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CUBA: LA GRAN DOMINADORA DEL BÉISBOL OLÍMPICO

Muchos podrían esperar un dominio de Estados Unidos en las -pocas- ediciones olímpicas que hasta ahora han disfrutado de su casi podríamos decir que deporte nacional: el béisbol. No es así. De las cinco ediciones celebradas hasta ahora de este deporte (desde Barcelona 92 hasta Pekín 2008) es verdad que los jugadores estadounidenses se han subido hasta tres veces al podio, pero no han sido los dominadores del palmarés total. De ello se han encargado sus vecinos isleños del sur: Cuba, que han acaparado tres oros y dos platas. Es hora de hablar del fenómeno cubano.

Tras ser el deporte más veces presentado como exhibición en unos Juegos Olímpicos, el béisbol se incluyó por fin de manera oficial en la CXVII sesión del COI celebrada en Singapur para que iniciara su andadura a partir de los Juegos de Barcelona 92. Sin embargo, sólo duraría en el programa cinco ediciones, ausentándose en Londres 2012 y Río 2016 debido a los impedimentos que presentaba la Major League Baseball (MLB) para autorizar la participación de sus jugadores. Sin embargo, el béisbol estará de nuevo presente en Tokio 2020, en gran parte debido a que es uno de los deportes más seguidos en el país anfitrión.

En las dos primeras ediciones donde este deporte estuvo presente sólo lo hizo con jugadores amateurs. Esto podría explicar de alguna manera los pobres resultados de Estados Unidos, que sólo pudo hacerse con el bronce en la cita olímpica que tuvo lugar en su propio país, en Atlanta 96. Cuba, un país donde el béisbol goza de gran popularidad, se hizo en ambas ocasiones con el oro. Sin embargo, el país caribeño perdió su supremacía en los Juegos de Sidney al entrar en liza jugadores de la MLB. Aun así, accedieron a la final (contra EE.UU., como se esperaba) perdiéndola por 4-0. Fue una medalla de plata con sabor amargo para los bicampeones olímpicos. Los isleños esperaron con sed de venganza el siguiente ciclo olímpico. La revancha no llegó a producirse porque los entonces vigentes campeones ni siquiera llegaron a semifinales. Nuevo oro para Cuba, oro que no pudo repetir en Pekín 2008, última cita hasta ahora de esta modalidad deportiva. En la capital china los cubanos volvieron a experimentar una amarga plata, esta vez frente a Corea del Sur.

Durante años, décadas, el béisbol cubano, de cuya excelencia nadie duda, ha sufrido una hemorragia de sus mejores figuras, las cuales han huido de las formas más rocambolescas y hasta inhumanas posibles para poder jugar en la MLB. Los jugadores cubanos han tenido durante años prohibido salir de su país para jugar otras ligas. Sin embargo, han acabado siendo una de las mayores “canteras” de la liga profesional norteamericana. Hay que tener en cuenta que un jugador de béisbol cubano gana de media en su país 40 dólares al mes (aun así, una media superior al resto de sus compatriotas). La potencia que ha sido siempre Cuba a nivel internacional ahora corre peligro, incluso su participación en Tokio 2020 está en duda. Sus estrellas se han marchado. Se calcula que más de 300 jugadores han abandonado la isla en los tres últimos años. En la actualidad 25 cubanos están enrolados en equipos de la MLB. Lo más triste es la forma en que han abandonado su país de origen, ya que muchos lo han hecho de forma peligrosa en viajes oceánicos en balsas sin condiciones y a merced de contrabandistas que se han aprovechado de ellos. Ni siquiera las estrellas del deporte se libran de esas condiciones ni les ponen en una situación mejor.

Las “tentaciones” para jugar en la mejor liga del mundo han existido siempre para los jugadores cubanos, pero durante décadas éstos se mantuvieron leales. Ni siquiera desertaban cuando salían de su país para jugar en el extranjero. Gracias a ello Cuba gozó de los éxitos olímpicos que hemos comentado. Sin embargo la tendencia varió hace una década. Las restricciones para la entrada en el país de estadounidenses se relajaron y, así, agentes deportivos viajaron a Cuba. En otras ocasiones encontraban otras salidas menos directas, como viajar a Haiti y cruzar hasta la República Dominica. Eso hizo, mismamente, la gran estrella Alexei Ramírez, que llegó a nacionalizarse dominicano y entró a formar parte de las Grandes Ligas norteamericanas, donde triunfó a lo grande. Antes había ganado para Cuba cuatro grandes competiciones internacionales entre las que se encuentra el oro olímpico en Atenas 2004. La situación ha experimentado un giro radical en los últimos meses: las autoridades cubanas son tendentes a legalizar el paso de sus jugadores a ligas profesionales norteamericanas para frenar el abuso de contrabandistas e intermediarios pero el acuerdo ha de ser firmado también por las autoridades de Estados Unidos que, bajo la administración Trump, es reticente.

Por otra parte, agentes de otros países americanos y asiáticos han visto la calidad y cantidad de la cantera cubana y están fichando a niños de hasta 13 años para que jueguen en sus países. Ligas potentes como la japonesa o la italiana tienen permitido desde 2013 contar con jugadores cubanos en sus filas durante parte de la temporada. Los jugadores que huyen del país de manera ilegal no tienen permitido jugar de nuevo con su selección durante ocho años. De resultas de todos estos factores la selección cubana ha entrado en barrena. Sin ir más lejos, el pasado verano no ganó el oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, algo que no ocurría desde 1.982.

De cara a Tokio 2020 la propia prensa cubana reconoce las dificultades para una clasificación directa por el desmembramiento que ha tenido de las piezas de su selección. Aún tienen oportunidades de hacerlo pero, aunque lo consigan, muy pocos confían en un regreso al dominio abrumador del podio olímpico como en las cinco ediciones pasadas. Hasta que se celebre la próxima edición Cuba no solo comanda el medallero total, sino que sus jugadores individuales copan los 14 primeros puestos de los mejores jugadores olímpicos según el sistema de ránkings, con Pedro Luis Lazo (dos oros y dos platas olímpicas, el único jugador del mundo que ha participado en cuatro finales olímpicas) a la cabeza.

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