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JUSTIN HUISH: EL ANÓMALO CAMPEÓN OLÍMPICO QUE PASÓ DE ÍDOLO A SER SENTENCIADO A PRISIÓN

Campeón olímpico por accidente o más bien practicante por casualidad del deporte que le llevó a lo más alto del olimpo de los campeones –y por dos veces-. Fueron las circunstancias y no la pasión por su deporte las que llevaron al estadounidense Justin Huish a alcanzar ni más ni menos que dos oros olímpicos.

Justin era un joven californiano apasionado del skateboard, como tantos otros chicos. El camino hasta el tiro con arco, deporte en el que se proclamaría bicampeón olímpico, no fue un recorrido directo y lógico. Es más, de niño ese deporte le parecía francamente aburrido. Pero sus padres abrieron una tienda dedicada al mismo y el adolescente Justin quiso “ganarse unas pelillas”, así que comenzó a trabajar en la misma. Hasta los 14 años –unos tres meses después de empezar a trabajar en la tienda de sus padres- no cogió un arco y sus correspondientes flechas, pero se conoce que estaba destinado a hacer algo importante en este deporte. Justin, para matar el tiempo, lanzaba flechas frente a la puerta de su garaje. Sólo tres años más tarde ya empezó a competir y ganar en campeonatos. Sin embargo, por entonces aún ni pensaba en que algún día podría tan siquiera participar en unos Juegos Olímpicos. Mas su talento era demasiado evidente como para ser desperdiciado por el equipo olímpico de Estados Unidos, así que se hizo acreedor de una plaza en el mismo.

Con 21 años participó en sus primeros –y, adelantamos, últimos- Juegos Olímpicos que, además, iban a celebrarse en su país (los de Atlanta 96). Desde el primer momento llamó la atención con su aspecto radicalmente heterodoxo: coleta, gafas de sol, pantalones anchos de rapero, pendiente y gorra hacia atrás. No le faltaba detalle para no pasar desapercibido. De esta guisa, se llevó al público local de calle y atrajo la atención de los medios hacia este minoritario deporte. Aun así, nadie se esperaba su éxito deportivo, pues por aquel entonces se situaba en el puesto 24 del ránking mundial. Sus únicas victorias hasta entonces habían sido a nivel universitario y, además, era un miembro reciente del equipo nacional. Pese a tener todo en contra no solo consiguió llegar a la final individual, sino que la ganó. No contento con su logro, repitió oro en esos mismos Juegos en la competición por equipos. Al hacerlo se convirtió en el primer arquero masculino en lograrlo, hito no igualado hasta que lo repitiera el surcoreano Ku Bon-chan en los Juegos de Río 2016.

Con sus compañeros de equipo con los que ganó el oro en Atlanta 96

No es una leyenda urbana sino que es reconocido por su propia protagonista que la actriz Geena Davis se aficionó al tiro con arco gracias a él hasta el extremo de disputarse la clasificación preolímpica. La intérprete quedó prendada del deporte que llegó a conocer gracias a los éxitos del carismático Huish en Atlanta 96. Contactó con él y el campeón pasó a convertirse en su maestro personal a los pocos meses de sus triunfos olímpicos. Como se sabe, Geena Davis llegó a participar en pruebas y se quedó a las puertas de entrar en el equipo olímpico para los Juegos de Sidney 2000.

Cuando parecía que todo marchaba sobre ruedas para el joven Justin Huish su vida personal y, por ende, profesional, dio un giro de 180º que le impediría, como una de las consecuencias principales, acudir a defender su título en Sidney ya que tuvo que retirarse del equipo nacional. ¿La causa? Un asunto de drogas. Huish fue pillado, junto a su compañero de piso, vendiendo marihuana en las cercanías de su vivienda. Fue detenido, juzgado y sentenciado, aunque incluso llegó a tener suerte, puesto que la condena inicial de tres años de prisión fue reducida a cuatro meses por haber mostrado signos de arrepentimiento y por no tener antecedentes penales. El incidente había ocurrido en febrero de 2000, meses antes de los que deberían haber sido sus segundos Juegos Olímpicos. Posteriormente Huish intentaría una nueva aventura olímpica para los Juegos de Atenas 2004, pero no logró clasificarse.

Esta es, pues, la historia de un campeón olímpico atípico, tanto por su pasado –que en nada preveía el éxito deportivo- como por su trayectoria posterior. Un caso claro de éxito repentino y caída en desgracia.

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