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LORI FUNG: UNA DE LAS CAMPEONAS OLÍMPICAS MÁS INESPERADAS DE LA HISTORIA

Fue la primera campeona olímpica de su disciplina y, sin embargo, muchos libros especializados en su deporte no le dedican ni un párrafo. De entre toda la pléyade de gimnastas de rítmica que pasarán a la historia ella no estará entre la docena de primeros nombres que vienen a la mente aunque, como decimos, sí ha pasado a los anales olímpicos como la primera campeona de la gimnasia rítmica. Ella es Lori Fung, canadiense de origen chino que tuvo la suerte de beneficiarse del boicot soviético y de otras potencias Europa del Este en los Juegos de Los Ángeles 84, donde su deporte fue integrado por vez primera en el calendario olímpico.

Ni la búlgara Lili Ignatova, ni la soviética Galina Beloglazova, por citar las posiblemente dos mejores gimnastas coetáneas de Fung, pudieron acudir a Los Ángeles 84. Con ello, unido a las ausencias del resto de soviéticas y búlgaras, el camino quedaba expedito para un corto ramillete de gimnastas entre las que se encontraba Fung. Ni siquiera la canadiense era la favorita entre ellas, pues se confiaba más en un oro para la rumana Doina Stăiculescu quien, por cierto, entrenaba junto a Fung y que finalmente se haría con la medalla de plata.

Lori Fung, de hecho, había empezado algo tarde en la rítmica, deporte por entonces en pañales en cuanto a recorrido competitivo internacional se refiere. La de Vancouver se inició en el deporte que acabaría convirtiéndola en campeona olímpica a los 13 años, en la década de los 70. Por entonces, como comentábamos, no era un deporte tan popular ni tan fácil de practicar como lo es ahora. Sólo un año después de iniciarse en su práctica Lori Fung ya participó en su primer campeonato nacional para, poco después, debutar en un Mundial en el que quedó en 30º lugar detrás de multitud de gimnastas del Este. A su favor decir que entrenaba no con cualquiera, sino con la búlgara -la escuela búlgara era sobre todo por entonces una gran potencia- Liliana Dimitrova. Lori entrenaba unas seis horas diarias y en ocasiones, como ha reconocido años más tarde, la dureza de los entrenamientos a punto estuvo de hacerla abandonar.

Cuando comenzaron los Juegos de Los Ángeles la eventual ganadora ocupaba únicamente el puesto 23º del ránking mundial. El triunfo final cambió por completo su vida. Pasó a ser admirada y respetada -y, por descontado, reconocida- en su país, al que había brindado una inesperada medalla de oro con la que nadie contaba, empezando por la propia protagonista. Recibida como una auténtica heroína en su país, le otorgaron asimismo los mayores honores que concede Canadá. Entre otros “regalos”, la oportunidad de actuar ante el Papa Juan Pablo II o los Príncipes de Gales Carlos y Diana. Pero Lori no se contentaba con ello. Quería repetir si no medalla de oro -consciente de que las circunstancias altamente favorables que se dieron con su oro jamás podrían repetirse- sí quiso participar con ciertas garantías de éxito en los siguientes Juegos Olímpicos, a celebrarse en Seúl en 1988. Una apendicitis sufrida en 1987 y, sobre todo, un virus que contrajo que devino en una dolorosa tendinitis en un pie impidieron su participación. Con posterioridad, Lori Fung ha sido entrenadora, seleccionadora nacional, directora de un club deportivo de gimnasia rítmica e incluso participó en la película “Catwoman” como bailarina aérea. Logros a años luz del conseguido en el verano de 1984 cuando protagonizó una de las mayores sorpresas en la historia de los Juegos Olímpicos.

 

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