Heroínas olímpicas

JESSIE DIGGINS: LA PIONERA DEL ESQUÍ DE FONDO CON UNA HISTORIA DE SUPERACIÓN PERSONAL

Jessica “Jessie” Diggins es una esquiadora de fondo que destaca entre todas por su simpatía, su perenne sonrisa y su carácter vivaz. Físicamente también llama la atención por su nada inhabitual teñido de pelo con mezcla de colores, generalmente el azul y el fucsia (como su compañera Kikkan Randall, con la que compartió oro olímpico), a los que acompaña con pinturas en sus mejillas. Difícil no distinguirla. Por eso y por muchas otras cosas nada triviales y sí profundas Jessie Diggins se ha hecho un hueco en el corazón de sus compañeras y de los seguidores de su deporte.

Jessie aprendió a esquiar antes que andar, si creemos a sus declaraciones. Desde muy pequeñita sus padres, a los que ella califica de “activos”, la llevaban de excursión a esquiar en los bosques de su Minnesota natal. A Jessie, que debió de heredar el carácter inquieto de sus progenitores, le gustaba practicar muchos deportes, como la natación, el fútbol, el atletismo…bailar…hasta que se decantó por el esquí de fondo al implicar una constante relación con la naturaleza. A Jessie le gustaba entrenar en los senderos de esquí nórdico y, sobre todo, la dureza intrínseca de este deporte.

Tras graduarse recién adquirida la mayoría de edad, compaginó la universidad con la incorporación al equipo de élite del esquí de fondo. Un año más tarde ya formaba parte del equipo nacional absoluto. Y llegaron los éxitos en forma de medallas en Mundiales y Copa del Mundo. Sus primeros Juegos fueron los de Sochi, aunque allí, con aún 24 años, no superó el octavo lugar en la prueba de skiatlón 15 kms. Pero Diggins iba a explotar en el Mundial de 2017 celebrado en Lahti, Finlandia, logrando allí una cosecha de dos medallas que unidas a otras dos previas (una por equipos en el Mundial de Val di Fiemme de 2013 y otra individual en el de Falun de 2015) la convertían en la primera esquiadora de fondo de su país en alcanzar cuatro medallas en Mundiales. Lo que es más: la temporada 2017/18 quedó tercera en el Tour de Esquí, convirtiéndose así en la primera estadounidense en hacer podio en esta prestigiosa competición.

Jessie Diggins y Kikkan Randall tras conseguir el oro olímpico. Foto de Lars Baron/Getty Images

Aparquemos los resultados por un momento, antes de enfrentarnos a EL resultado de su vida –de momento- para tocar un aspecto humano de esta esquiadora: aunque no quiere ser recordada por ello ni ser caracterizada principalmente por este rasgo, lo cierto es que Jessie Diggins fue capaz de superar desórdenes alimenticios. Ello ocurrió años antes de sus éxitos deportivos. Jessie se sentía fatal, como si padeciera el peor tormento posible. Pero creyó en sí misma y se dijo que podría superar la situación. Con la ayuda del Programa Emily, al que se apuntó, realizó un tratamiento que terminó con éxito. La atleta confiesa que ha sido lo más duro que ha realizado en su vida y que ahora quiere que su experiencia sirva para los que aún la padecen. Jessie se sentía mal con su cuerpo, sentía vergüenza por sus músculos. Pero ha superado toda esta cuestión hasta tal punto que se atrevió a aceptar una propuesta de la revista de la ESPN siendo fotografiada practicando su deporte…desnuda. Lo que pretendía era empoderar e inspirar a las mujeres, que no se sientan avergonzadas por su cuerpo musculoso –en caso de tenerlo como el de ella-, y que practiquen deporte. Una forma de mostrar al mundo que el cuerpo de la mujer también puede ser musculoso.

Tras la hazaña de superar sus desórdenes alimenticios Jessie Diggins cumplió otra bien distinta que, una vez más, la convirtieron en pionera: la primera esquiadora de fondo de Estados Unidos en ganar el oro olímpico. Bueno, en realidad no fue la única ya que lo hizo en compañía de Kikkan Randall, en la prueba sprint por equipos en los Juegos de Pyeongchang. Como regalo, fue elegida abanderada de su poderoso país, potencia deportiva, en la ceremonia de clausura. Definitivamente Jessie Diggins tiene mucho que ofrecer al mundo, algo más importante que las medallas: la inspiración.

El apurado final de Pyeongchang. Foto de Matthias Hangst/Getty Images

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