Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 69: LA FINAL OLÍMPICA DE TIRO CON TIRADORAS CON DEFICIENCIAS VISUALES

Las finales de tiro olímpico siempre comportan mucha emoción e igualdad. No en pocas ocasiones se resuelven en un desempate. La que vamos a narrar, la femenina de foso olímpico (o trap) correspondiente a los Juegos de Atenas 2004 tiene, además ciertas particularidades chocantes. Como que la eventual subcampeona olímpica tuviera sólo un 10% de visión en un ojo o que aún la “superara” la que quedó en cuarto lugar, ciega completamente de un ojo.

El 16 de agosto de 2004 el Centro olímpico de tiro Markópoulo ofrecía a las competidoras dificultades añadidas al situarse en una colina donde soplaban vientos variables, siempre molestos para los tiradores. Primero tuvo lugar la ronda de clasificación, en la que cada tiradora realizaba tiros a 25 objetivos en tres series (diez a la derecha, diez a la izquierda y cinco al centro). Las tiradoras pueden realizar hasta dos tiros por cada objetivo. Las seis primeras se convierten en finalistas y entonces les tocará una serie más de 25 objetivos, pudiendo realizar un único tiro a cada uno de ellos.

A la final de Atenas accedió la española María Quintanal. Era una de las favoritas ya que venía de ganar tres medallas -cada una de un metal diferente- en los dos Mundiales precedentes y cinco en campeonatos Europeos (tres de ellas de oro). No todas correspondían a la categoría del foso olímpico, sino que algunas eran de doble foso (o doble trap) -categoría parecida a la anterior- o de la competición por equipos. En cualquier caso, la bilbaína afincada en Canarias acudía a la cita olímpica con plenas garantías. Es precisamente ella la que sufría una deficiencia ocular, en concreto tenía lo que vulgarmente se denomina “ojo vago” o astigmatismo hipertrópico en términos médicos ¡hasta un 90% sin visión! en su ojo izquierdo. Lo curioso es que durante mucho tiempo ella ni lo sabía, ya que su cerebro asimilaba sólo la información que le llegaba del ojo bueno. Sólo cuando un buen día el médico de la Federación se apercibió de los ilógicos resultados irregulares de la tiradora, que combinaba días estupendo con otros desastrosos, se le sometió a un examen profundo y, así, descubrieron que la variedad en su rendimiento dependía de la claridad del día (su especialidad se desarrolla al aire libre). El problema se planteaba porque en la especialidad de foso olímpico el objetivo está en movimiento. De haber elegido una especialidad de tiro con diana estática el rendimiento de Quintanal no habría estado tan afectado. Tras la detección, el uso de una lente de contacto y muchos, muchísimos ejercicios visuales María ya había mejorado su visión.

Suzanne Balogh

Otra de las finalistas, la estadounidense Whitly Loper, era ciega de un ojo. Con 17 años era el miembro más joven de su equipo. Había nacido ciega de su ojo derecho. En un principio era diestra pero tuvo que aprender a ser zurda al tirar para poder hacerlo con el ojo con el que veía. Hasta los cinco años nadie se apercibió de su ceguera, hasta que los numerosos golpes que se daba con las puertas y paredes hicieron sospechar que algo le ocurría. A Loper se le escapó la medalla -de bronce- por un solo tiro.

La tercera finalista “curiosa” fue la canadiense Susan Nattrass. Con ella se hizo una excepción. Normalmente sólo puede competir un tirador por país, pero se redestribuyó la cuota y, de esta manera, Nattrass pudo participar…28 años después de su debut olímpico. Fue finalista, aunque acabó ocupando el último puesto de entre ellas.

Tras abordar estas particularidades vayamos al discurso de la competición en sí. En la serie final María Quintanal falló en su primer disparo, para totalizar finalmente cinco, que la colocaron en el segundo escalón del podio. Ello suponía la primera medalla para España en esos Juegos Olímpicos. En ningún momento fue consciente de que se estaba jugando una medalla olímpica. Sólo se dio cuenta cuando, en un momento dado, echó una mirada al marcador. Por su parte la surcoreana Lee Bo-na realizó la mejor puntuación de la serie: 23 sobre 25, pero sumados a los 60 de la clasificatoria la colocaban en la tercera plaza, con un acierto más que la ya mencionada Loper y uno menos que la española (“salvada” por su buena puntuación en la fase de clasificación). La campeona fue la australiana Suzanne Balogh, quien ya había quedado líder tras la clasificación y realizó sólo un fallo más que la coreana, con cuatro puntos más que su mas inmediata perseguidora. Quizás la lucha por el oro no fue en la final tan emocionante como en otras ocasiones, pero el resto de medallas, así como las peculiares particularidades de algunas de las participantes, realzaron esa final.

Por cierto, María Quintanal posteriormente y debido a desavenencias con su Federación nacional, decidió cambiar de nacionalidad -se convirtió en dominicana, al entrenar allí su suegro- para luego volver a tener licencia como española e incluso ser una de las embajadoras de la candidatura olímpica de Madrid 2012. Aún aspira a ser olímpica de nuevo en Tokio 2020.

María Quintanal. Foto: Manuel Bruque, EFE

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