Momentos Olímpicos Mágicos

MOMENTOS OLÍMPICOS MÁGICOS 55: UNA ÉPICA CARRERA DE BOLT EN LOS 200m DE PEKÍN 2008 Y DOS DESCALIFICACIONES PARA EL PODIO

120 de agosto de 2008. Hacía pocos días un jovencísimo Usain Bolt había asombrado al mundo ganando en la llamada “prueba reina” de los Juegos Olímpicos y batiendo el récord mundial. Los 100 metros lisos fueron suyos, con el regalo añadido para los espectadores de El Nido pequinés de contemplar uno de esos récords mundiales cuyas cifras se recuerdan. Hoy el mismo Bolt compite en la prueba de los 200m. Los 91.000 espectadores esperan que haga el doblete, aunque el último atleta en lograrlo fue ni más ni menos que Carl Lewis en Los Ángeles 84. Una victoria del Relámpago Bolt sí era esperada, pero no lo que aconteció en una de las carreras más épicas de la historia en cuanto a su primer puesto se refiere y más trabadas en cuanto al resto de los puestos del podio. Nos centraremos en el segundo aspecto.

Pocas horas antes el detentor por entonces del récord mundial, el no menos épico Michael Johnson, ya había aventurado en la prensa inglesa –concretamente, al Daily Telegraph– que veía peligrar su marca esa noche. No se equivocaría el campeón estadounidense. Desde la calle 5 Usain Bolt corrió como nunca lo había hecho ni él ni nadie, deleitando a los espectadores chinos con un nuevo récord mundial, sin premio económico extra por ello, al realizarlo en unos Juegos Olímpicos y no en cualquier otro tipo de prueba que sí le habría reportado una compensación por récord batido. Eso al jamaicano le daba igual. Iba a cumplir 22 años al día siguiente y tenía por delante una carrera que, a estas alturas, ya es de todos conocida. No se sabe si estaba más extasiado ante la proeza Bolt o el propio público, pues las celebraciones se alargaron tanto que retrasaron todo un meticulosamente trabajado plan olímpico, empezando más tarde la también final olímpica de los 400 vallas femeninos.

Wallace Spearmon. Foto de Reuters

Pero decíamos que nos íbamos a centrar en “la otra carrera”, la que se realizó obviando a Bolt. En ella ocurrió de todo. El por entonces vigente campeón olímpico, el estadounidense Shawn Crawford, volvía a estar presente en una final. No así los que le acompañaron en el podio en Atenas 2004: sus compatriotas Bernard Williams y Justin Gatlin. El campeón Crawford sale muy bien por la calle tres, Bolt aparte, pues ya tenía cogida la medida de su rival más cercano en la primera curva. El estadounidense Walter Dix hace lo propio con el atleta que corría a su derecha, el también norteamericano Wallace Spearmon. A la salida de la curva Bolt está claramente en cabeza pero ¿quién le sigue? Le acompaña, una calle más a su izquierda, el citado Crawford, pero es ahora el antillano Churandy Martina, dos calles más a la derecha de Bolt, el que acelera el ritmo. La medalla parece suya. La apreciación es que el corredor de Antillas Holandesas puede cazar al segundo clasificado, con el que llega a igualarse mediada la recta final. Repetir gesta con Bolt es ya un imposible, pues saca más de cuatro cuerpos al siguiente clasificado, como si de una carrera de caballos se tratara. Churandy Martina da el golpe definitivo y supera a Crawford, que ve peligrar incluso el bronce porque las calles 8 y 9, con Walter Dix, con gafas y manga corta, y Wallace Spearmon respectivamente, han dado un sprint final. Tendrá que haber foto finish para el bronce, aunque parece que Spearmon tiene más papeletas para conseguirlo. Parece que el campeón de Atenas se queda sin medalla.

Hasta ahí la carrera, que tuvo una continuación que podía con los nervios de, al menos los implicados en la lucha por la medalla de bronce, mientras que Bolt bailaba e indicaba con el gesto y la palabra ser el número uno. Dos carreras paralelas: la que el mundo disfrutaba junto al nuevo ídolo mundial y la que vivían tres corredores. En realidad, estuvieron implicados en el medallero final otros dos corredores. El antillano Churandy Martina disfrutaba de su plata, pues había superado con claridad al trío perseguidor. Se sentía seguro con esa medalla colgando de su cuello. No iba a ser así, pues sería posteriormente descalificado por haber pisado la línea de la calle de un contrincante, algo contrario al reglamento. Primer varapalo. El equipo de Estados Unidos iba a apelar más tarde la falta de Martina y su queja sería satisfecha. Pero antes hubo una nueva descalificación, esta vez perjudicando a un atleta estadounidense: Wallace Spearmon, que en principio había llegado en tercer lugar a la meta. ¿La causa?: la misma que Martina. Lo triste es que Spearmon llegó a dar la vuelta de honor al estadio con la bandera de las barras y estrellas al hombro. La carita que se le quedó cuando se enteró de su descalificación la pudieron ver en directo millones y millones de personas.

Churandy Martina

Shawn Crawford, que posiblemente era el atleta más decepcionado tras la carrera, pues había pasado de ser campeón olímpico a ni siquiera subir al podio, recibió en plena zona mixta la noticia del vuelco en la clasificación, motivado por la invasión de la calle por parte de Spearmon. Finalmente no solo subía al podio, sino que había conseguido la plata, aunque entonces aún se daba a Martina como segundo clasificado. No fue hasta la noche cuando la reclamación del equipo de EE.UU. hizo efecto y se descalificó a Martina, consiguiendo el bronce el norteamericano Walter Dix, sorpresa mayúscula para este atleta. Ninguna de las invasiones habían molestado a contrarios pero la norma es la norma y, en este caso, descalabró un podio olímpico y repartió agradables sorpresas y decepciones a pares. La historia, sin embargo, acaba con un toque de espíritu olímpico: Shawn Crawford le entregó ocho días más tarde a Martina su medalla, todo un gesto de deportividad. Su país, Antillas Holandesas, aún apelaría la descalificación, algo que el 6 de marzo del siguiente año se desestimó definitivamente. No solo Usain Bolt había corrido esa final, por mucho que se recuerde por su récord mundial.

Foto de Leo Mason/Corbis via Getty Images

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