Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 60: BARCELONA 92-COMIENZA LA MALDICIÓN DE GAIL DEVERS EN LOS 100 m VALLAS EN JUEGOS OLÍMPICOS

Si la lógica hubiera primado –un factor que no suele estar presente en el deporte, seamos sinceros- a estas horas el palmarés de la velocista estadounidense Gail Devers sería épico, a la altura de las mayores leyendas del atletismo. De hecho, su destino era igualar al de la legendaria Fanny Blankers-Koen ya en su primera aparición en Juegos Olímpicos, en Barcelona 92. Allí comenzó la maldición de la prueba en la que era especialista, la de los 100 m vallas, agonía que se prolongó, como veremos, en hasta tres ediciones posteriores.

A la final de la prueba corta de obstáculos en Barcelona 92 había llegado un buen plantel que incluía a la campeona olímpica reinante, la búlgara Yordanka Donkova. Dos cubanas, una rusa (que entonces competía en el llamado Equipo Unificado), tres estadounidenses y una griega completaban el elenco de finalistas. De entre todas, sin duda, destacaba como favorita Devers, quien por entonces contaba 25 años.

En los pocos metros –y, por ende, segundos- que dura tan veloz prueba más de tres corredoras se disputaban los puestos del podio, tal era la igualdad, pero Devers lideraba con mucha mayor ventaja que en la prueba sin vallas que, días antes, la había coronado como la corredora más veloz ganando la prueba reina de los 100 m lisos en un apuradísimo final. En la carrera con vallas, por el contrario, su ventaja era lo suficientemente amplia como para tranquilizar su casi seguro primer puesto final.

Foto de Neal Simpson/EMPICS via Getty Images

Cuando se llegó a la última valla la norteamericana aventajaba a sus más inmediatas perseguidoras en más de dos cuerpos. Mucha ventaja para una carrera tan corta. Parecía claro el oro. Sin embargo, después de una carrera limpia por parte de Devers en la que no había tirado ninguna valla su tropezón justamente en la última de ellas fue de una envergadura tal que dio con su cuerpo al suelo. Quedaban escasísimos metros para cruzar la línea de meta, pero el resto de competidoras, que hasta ese momento parecían incluso lejanas, se acercaban hasta, inevitablemente, superarla. La inercia de la caída y los trompicones que le causó adelantaron esos metros que le faltaban hasta cruzar la meta. La superó, pero con una marca insuficiente como para alcanzar medalla. Al final Devers sería quinta, con el mismo tiempo de la cuarta clasificada y a sólo cinco centésimas de la medalla de bronce y once del anhelado oro.

Con su caída, Gail Devers no pudo emular a la holandesa Blankers-Koen, que en 1948 había conseguido el doblete en las dos pruebas de velocidad de los 100 m. La historia hubo de esperar. La de Seattle esperaba resarcirse en la siguiente cita olímpica, pero de nuevo su prueba favorita le fue esquiva. En Atlanta 96 Devers también ganó en la prueba de los 100 m lisos, por lo que el ansiado doblete podría haberse producido (en realidad triplete, pues también se hizo con el oro en el relevo 4×100) De nuevo era la favorita, tras ganar en los Mundiales previos de 1993 y 95. Parecía que esta vez sí que iba a ser su momento. En Atlanta no le persiguió la mala suerte de una caída pero, sin ella, no pudo ser más que cuarta. ¿Pensaban que su cupo de mala suerte había tocado techo? En los siguientes Juegos de Sidney 2000 de nuevo acudía en un excelente estado de forma y con la vitola de vigente campeona mundial. Pero ni siquiera llegó a la final. En la semifinal volvió a aparecérsele el fantasma del tropiezo en la valla, durante la primera mitad del recorrido, y tuvo que abandonar. Cuatro años más tarde, ya con 37, Gail Devers se resistía a no conseguir el título olímpico en su prueba favorita, así que acudió a la cita de los Juegos de Atenas. Allí le fue aún peor, pues se tuvo que retirar antes de superar la mismísima primera valla de la primera batería clasificatoria. Lesionada y vendada se frenó nada más salir y se tumbó sobre el tartán, dolorida. Se acababa de esfumar su última posibilidad de conjurar sus fantasmas. Seguro que algo le dolió más que su pierna en aquella prueba de Atenas 2004. La reina de los 100 m vallas nunca fue coronada en los Juegos Olímpicos.

Foto de Getty Images

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