. No en vano venía con la vitola de haberse proclamado campeón del mundo el año anterior.

De izquierda a derecha Ovett, Cram y Coe. Foto de Getty Images

No eran los británicos los únicos en liza por un puesto en el podio, puesto que también contaba el español José Manual Abascal, que había sido bronce en el Europeo de 1982 y plata ese mismo año en el Europeo, pero de pista cubierta. Junto a ellos también contaba con posibilidades a priori el keniano Joseph Chesire, así como el local Jim Spivey. Dos cosas estaban claras: 1. esta carrera no había sido afectada por el boicot soviético y 2. no había un favorito claro.

El 11 de agosto el Memorial Coliseum acogía la esperada final. Dos africanos -el sudanés Omar Kahlifa y el mencionado Chesire- empezarían acelerando al grupo. A continuación el local Scott se sintió en la “obligación” de contentar a su público y se puso en cabeza. En ese momento Abascal debió de percibir que el ritmo impuesto no le favorecía y lo avivó, colocándose al frente del grupo. Quedaban entonces 600 metros para la meta y, efectivamente, Abascal alargó la fila de corredores. Estando el español a la cabeza del pelotón sólo conseguían mantenerse cerca de él el trío de británicos. Pero el ritmo impuesto iba a ser demasiado para un maltrecho Ovett, que hubo de retirarse en la curva cuando quedaba menos de una vuelta.

Entretanto, se había abierto hueco entre el trío de cabeza formado, por este orden, por Abascal, Coe y Cram y los siguientes corredores. En la contrameta atacó Cram, que llegó a ponerse casi en paralelo del segundo en esos momentos, Sebastian Coe. Pero éste reaccionó y se colocó en cabeza cuando quedaban escasos metros para abordar la última curva. Cram era segundo, Abascal tercero, pegados los tres, pero se les había unido un cuarto en discordia: Joseph Chesire.

 

En la recta final Coe dio el do de pecho y, lejos de presentar dudas sobre su forma tras la enfermedad padecida lo que demostró fue ser capaz del sobreesfuerzo necesario para superar sin aparente dificultad al favorito Cram, que cabeceaba en los últimos metros en un esfuerzo supremo para acabar primero. Sería en vano, pues la ventaja adquirida por el veterano Coe era ya de varios metros. El dúo en su esprín final había conseguido meter bastantes metros de distancia respecto al tercero que resultó ser Abascal. El español tuvo que defender ese puesto con fuerza ante el tirón de Chesire. Ambos cruzaron la meta a escasa distancia. Se da la circunstancia de que los cuatro primeros en la línea de meta habían mejorado el récord olímpico.

Sebastian Coe, con esta victoria, se convirtió en el primer atleta en repetir oro en esta distancia en unos Juegos Olímpicos. Declaró una vez conseguido el oro: “¿Quién decía que estaba acabado?”. Por su parte Cram perdió la oportunidad de proclamarse campeón olímpico en el que iba a ser el mejor momento de su carrera. Sí que es cierto que al año siguiente conseguiría batir tres récords mundiales en 23 días, pero los títulos en los grandes campeonatos se acabaron para él, si exceptuamos el oro en el Europeo de Stuttgart en 1986, su mayor logro tras la plata olímpica. A Ovett no le esperaba ni mucho menos un panorama mejor, puesto que incluso falló en su intento de clasificarse para los Juegos de Seúl 88. Finalmente, por lo que respecta al medallista de bronce José Manual Abascal decir que en Los Ángeles 84 lograría, de lejos, su mejor puesto aunque sí mejoraría sus marcas en años posteriores.

En definitiva, Los Ángeles 84 reunió en su final de 1.500 masculina a lo mejor del panorama del momento, si exceptuamos la ausencia -voluntaria – de Said Aouita, lo que produjo una final memorable.

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