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JOHAN OXENSTIERNA: EL CAMPEÓN DETENIDO POR PRACTICAR PARA LOS JUEGOS OLÍMPICOS

En las primeras ediciones de los Juegos Olímpicos abundaron los hechos más insólitos imaginables. Los que narramos aquí corresponden a la edición de 1932 que tuvo lugar en Los Ángeles en la modalidad nada popular -todo hay que decirlo- de pentatlón moderno y fue protagonizada no precisamente por un cualquiera.

El sueco Johan Gabriel Oxenstierna, nacido en 1899, eventual ganador del oro en aquella edición, estuvo a punto no ya de dejar de ganarlo, ni siquiera de ser expulsado de la competición, sino de no poder participar en ella al ser detenido por la policía de la ciudad californiana. El pentatleta nórdico pertenecía a una de esas familias que denominamos “de rancio abolengo”. Para ser más exactos la suya se remontaba exactamente a 1292 y no se trataba de una familia plebeya precisamente. Johan Gabriel entró en la Armada tras acabar sus estudios realizados en el Gymnastiska Centralinstitutet. Primero consiguió el rango de oficial. El año en que fue olímpico (1932) ocupaba el cargo de agregado naval en París.

Centrándonos en su actuación olímpica hay que contar la peripecia que vivió, ya en la ciudad sede de los Juegos, mientras entrenaba. Como se sabe el pentatlón moderno consiste en cinco modalidades deportivas que van acumulando puntos según la actuación y resultados de cada atleta: natación, esgrima, saltos de hípica, tiro y carrera atlética. Un buen día Oxenstierna estaba practicando la modalidad de tiro en un bosque angelino antes de entrar en competición. Entonces fue “descubierto” por un policía local, que llegó a arrestarlo por estar “lanzando tiros” en el bosque. El finalmente vencedor de la prueba olímpica consiguió convencerle -no sin esfuerzo ya que el policía mostró en un principio sus sospechas- de que tenía unas buenas razones para estar haciendo eso. Le invitó para que asistiera a la competición y así poder comprobar que en realidad se trataba de un deportista olímpico practicando. No hizo falta más para librarse de un arresto más largo. Quién sabe si no le dedicaría al oficial de policía el oro que acabó ganando…

Pero la historia de Johan Gabriel Oxenstierna no acaba aquí. En cuanto acabó su participación en los Juegos Olímpicos y regresó a Suecia fue ascendido a capitán de corbeta. Durante la Segunda Guerra Mundial volvió a servir como agregado naval, pero esta vez en Londres. Sus mensajes cifrados enviados a su gobierno pasaron a manos del ejército nazi alemán a través de un empleado desleal en Estocolmo que los descifró y, de esta manera, pasaron a convertirse en una fuente fundamental de información de la inteligencia naval para el régimen nazi. No se sabe más de la carrera deportiva de Oxenstierna, aunque casi con toda seguridad ésta se truncó en gran medida debido al parón que se produjo a causa de la Gran Guerra. Como militar sí sabemos que acabó retirando en 1954 con el rango de capitán naval.

De esta rocambolesca historia podemos concluir con la cierta afirmación de que un campeón olímpico ayudó -a su pesar- en gran medida al régimen nazi alemán durante la II Guerra Mundial. Otra insólita historia protagonizada por un campeón olímpico.

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